La campanilla volvió a sonar en Cap Rocat, para invitar a los espectadores a dirigirse hacia sus butacas. En un entorno tan idílico como el que se divisa desde esta fortaleza transformada en hotel, es conveniente el aviso, porque contemplando esa Bahía de Palma al atardecer, uno puede olvidar a lo que ha venido. Todo se desarrolla con una calma muy particular en este festival, pero la sexta edición estaba a punto de comenzar con un recital de Juan Diego Flórez, inicio de tres exquisitas jornadas que se cerrarían con una velada operística inolvidable, pero vayamos por partes y desde el principio.. Lección magistral de Juan Diego Flórez para vencer la tos. Flórez lució la pureza de su voz y una asombrosa técnica, en un comienzo maravilloso centrado en Bellini, junto al pianista Vincenzo Scalera, bajo la cúpula transparente del escenario. ¿Se puede cantar con mayor gusto La ricordanza, una de las canciones seleccionadas? Un par de Péchés de vieillesse (pecados de vejez), extraídos del extenso conjunto de piezas al estilo antiguo compuestas por Rossini, nos llegaron con la emoción más exaltada en L’isule, con el recuerdo de la patria como motivo principal. Elegancia, entrega y claridad en la línea de canto de Flórez.. Más tarde, el tenor anunció que estaba «un poco malito», afectado por la tos, y no se encontraba en condiciones para afrontar el aria prevista de La Cenerentola. La sustituyó por otra página de Rossini, Quell’alme pupille, que resolvió espléndidamente, ayudado por Scalera, un auténtico especialista en el acompañamiento.. Flórez había dictado en la primera parte una lección de canto, a pesar de las circunstancias, más evidente, si cabe, al tener que navegar en un mar incierto. Tras un descanso que sirvió como pausa de hidratación al personal –el calor húmedo era notable—, llegó el repertorio en español con piezas celebradas como Suena guitarrica mía —anticipando lo que sería el fin de fiesta, y una vuelta al repertorio francés, con el famoso Pourquoi me réveiller, de Werther (Massenet). En esta comprometida aria se evidenciaron las dificultades de Flórez: tuvo que interrumpirla cuando asaltaba el Si bemol, pero reinició y consiguió coronarla aplicando mayor concentración.. Los bises finales ya son un clásico de sus recitales, pero no dejan de ser entrañables y emocionantes. Con decisión apareció Flórez, guitarra en ristre, para regalarnos veinte minutos de su repertorio más distendido, con tangos argentinos, La flor de la canela, homenajes varios al Perú de su alma y el Cucurrucucú paloma. El público salió más que satisfecho, encantado por haber disfrutado de una voz tan singular y excelsa.. Jan Lisiecki en un ‘tour’ de danzas por todo el mundo. Cap Rocat reserva tradicionalmente la noche del sábado a un recital de piano, más íntimo. En esta ocasión recayó en Jan Lisiecki, joven canadiense que podríamos encuadrar en una generación brillante y con enjundia: aquellos nacidos entre 1990 y 1995, donde hay que tener en cuenta a Daniil Trifonov y Seong-Yin Cho, como exponentes más destacados, junto al propio Jan. Si el tango había tenido su hueco en el recital de Juan Diego Flórez, también lo tendría en el de Lisiecki.. Un complejo trenzado de danzas de variada procedencia (checas, polacas, rumanas, españolas, alemanas y argentinas) configuró el programa, ofrecido ante un público que llenó una sala que parece horadada en piedra, iluminada con ese aire de misterio que envuelve Cap Rocat. Echando un vistazo a los amplios salones del hotel, uno siempre piensa que Sorrentino estaría encantado de emplearlos para alguna de sus fantasías cinematográficas.. La primera parte del recital se ofreció sin pausa. Una hora de gran intensidad donde palpamos la concentración del joven pianista, y también requirió de una notable atención del respetable, porque la música de Szymanowski, Bartók o Martinu no es precisamente fácil para el oído. Apuesta arriesgada, sin duda.. En la segunda parte, llegaron los momentos más brillantes, con los Dos valses op. 34 de Chopin, donde Lisiecki mostró afinidad con la música del polaco –procede de allí su familia– y aportó contrastes necesarios: auténticamente brillante el primero y mostrando con