Debería dar la impresión de que Isabel Allende ha vivido ya, a sus 84 años, todas las emociones y todos los momentos que la literatura le pueden dar a un nombre consagrado, desde homenajes a reconocimientos públicos, aplausos y calificativos siempre elogiosos. Pero la escritora chilena reconoce que haber obtenido el 75º premio Planeta ha sido algo diferente a lo vivido, sobre todo en su California de adopción, donde su vida transcurre en su casa, con su tercer marido, Roger, y la sencillez de quien solo quiere seguir escribiendo en paz. «Yo tengo una vida muy privada, vivo en un ambiente muy chiquitito pero (cuando le dieron el premio, el pasado 15 de octubre) estaban conmigo las personas más cercanas -ha recordado conmovida-. Mi marido, mi hijo, Nicolás, mi nuera, Lori, y mi agente, Johanna Castillo, que también es mi jefe. Ellos me han acompañado en un momento que para mí fue espectacular. Yo no tenía idea de cómo era la ceremonia y mucho menos esperé que se pusiera la gente de pie para aplaudirme antes de que alcanzara a abrir la boca».. Este premio para mí ha sido como una coronación. Pero si me lo dieron un rey y una reina… y eso no existe en ninguna parte. «Después de eso, cuando me vine a casa, a California, vine al silencio, a ese vacío que queda después de haber tenido una emoción tan grande. Y entonces tuve tiempo de reflexionar en los 45 años que llevo escribiendo y en cómo esto ha sido una coronación. Para mi familia, el día de la ceremonia, mi hijo que no es para nada un sentimental, lloraba. Y mi marido que es un gringo y no entendía una palabra de lo que estaba pasando, le mandó la noticia a todos los amigos, a los vecinos y a la gente más inesperada para contarles el premio. Así que me empezaron a llegar flores botellas de champán de personas desconocidas del vecindario. Ha sido muy lindo. He tenidos muchos premios en mi vida, pero este fue como muy personal, estar allí y recibirlo de manos del rey de de la reina. Pero si eso no existe en ninguna parte…». Así lo evocó ante un grupo de periodistas con motivo de su regreso a España para presentar la novela ganadora, La hora antes del alba, en la calle desde este 4 de noviembre con una tirada de 200.000 ejemplares y… un millón de euros en su bolsillo.. Imaginar qué le pasa a mi protagonista, Alba, fue fácil porque conozco qué es una dictadura y cómo funciona el terror. Isabel Allende no se ha cansado de repetir cuál es el motivo que la ha llevado a retomar una novela, La casa de los espíritus, que firmó hace más de cuarenta años ni qué relación guarda la dictadura que sobrevuela la ficción de las actuales. «Después de tantos años de recibir mensajes de mis lectores que me preguntan qué le pasó a Alba tras la última página, cuando se cierra La casa de los espíritus y toda su familia está en el exilio o desaparecida y ella está embarazada. Y ha sido torturada, perseguida en tiempos de la dictadura. ¿Se va al exilio o se queda en su país? Imaginarlo fue fácil porque conozco lo que es una dictadura y cómo funciona el terror y podía colocar a mi personaje allí y cerrar esa pregunta de los lectores. ¿Por qué ahora y no antes? Esa pregunta sella cuarenta años. Porque siento en el aire una especie de fascinación por la ultraderecha, por los gobiernos autoritarios, por los personajes populistas».. Este encuentro tiene lugar cuando Donald Trump está a punto de perder las elecciones de medio mandato (martes 3 de diciembre), tras dos años del mundo muy crítico contra él y sus políticas. «Estoy viviendo en los EEUU bajo el régimen de Trump, que da para pensar mucho. Una democracia que parece tan sólida como la de EEUU está amenazada en este momento. Y vamos a suponer que las instituciones son lo suficientemente fuertes como para defenderse, pero también puede ser que no. Como yo lo he vivido, estoy muy consciente de esa realidad», señala cabizbaja.. Es muy fácil para un joven enchufarse con los neonazis, porque no tiene idea de qué fue ni de sus consecuencias. La escritora chilena, sobrina del derrocado presidente Salvador Allende, admite que no sabe qué se puede hacer para