Uno de los paralelismos históricos más utilizados para mostrar cómo un mandatario, ensoberbecido de poder, engaña y se impone a otro que pretende apaciguarlo, ocurrió en 1938. El primer ministro británico Neville Chamberlain, del Partido Conservador, se reunió con Hitler en Múnich, tratando de evitar una guerra, aceptando que el Führer se anexionara la región checoslovaca de los Sudetes. Días después, ante la Cámara de los Comunes, el diputado Winston Churchill –del mismo partido que Chamberlain– tomó la palabra para criticar a su jefe de filas: «Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor; elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra». Eso fue exactamente lo que ocurrió.. Dicen verdad quienes consideran que hacer comparaciones que incluyan a Hitler puede atenuar los crímenes del nazismo, porque pocos episodios son comparables con los horrores provocados por aquel régimen criminal. Esa misma prevención podría aplicarse al estalinismo, o a los jemeres rojos camboyanos. Pero usemos como ejemplo la actuación de Neville Chamberlain, en su candoroso intento de apaciguar a quien no era apaciguable.. La Unión Europea, el Reino Unido y Canadá, con irresponsable inocencia, llevan un año tratando de apaciguar a Donald Trump, como si eso fuese posible. El ego desbocado y el narcisismo incontrolado del presidente de Estados Unidos traduce cualquier intento de contentarlo en una muestra de la debilidad de sus interlocutores. Y, en efecto, sus interlocutores han sido muy débiles. Pero podemos estar en un cambio de ciclo.. El presidente francés, por ejemplo, se ha cansado de las burlas que le dedica Trump. Emmanuel Macron termina su mandato en mayo de 2027 y, en su alma napoleónica, no quiere pasar a la historia como el muñeco al que zarandeó, sin respuesta, el maleducado presidente americano. Macron ya ha pedido organizar maniobras militares en Groenlandia para plantar cara al matón de Washington.. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha endurecido su discurso, y pide no aceptar atropellos y mantener la firmeza.. Pero quien se eleva por encima de los demás es el primer ministro canadiense, cuyo problema es aún mayor que el de Europa, al compartir con Estados Unidos 5.000 kilómetros de frontera, y Trump lleva todo el año amenazando con anexionarse Canadá, igual que Groenlandia. Mark Carney ha dicho: «Cuando se negocia con un poderoso de forma bilateral, lo hacemos desde la debilidad (…) y con subordinación; (…) los poderosos tienen su poder, pero las potencias medias tenemos la capacidad de actuar juntas». Pensemos solo en la población: la UE, el Reino Unido y Canadá suman casi 200 millones de habitantes más que Estados Unidos. Eso también es poder.
Usemos como ejemplo la actuación de Neville Chamberlain, en su candoroso intento de apaciguar a quien no era apaciguable.
20MINUTOS.ES – Internacional
Uno de los paralelismos históricos más utilizados para mostrar cómo un mandatario, ensoberbecido de poder, engaña y se impone a otro que pretende apaciguarlo, ocurrió en 1938. El primer ministro británico Neville Chamberlain, del Partido Conservador, se reunió con Hitler en Múnich, tratando de evitar una guerra, aceptando que el Führer se anexionara la región checoslovaca de los Sudetes. Días después, ante la Cámara de los Comunes, el diputado Winston Churchill –del mismo partido que Chamberlain– tomó la palabra para criticar a su jefe de filas: «Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor; elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra». Eso fue exactamente lo que ocurrió.. Dicen verdad quienes consideran que hacer comparaciones que incluyan a Hitler puede atenuar los crímenes del nazismo, porque pocos episodios son comparables con los horrores provocados por aquel régimen criminal. Esa misma prevención podría aplicarse al estalinismo, o a los jemeres rojos camboyanos. Pero usemos como ejemplo la actuación de Neville Chamberlain, en su candoroso intento de apaciguar a quien no era apaciguable.. La Unión Europea, el Reino Unido y Canadá, con irresponsable inocencia, llevan un año tratando de apaciguar a Donald Trump, como si eso fuese posible. El ego desbocado y el narcisismo incontrolado del presidente de Estados Unidos traduce cualquier intento de contentarlo en una muestra de la debilidad de sus interlocutores. Y, en efecto, sus interlocutores han sido muy débiles. Pero podemos estar en un cambio de ciclo.. El presidente francés, por ejemplo, se ha cansado de las burlas que le dedica Trump. Emmanuel Macron termina su mandato en mayo de 2027 y, en su alma napoleónica, no quiere pasar a la historia como el muñeco al que zarandeó, sin respuesta, el maleducado presidente americano. Macron ya ha pedido organizar maniobras militares en Groenlandia para plantar cara al matón de Washington.. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha endurecido su discurso, y pide no aceptar atropellos y mantener la firmeza.. Pero quien se eleva por encima de los demás es el primer ministro canadiense, cuyo problema es aún mayor que el de Europa, al compartir con Estados Unidos 5.000 kilómetros de frontera, y Trump lleva todo el año amenazando con anexionarse Canadá, igual que Groenlandia. Mark Carney ha dicho: «Cuando se negocia con un poderoso de forma bilateral, lo hacemos desde la debilidad (…) y con subordinación; (…) los poderosos tienen su poder, pero las potencias medias tenemos la capacidad de actuar juntas». Pensemos solo en la población: la UE, el Reino Unido y Canadá suman casi 200 millones de habitantes más que Estados Unidos. Eso también es poder.