delectación el Lento, con una sutileza que se había echado de menos en la primera parte. Siguiendo por esa senda, se adentró en el delicioso Vals op. 39-15 de Brahms, diluyendo la estructura rítmica hasta que la pieza se convirtió casi en un intermezzo. Todas estas son piezas que Lisiecki no ha registrado todavía en su sello de Deutsche Grammophon, por lo que la oportunidad de escuchar sus aproximaciones fue muy especial.. Atravesando el Atlántico, nos encontramos con Astor Piazzolla, y ese sabor potente y profundo del tango, en un viaje de ida y vuelta que nos retornó a Albéniz, quien también atendió esa forma musical. El espíritu diabólico de la Danza ritual del fuego, de Manuel de Falla, se adaptó perfectamente a las cualidades de este pianista, pero el fin del baile llegó con una espléndida Polonesa op.53, con la que Lisiecki culminó un programa riguroso, quizás necesitado de un toque algo más lúdico y despreocupado, tratándose de danzas en su origen, pero aportando una seriedad en la concepción realmente destacable.. Voces dignas del Met de Nueva York para la clausura. Lo decía Illias Tzempentonidis, director artístico del festival, en la entrevista que mantuvo con 20minutos: «Cuando tienes artistas de gran nivel, ellos son la puesta en escena, porque tienen capacidad de crear una atmósfera que te lleva al espíritu del compositor». Es precisamente lo que sucedió el pasado domingo 2 de agosto, con una Tosca de Puccini en versión concierto, que contó con un plantel de auténtico lujo: Lise Davidsen, Ludovic Tézier y Freddie de Tommaso, entre otros. Los tres han interpretado sus papeles en los teatros más importantes, entre ellos el Metropolitan de Nueva York, compartiendo incluso escenario.. Más allá de sus magníficas voces y del soporte estupendo que les brindó la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, con Pablo Mielgo al frente, la implicación de estos tres cantantes para ofrecer una auténtica representación, a pesar de no contar con escenografía, fue ejemplar. Consiguieron recrear el truculento drama de Puccini con una intensidad sorprendente, empleando un reducido espacio y siguiendo las indicaciones escénicas de Ana Cuéllar. Sin ningún artificio afloró la verdad de la partitura.. Algo tiene esta fortaleza de misteriosa al ‘vestirse’ para la ópera en concierto. El modo en que los cantantes surgen de la penumbra, entre los muros de Cap Rocat, tras la orquesta, produce una expectación muy especial, máxime con una música tan dramática como la de Puccini. La aparición de Lise Davidsen, vestida de rojo y con su gran envergadura, resultó imponente, antes incluso de escuchar un caudal de voz que causó asombro. Curiosamente, casi a la misma hora, del mismo color y también en Mallorca, la reina Letizia clausuraba Atlàntida Film Fest. Noche de festivales por todo lo alto.. Estamos ante una soprano que marcará época en la ópera actual, ya en su plenitud al filo de los cuarenta años. Su Vissi d’arte, esa plegaria estremecedora donde Floria Tosca confiesa la injusticia que se ceba en ella, mostró a una cantante dotada de una ‘mezza voce’ sostenida con seguridad, un agudo amplísimo y rompedor, así como un magnetismo sereno al que no estamos habituados.. Arrolladora presentación de Freddie de Tommaso, quien encarnó al pintor Cavaradossi con pasión juvenil, derrochando energía y aportando una gran presencia escénica. Sus dos famosas arias fueron momentos álgidos resueltos con bravura, y también contribuyó a magníficos dúos con Lise, como ‘Quale occhio al mondo …’, de una intensidad tremenda. Para entrar en situación, aquí les vemos en esas páginas durante un ensayo en el Metropolitan Opera House.. El perverso papel de Scarpia encuentra en Ludovic Tézier a un intérprete ideal, elevándolo hasta el máximo refinamiento. Moduló de manera magistral su participación en el segundo acto, en esa progresión dramática que no se sustenta en aria o dúo alguno, donde sabiamente perfiló a un frío e implacable depredador, con un estilo narrativo de gran potencia. ¡Mía!, repite sin rubor refiriéndose a Tosca.. Antológica interpretación de Tézier, que quedará para la historia de Cap Rocat, y espléndidas intervenciones orquestales en los