frenar este avance radical. «No lo sé, si lo sé yo ya lo saben muchas personas, pero no es fácil. Porque estas cosas con cíclicas y la gente se olvida de lo que ha sucedido antes o no lo sabe. Las generaciones jóvenes se olvidan. Es muy fácil para un joven enchufarse con los neonazis porque no tiene idea de qué fue ni de sus consecuencias. El papel de personas como Sergio (Hernández, el finalista), yo, otros escritores, y sin duda, de los periodistas es recordar, informar. Hay tanta noticia falsa que no se puede comprobar. A los medios les toca ese papel tan difícil que es presentar la verdad».. He sido feminista desde que era chica, antes de que la palabra existiera. Sigo siendo la misma furiosa que a los 15 años. El papel de la mujer en la narrativa de Allende ha sido casi un motor, una gasolina, un cohete en su armadura mental. También ahora. «Toda mi vida, desde que era chica, he sido feminista antes de que la palabra existiera. Eso no ha cambiado nada. En todos mis libros hay mujeres fuertes, una lucha contra el patriarcado que se manifiesta, no solo en el feminismo, sino en tantas cosas que el patriarcado determina y decide lo que es la sociedad, las jerarquías, las desigualdades sociales, la violencia, la guerra. Todo eso es consecuencia del patriarcado y de eso hablan mis libros, no sé si mi concepto del feminismo ha evolucionado, pero yo sigo siendo la misma furiosa que era cuando tenía 15 años».. Gracias a las mujeres sobrevive el mundo. Ellas cuidan, protegen, nutren, siembran, crían, ayudan a morir…. Las mujeres. Por ello, su discurso es intenso y extenso, el de quien no se rinde. «Gracias a las mujeres sobrevive el mundo. Las mujeres son las que cuidan, las que protegen, las que nutren, las que siembran la tierra, las que crían a los hijos, las que ayudan a morir. Están siempre allí, silenciadas, no porque quieran estar en silencio, sino porque el sistema las silencia. A mí, esos personajes me fascinan, sobre todo aquellas que son capaces de rebelarse, de sacar fuerzas de cualquier parte».. «No sé si las mujeres salvarán las democracias, pero la lucha de la mujer por la emancipación y la libertad es una larga guerra de muchas batallas, unas se ganan y otras se pierden, contra el patriarcado. Ha imperado por milenios y el hecho de que no hayamos logrado todo lo que queremos no significa que hayamos fracasado, sino que la lucha era más fuerte de lo que creía. Cuando empecé a leer textos feministas y a trabajar en una revista feminista, pensé que en 10 años esto lo habríamos resuelto. Tengo 84 y allí seguimos. A la mujer le conviene la democracia, en los gobiernos autoritarios lo primero que se ataca es al periodismo y luego a la mujer. Cada vez que sucede una situación de violencia, de extremismo, las primeras víctimas son la mujer y los niños. Eso lo debería tener muy claro la gente joven».. «Yo tengo una fundación. La misión es invertir en el poder de las mujeres, las más vulnerables, las más pobres, las que lo han pasado peor, aquellas que han perdido todo, incluso los hijos. Y se ponen de pie y salen adelante, no solo eso, son capaces de hacerlo con alegría y generosidad. Esos personajes son fantásticos para la literatura, no tengo que inventarlos. Están por todos lados», insiste voluntariosa en su causa.. Yo no tengo respuestas de nada, lo que tengo son preguntas y una curiosidad insaciable. A pesar de ello, Isabel Allende no pretende dar mensajes con sus novelas. «Yo solo quiero contar las cosas como las veo, como las he vivido, como se ven por todos lados. Yo no tengo respuestas de nada, lo que tengo son preguntas y una curiosidad insaciable por el coraje. Hay ciertas cosas que me emocionan y motivan y son la razón de por qué escribo. Son aquellas condiciones humanas que a veces ni se notan y llevan adelante los grandes valores de la sociedad: el coraje, la solidaridad, el amor, la justicia orgánica, no la de la ley, sino la del ser humano. En el caso de mi novela, no es solo el amor de pareja. Es por la tierra, por el país, por la libertad, por todas aquellas cosas que me importan en el fondo».. Por ello, cuando a Allende le preguntan de qué escribe, no duda ni un segundo: «Me costaría mucho escribir un libro que no sea por una razón muy importante para mí. Yo escribo de lo que me importa, no tengo que inventar mucho. Tengo que escuchar, observar lo que pasa a mi alrededor. La literatura es un acto de empatía, es ponerse en el caso del otro».. El exilio. La figura de los exiliados es una nota común entre las dos novelas de esta 75ª edición del Planeta. Remarca Allende que esto es así porque está en el aire. «Yo he escrito varias novelas en los últimos años en los que trato sobre gente desplazada, inmigrantes, refugiados… porque están allí. Pero a eso se suma que hay una tendencia al autoritarismo y las dos cosas juntas se presentan como una realidad tan impactante que uno escribe de lo que está en el aire. Los escritores tenemos antenas y con ellas pescamos ese murmullo del inconsciente colectivo, de los sueños generados, de lo que la gente teme, lo que la gente quiere. Y va mucho más allá de la noticia. Como periodista, yo vivía de la noticia, de lo que pasó. La pregunta como escritora ahora es por qué pasó. Ahora siento esto como muy presente, por eso he escrito esto ahora y no hace diez años».. Mi hija y mi madre son dos espíritus que me acompañan porque yo quiero recordarlos, por ninguna otra razón. De espíritus y fantasmas. Isabel, que dio con su novela más célebre por conjugar mujeres y fantasmas en una casa que rebosaba luz y fuerza, confiesa que habla con sus espíritus casi tanto como su Alba de ahora. «Quisiera poder ver fantasmas. Mi abuela tenía sesiones de espiritismo una vez por semana con sus amigas, las tres hermanas Mora. Y yo me crie con la idea de que se podía invocar a los muertos. Vivíamos rodeados de espíritus y había muchas dimensiones de la realidad. La vida y el mundo me parecen muy misteriosos y acepto ese misterio, pero sin creer en fantasmas. Vivo del recuerdo. No pasa un solo día en que yo no recuerde por lo menos una, dos, tres, cuatro veces al día a mi hija Paula, que murió hace 33 años y es como si estuviera conmigo siempre. Y mi madre, que murió hace poco también. Son dos espíritus que me acompañan porque yo quiero recordarlos, por ninguna otra razón».. De su primera novela a la última. Al plantearle qué siente cuando echa la vista atrás y contempla su primera novela, en la que está inspirada La hora antes del Alba, la escritora combina sarcasmo con nostalgia. «Se me olvidó lo que escribí. Este lo escribí hace muy poco y ya no lo recuerdo (risas). La casa… sigue en imprenta, ha tenido un eco enorme. Salió la mini serie y me lo recordó todo. Fue una sorpresa tremenda. Me ayudó a volver a crear ese mundo que había dejado atrás, que tampoco es completamente inventado. Porque cuando escribí La casa… tenía muy vivo el recuerdo de mi infancia, el Chile de entonces, ese ya no existe. No fue difícil volver allí, pero tratar de imaginar ese mismo mundo en tiempos de la dictadura fue todo un ejercicio diferente. La casa… es una saga de 70 años que culmina con el fin de la democracia. Ahora vamos a vivir un periodo largo de represión, que yo no viví, solo lo viví un año, porque después me fui de Chile».. No me he releído, sería como volver a acostarse con el marido del cual una ya se divorció. «No me he releído. Si hay tantos libros buenos para leer, para qué me voy a leer a mí misma. Es como volver a acostarse con el marido del cual una ya se divorció», bromeó.. Allende volverá a comenzar un nuevo libro el 8 de enero, la fecha en la que sus dedos comienzan a teclear, su familia descansa de su ruido y ella encuentra una nueva manera de volar y de hacer volar: «Nunca me despido de mis personajes, porque siempre vuelve esta gente. Vuelven disfrazados. Empiezo a escribir y me doy cuenta de que un personaje en la página 60 se me coló con otro nombre, pero es el mismo. Esos personajes no se van. Y los de La casa… no se van porque eran mi familia. Y en una familia como la mía no hay nada que inventar».
Isabel Allende ha conquistado el 75º premio Planeta con una secuela de su mejor novela, a tenor de muchos, La casa de los espíritus, titulada La hora antes del alba.