momentos finales del segundo acto. Pablo Mielgo sudó la gota gorda en el podio, como comprobamos tras finalizar la función, y se quitó la chaqueta, pero el esfuerzo no fue en balde. Se trata de una de las mejores batutas de nuestro país. Tampoco tenemos que olvidar la participación del Coro Cap Rocat, rotunda en el primer acto y con buen equilibrio en los momentos del segundo, siempre dirigido por el maestro Joan Company.. Habiendo presenciado la maestría de Tézier encima del escenario, no extraña la desazón que sentirían los participantes en la masterclass que Cap Rocat siempre programa dentro del festival, al enterarse de que una indisposición le iba a impedir impartirla. Cristòfol Romaguera era uno de los seis jóvenes seleccionados y confesaba no haber dormido la noche antes de la clase, por los nervios. Es un barítono mallorquín que había preparado, al dedillo, un aria de Falstaff. Finalmente, fue Freddie de Tommaso quien se hizo cargo de las clases y el resultado fue igualmente sustancioso para los participantes, porque recibieron valiosos consejos.. Con este apartado damos fin a esta crónica de un festival que no sólo presenta grandes figuras de la interpretación musical, sino que también apoya el futuro de nuestra lírica a través de las nuevas voces. Ahí tuvimos a Sebastià Serra, quien pasó por las masterclass en ediciones anteriores, en el elenco de esta Tosca que será recordada por mucho tiempo. Las campanas de la Catedral de San Pedro, escuchadas en la ópera de Puccini como aviso de la hora funesta del ajusticiamiento, marcaron el final de una edición que contuvo momentos vividos con gran intensidad.
Con la ópera Tosca de Puccini se clausuró el 2 de agosto en Mallorca un festival que también contó con Juan Diego Flórez y el pianista Jan Lisiecki.
La campanilla volvió a sonar en Cap Rocat, para invitar a los espectadores a dirigirse hacia sus butacas. En un entorno tan idílico como el que se divisa desde esta fortaleza transformada en hotel, es conveniente el aviso, porque contemplando esa Bahía de Palma al atardecer, uno puede olvidar a lo que ha venido. Todo se desarrolla con una calma muy particular en este festival, pero la sexta edición estaba a punto de comenzar con un recital de Juan Diego Flórez, inicio de tres exquisitas jornadas que se cerrarían con una velada operística inolvidable, pero vayamos por partes y desde el principio.. Lección magistral de Juan Diego Flórez para vencer la tos. El tenor Juan Diego Flórez abrió el Festival Cap Rocat 2026 con un recital.David Mudarra. Flórez lució la pureza de su voz y una asombrosa técnica, en un comienzo maravilloso centrado en Bellini, junto al pianista Vincenzo Scalera, bajo la cúpula transparente del escenario. ¿Se puede cantar con mayor gusto La ricordanza, una de las canciones seleccionadas? Un par de Péchés de vieillesse (pecados de vejez), extraídos del extenso conjunto de piezas al estilo antiguo compuestas por Rossini, nos llegaron con la emoción más exaltada en L’isule, con el recuerdo de la patria como motivo principal. Elegancia, entrega y claridad en la línea de canto de Flórez.. Más tarde, el tenor anunció que estaba «un poco malito», afectado por la tos, y no se encontraba en condiciones para afrontar el aria prevista de La Cenerentola. La sustituyó por otra página de Rossini, Quell’alme pupille, que resolvió espléndidamente, ayudado por Scalera, un auténtico especialista en el acompañamiento.. Flórez había dictado en la primera parte una lección de canto, a pesar de las circunstancias, más evidente, si cabe, al tener que navegar en un mar incierto. Tras un descanso que sirvió como pausa de hidratación al personal –el calor húmedo era notable—, llegó el repertorio en español con piezas celebradas como Suena guitarrica mía —anticipando lo que sería el fin de fiesta,y una vuelta al repertorio francés, con el famoso Pourquoi me réveiller, de Werther (Massenet). En esta comprometida aria se evidenciaron las dificultades de Flórez: tuvo que interrumpirla cuando asaltaba el Si bemol, pero reinició y consiguió coronarla aplicando mayor concentración.. El tenor Juan Diego Flórez finalizando su recital en Mallorca con la guitarra.David Mudarra. Los bises finales ya son un clásico de sus recitales, pero no dejan de ser entrañables y emocionantes. Con decisión apareció Flórez, guitarra en ristre, para regalarnos veinte minutos de su repertorio más distendido, con tangos argentinos, La flor de la canela, homenajes varios al Perú de su alma y el Cucurrucucú paloma. El público salió más que satisfecho, encantado por haber disfrutado de una voz tan singular y excelsa.. Jan Lisiecki en un ‘tour’ de danzas por todo el mundo. Cap Rocat reserva tradicionalmente la noche del sábado a un recital de piano, más íntimo. En esta ocasión recayó en Jan Lisiecki, joven canadiense que podríamos encuadrar en una generación brillante y con enjundia: aquellos nacidos entre 1990 y 1995, donde hay que tener en cuenta a Daniil Trifonov y Seong-Yin Cho, como exponentes más destacados, junto al propio Jan. Si el tango había tenido su hueco en el recital de Juan Diego Flórez, también lo tendría en el de Lisiecki.. El pianista Jan Lisiecki durante el recital que centró la segunda jornada del Festival Cap Rocat 2026.David Mudarra. Un complejo trenzado de danzas de variada procedencia (checas, polacas, rumanas, españolas, alemanas y argentinas) configuró el programa, ofrecido ante un público que llenó una sala que parece horadada en piedra, iluminada con ese aire de misterio que envuelve Cap Rocat. Echando un vistazo a los amplios salones del hotel, uno siempre piensa que Sorrentino estaría encantado de emplearlos para alguna de sus fantasías cinematográficas.. La primera parte del recital se ofreció sin pausa. Una hora de gran intensidad donde palpamos la concentración del joven pianista, y también requirió de una notable atención del respetable, porque la música de Szymanowski, Bartók o Martinu no es precisamente fácil para el oído. Apuesta arriesgada, sin duda.. El pianista Jan Lisiecki en el Hotel Cap Rocat, antes de iniciar su recital.David Mudarra. En la segunda parte, llegaron los momentos más brillantes, con los Dos valses op. 34 de Chopin, donde Lisiecki mostró afinidad con la música del polaco –procede de allí su familia– y aportó contrastes necesarios: auténticamente brillante el primero y mostrando con delectación el Lento, con una sutileza que se había echado de menos en la primera parte. Siguiendo por esa senda, se adentró en el delicioso Vals op. 39-15 de Brahms, diluyendo la estructura rítmica hasta que la pieza se convirtió casi en un intermezzo. Todas estas son piezas que Lisiecki no ha registrado todavía en su sello de Deutsche Grammophon, por lo que la oportunidad de escuchar sus aproximaciones fue muy especial.. Atravesando el Atlántico, nos encontramos con Astor Piazzolla, y ese sabor potente y profundo del tango, en un viaje de ida y vuelta que nos retornó a Albéniz, quien también atendió esa forma musical. El espíritu diabólico de la Danza ritual del fuego, de Manuel de Falla, se adaptó perfectamente a las cualidades de este pianista, pero el fin del baile llegó con una espléndida Polonesa op.53, con la que Lisiecki culminó un programa riguroso, quizás necesitado de un toque algo más lúdico y despreocupado, tratándose de danzas en su origen, pero aportando una seriedad en la concepción realmente destacable.. Voces dignas del Met de Nueva York para la clausura. Lo decía Illias Tzempentonidis, director artístico del festival, en la entrevista que mantuvo con 20minutos: «Cuando tienes artistas de gran nivel, ellos son la puesta en escena, porque tienen capacidad de crear una atmósfera que te lleva al espíritu del compositor». Es precisamente lo que sucedió el pasado domingo 2 de agosto, con una Tosca de Puccini en versión concierto, que contó con un plantel de auténtico lujo: Lise Davidsen, Ludovic Tézier y Freddie de Tommaso, entre otros. Los tres han interpretado sus papeles en los teatros más importantes, entre ellos el Metropolitan de Nueva York, compartiendo incluso escenario.. La soprano Lise Davidsen y el tenor Freddie de Tommaso en el Festival Cap Rocat 2026.David Mudarra. Más allá de sus magníficas voces y del soporte estupendo que les brindó la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, con Pablo Mielgo al frente, la implicación de estos tres cantantes para