Debería dar la impresión de que Isabel Allende ha vivido ya, a sus 84 años, todas las emociones y todos los momentos que la literatura le pueden dar a un nombre consagrado, desde homenajes a reconocimientos públicos, aplausos y calificativos siempre elogiosos. Pero la escritora chilena reconoce que haber obtenido el 75º premio Planeta ha sido algo diferente a lo vivido, sobre todo en su California de adopción, donde su vida transcurre en su casa, con su tercer marido, Roger, y la sencillez de quien solo quiere seguir escribiendo en paz. «Yo tengo una vida muy privada, vivo en un ambiente muy chiquitito pero (cuando le dieron el premio, el pasado 15 de octubre) estaban conmigo las personas más cercanas -ha recordado conmovida-. Mi marido, mi hijo, Nicolás, mi nuera, Lori, y mi agente, Johanna Castillo, que también es mi jefe. Ellos me han acompañado en un momento que para mí fue espectacular. Yo no tenía idea de cómo era la ceremonia y mucho menos esperé que se pusiera la gente de pie para aplaudirme antes de que alcanzara a abrir la boca».. Este premio para mí ha sido como una coronación. Pero si me lo dieron un rey y una reina… y eso no existe en ninguna parte. «Después de eso, cuando me vine a casa, a California, vine al silencio, a ese vacío que queda después de haber tenido una emoción tan grande. Y entonces tuve tiempo de reflexionar en los 45 años que llevo escribiendo y en cómo esto ha sido una coronación. Para mi familia, el día de la ceremonia, mi hijo que no es para nada un sentimental, lloraba. Y mi marido que es un gringo y no entendía una palabra de lo que estaba pasando, le mandó la noticia a todos los amigos, a los vecinos y a la gente más inesperada para contarles el premio. Así que me empezaron a llegar flores botellas de champán de personas desconocidas del vecindario. Ha sido muy lindo. He tenidos muchos premios en mi vida, pero este fue como muy personal, estar allí y recibirlo de manos del rey de de la reina. Pero si eso no existe en ninguna parte…». Así lo evocó ante un grupo de periodistas con motivo de su regreso a España para presentar la novela ganadora, La hora antes del alba, en la calle desde este 4 de noviembre con una tirada de 200.000 ejemplares y… un millón de euros en su bolsillo.. Imaginar qué le pasa a mi protagonista, Alba, fue fácil porque conozco qué es una dictadura y cómo funciona el terror. Isabel Allende no se ha cansado de repetir cuál es el motivo que la ha llevado a retomar una novela, La casa de los espíritus, que firmó hace más de cuarenta años ni qué relación guarda la dictadura que sobrevuela la ficción de las actuales. «Después de tantos años de recibir mensajes de mis lectores que me preguntan qué le pasó a Alba tras la última página, cuando se cierra La casa de los espíritus y toda su familia está en el exilio o desaparecida y ella está embarazada. Y ha sido torturada, perseguida en tiempos de la dictadura. ¿Se va al exilio o se queda en su país? Imaginarlo fue fácil porque conozco lo que es una dictadura y cómo funciona el terror y podía colocar a mi personaje allí y cerrar esa pregunta de los lectores. ¿Por qué ahora y no antes? Esa pregunta sella cuarenta años. Porque siento en el aire una especie de fascinación por la ultraderecha, por los gobiernos autoritarios, por los personajes populistas».. Este encuentro tiene lugar cuando Donald Trump está a punto de perder las elecciones de medio mandato (martes 3 de diciembre), tras dos años del mundo muy crítico contra él y sus políticas. «Estoy viviendo en los EEUU bajo el régimen de Trump, que da para pensar mucho. Una democracia que parece tan sólida como la de EEUU está amenazada en este momento. Y vamos a suponer que las instituciones son lo suficientemente fuertes como para defenderse, pero también puede ser que no. Como yo lo he vivido, estoy muy consciente de esa realidad», señala cabizbaja.. Es muy fácil para un joven enchufarse con los neonazis, porque no tiene idea de qué fue ni de sus consecuencias. La escritora chilena, sobrina del derrocado presidente Salvador Allende, admite que no sabe qué se puede hacer para frenar este avance radical. «No lo sé, si lo sé yo ya lo saben muchas personas, pero no es fácil. Porque estas cosas con cíclicas y la gente se olvida de lo que ha sucedido antes o no lo sabe. Las generaciones jóvenes se olvidan. Es muy fácil para un joven enchufarse con los neonazis porque no tiene idea de qué fue ni de sus consecuencias. El papel de personas como Sergio (Hernández, el finalista), yo, otros escritores, y sin duda, de los periodistas es recordar, informar. Hay tanta noticia falsa que no se puede comprobar. A los medios les toca ese papel tan difícil que es presentar la verdad».. He sido feminista desde que era chica, antes de que la palabra existiera. Sigo siendo la misma furiosa que a los 15 años. El papel de la mujer en la narrativa de Allende ha sido casi un motor, una gasolina, un cohete en su armadura mental. También ahora. «Toda mi vida, desde que era chica, he sido feminista antes de que la palabra existiera. Eso no ha cambiado nada. En todos mis libros hay mujeres fuertes, una lucha contra el patriarcado que se manifiesta, no solo en el feminismo, sino en tantas cosas que el patriarcado determina y decide lo que es la sociedad, las jerarquías, las desigualdades sociales, la violencia, la guerra. Todo eso es consecuencia del patriarcado y de eso hablan mis libros, no sé si mi concepto del feminismo ha evolucionado, pero yo sigo siendo la misma furiosa que era cuando tenía 15 años».. Gracias a las mujeres sobrevive el mundo. Ellas cuidan, protegen, nutren, siembran, crían, ayudan a morir…. Las mujeres. Por ello, su discurso es intenso y extenso, el de quien no se rinde. «Gracias a las mujeres sobrevive el mundo. Las mujeres son las que cuidan, las que protegen, las que nutren, las que siembran la tierra, las que crían a los hijos, las que ayudan a morir. Están siempre allí, silenciadas, no porque quieran estar en silencio, sino porque el sistema las silencia. A mí, esos personajes me fascinan, sobre todo aquellas que son capaces de rebelarse, de sacar fuerzas de cualquier parte».. «No sé si las mujeres salvarán las democracias, pero la lucha de la mujer por la emancipación y la libertad es una larga guerra de muchas batallas, unas se ganan y otras se pierden, contra el patriarcado. Ha imperado por milenios y el hecho de que no hayamos logrado todo lo que queremos no significa que hayamos fracasado, sino que la lucha era más fuerte de lo que creía. Cuando empecé a leer textos feministas y a trabajar en una revista feminista, pensé que en 10 años esto lo habríamos resuelto. Tengo 84 y allí seguimos. A la mujer le conviene la democracia, en los gobiernos autoritarios lo primero que se ataca es al periodismo y luego a la mujer. Cada vez que sucede una situación de violencia, de extremismo, las primeras víctimas son la mujer y los niños. Eso lo debería tener muy claro la gente joven».. «Yo tengo una fundación. La misión es invertir en el poder de las mujeres, las más vulnerables, las más pobres, las que lo han pasado peor, aquellas que han perdido todo, incluso los hijos. Y se ponen de pie y salen adelante, no solo eso, son capaces de hacerlo con alegría y generosidad. Esos personajes son fantásticos para la literatura, no tengo que inventarlos. Están por todos lados», insiste voluntariosa en su causa.. Yo no tengo respuestas de nada, lo que tengo son preguntas y una curiosidad insaciable. A pesar de ello, Isabel Allende no pretende dar mensajes con sus novelas. «Yo solo quiero contar las cosas como las veo, como las he vivido, como se ven por todos lados. Yo no tengo respuestas de nada, lo que tengo son preguntas y una curiosidad insaciable por el coraje. Hay ciertas cosas que me emocionan y motivan y son la razón de por qué escribo. Son aquellas condiciones humanas que a veces ni se notan y llevan adelante los grandes valores de la sociedad: el coraje, la solidaridad, el amor, la justicia orgánica, no la de la ley, sino la del ser humano. En el caso de mi novela, no es solo el amor de pareja. Es por la tierra, por el país, por la libertad, por todas