ofrecer una auténtica representación, a pesar de no contar con escenografía, fue ejemplar. Consiguieron recrear el truculento drama de Puccini con una intensidad sorprendente, empleando un reducido espacio y siguiendo las indicaciones escénicas de Ana Cuéllar. Sin ningún artificio afloró la verdad de la partitura.. Algo tiene esta fortaleza de misteriosa al ‘vestirse’ para la ópera en concierto. El modo en que los cantantes surgen de la penumbra, entre los muros de Cap Rocat, tras la orquesta, produce una expectación muy especial, máxime con una música tan dramática como la de Puccini. La aparición de Lise Davidsen, vestida de rojo y con su gran envergadura, resultó imponente, antes incluso de escuchar un caudal de voz que causó asombro. Curiosamente, casi a la misma hora, del mismo color y también en Mallorca, la reina Letizia clausuraba Atlàntida Film Fest. Noche de festivales por todo lo alto.. Estamos ante una soprano que marcará época en la ópera actual, ya en su plenitud al filo de los cuarenta años. Su Vissi d’arte, esa plegaria estremecedora donde Floria Tosca confiesa la injusticia que se ceba en ella, mostró a una cantante dotada de una ‘mezza voce’ sostenida con seguridad, un agudo amplísimo y rompedor, así como un magnetismo sereno al que no estamos habituados.. Arrolladora presentación de Freddie de Tommaso, quien encarnó al pintor Cavaradossi con pasión juvenil, derrochando energía y aportando una gran presencia escénica. Sus dos famosas arias fueron momentos álgidos resueltos con bravura, y también contribuyó a magníficos dúos con Lise, como ‘Quale occhio al mondo …’, de una intensidad tremenda. Para entrar en situación, aquí les vemos en esas páginas durante un ensayo en el Metropolitan Opera House.. El perverso papel de Scarpia encuentra en Ludovic Tézier a un intérprete ideal, elevándolo hasta el máximo refinamiento. Moduló de manera magistral su participación en el segundo acto, en esa progresión dramática que no se sustenta en aria o dúo alguno, donde sabiamente perfiló a un frío e implacable depredador, con un estilo narrativo de gran potencia. ¡Mía!, repite sin rubor refiriéndose a Tosca.. Antológica interpretación de Tézier, que quedará para la historia de Cap Rocat, y espléndidas intervenciones orquestales en los momentos finales del segundo acto. Pablo Mielgo sudó la gota gorda en el podio, como comprobamos tras finalizar la función, y se quitó la chaqueta, pero el esfuerzo no fue en balde. Se trata de una de las mejores batutas de nuestro país. Tampoco tenemos que olvidar la participación del Coro Cap Rocat, rotunda en el primer acto y con buen equilibrio en los momentos del segundo, siempre dirigido por el maestro Joan Company.. Ludovic Tézier en su interpretación del papel de Scarpia, en la ópera ‘Tosca’, de Puccini, en el Festival Cap Rocat.David Mudarra. Habiendo presenciado la maestría de Tézier encima del escenario, no extraña la desazón que sentirían los participantes en la masterclass que Cap Rocat siempre programa dentro del festival, al enterarse de que una indisposición le iba a impedir impartirla. Cristòfol Romaguera era uno de los seis jóvenes seleccionados y confesaba no haber dormido la noche antes de la clase, por los nervios. Es un barítono mallorquín que había preparado, al dedillo, un aria de Falstaff. Finalmente, fue Freddie de Tommaso quien se hizo cargo de las clases y el resultado fue igualmente sustancioso para los participantes, porque recibieron valiosos consejos.. Saludos tras la interpretación de la ópera ‘Tosca’ en el Festival Cap Rocat 2026.Adolfo Ortega. Con este apartado damos fin a esta crónica de un festival que no sólo presenta grandes figuras de la interpretación musical, sino que también apoya el futuro de nuestra lírica a través de las nuevas voces. Ahí tuvimos a Sebastià Serra, quien pasó por las masterclass en ediciones anteriores, en el elenco de esta Tosca que será recordada por mucho tiempo. Las campanas de la Catedral de San Pedro, escuchadas en la ópera de Puccini como aviso de la hora funesta del ajusticiamiento, marcaron el final de una edición que contuvo momentos vividos con gran intensidad.
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