aquellas cosas que me importan en el fondo».. Por ello, cuando a Allende le preguntan de qué escribe, no duda ni un segundo: «Me costaría mucho escribir un libro que no sea por una razón muy importante para mí. Yo escribo de lo que me importa, no tengo que inventar mucho. Tengo que escuchar, observar lo que pasa a mi alrededor. La literatura es un acto de empatía, es ponerse en el caso del otro».. El exilio. La figura de los exiliados es una nota común entre las dos novelas de esta 75ª edición del Planeta. Remarca Allende que esto es así porque está en el aire. «Yo he escrito varias novelas en los últimos años en los que trato sobre gente desplazada, inmigrantes, refugiados… porque están allí. Pero a eso se suma que hay una tendencia al autoritarismo y las dos cosas juntas se presentan como una realidad tan impactante que uno escribe de lo que está en el aire. Los escritores tenemos antenas y con ellas pescamos ese murmullo del inconsciente colectivo, de los sueños generados, de lo que la gente teme, lo que la gente quiere. Y va mucho más allá de la noticia. Como periodista, yo vivía de la noticia, de lo que pasó. La pregunta como escritora ahora es por qué pasó. Ahora siento esto como muy presente, por eso he escrito esto ahora y no hace diez años».. Mi hija y mi madre son dos espíritus que me acompañan porque yo quiero recordarlos, por ninguna otra razón. De espíritus y fantasmas. Isabel, que dio con su novela más célebre por conjugar mujeres y fantasmas en una casa que rebosaba luz y fuerza, confiesa que habla con sus espíritus casi tanto como su Alba de ahora. «Quisiera poder ver fantasmas. Mi abuela tenía sesiones de espiritismo una vez por semana con sus amigas, las tres hermanas Mora. Y yo me crie con la idea de que se podía invocar a los muertos. Vivíamos rodeados de espíritus y había muchas dimensiones de la realidad. La vida y el mundo me parecen muy misteriosos y acepto ese misterio, pero sin creer en fantasmas. Vivo del recuerdo. No pasa un solo día en que yo no recuerde por lo menos una, dos, tres, cuatro veces al día a mi hija Paula, que murió hace 33 años y es como si estuviera conmigo siempre. Y mi madre, que murió hace poco también. Son dos espíritus que me acompañan porque yo quiero recordarlos, por ninguna otra razón».. De su primera novela a la última. Al plantearle qué siente cuando echa la vista atrás y contempla su primera novela, en la que está inspirada La hora antes del Alba, la escritora combina sarcasmo con nostalgia. «Se me olvidó lo que escribí. Este lo escribí hace muy poco y ya no lo recuerdo (risas). La casa… sigue en imprenta, ha tenido un eco enorme. Salió la mini serie y me lo recordó todo. Fue una sorpresa tremenda. Me ayudó a volver a crear ese mundo que había dejado atrás, que tampoco es completamente inventado. Porque cuando escribí La casa… tenía muy vivo el recuerdo de mi infancia, el Chile de entonces, ese ya no existe. No fue difícil volver allí, pero tratar de imaginar ese mismo mundo en tiempos de la dictadura fue todo un ejercicio diferente. La casa… es una saga de 70 años que culmina con el fin de la democracia. Ahora vamos a vivir un periodo largo de represión, que yo no viví, solo lo viví un año, porque después me fui de Chile».. No me he releído, sería como volver a acostarse con el marido del cual una ya se divorció. «No me he releído. Si hay tantos libros buenos para leer, para qué me voy a leer a mí misma. Es como volver a acostarse con el marido del cual una ya se divorció», bromeó.. Allende volverá a comenzar un nuevo libro el 8 de enero, la fecha en la que sus dedos comienzan a teclear, su familia descansa de su ruido y ella encuentra una nueva manera de volar y de hacer volar: «Nunca me despido de mis personajes, porque siempre vuelve esta gente. Vuelven disfrazados. Empiezo a escribir y me doy cuenta de que un personaje en la página 60 se me coló con otro nombre, pero es el mismo. Esos personajes no se van. Y los de La casa… no se van porque eran mi familia. Y en una familia como la mía no hay nada que inventar».
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