«Euros, Euros, dubidú, si no los quieres allá tú». Allá tú es un programa veterano que triunfó allá por los 2000 y que la actual Telecinco decidió recuperar con sus cajas con sorpresa. El azar es el centro del concurso. No hay que ser erudito de nada. Como mucho ser extrovertido para dar vida a los minutos de emisión. Así la fórmula sigue funcionando en la actualidad. Es más, es una bombona de oxígeno para Telecinco.. Para empezar, por su escenografía. Mientras que los platós de Mediaset España sufren un empobrecimiento visual. Por poca iluminación y anacrónico diseño de escenografías, Allá tú se produce en el estudio de Gestmusic en Sant Just Desvern. La tele entra por los ojos y esta producción cuida la liturgia de luz, color y estética. Como consecuencia, salen favorecidos todos los protagonistas del show. Cosa importante. Cosa que no ha pasado en otras recientes apuestas de producción de la propia cadena, como el ya retirado Amor… o lo que surja. Que justamente iba de enamorarse de sus protagonistas y la mala luz dificultaba tal tarea… Lejos queda el cuidado diseño de luces que ayudaba a brillar a todos los formatos de Telecinco en los años noventa y principios de los años 2000. Concha Velasco decía a Raffaella Carrà en 1995: «Estás guapísima en Telecinco, porque tienes un iluminador, David Arribas, al que yo le llamaba la virgen de Fátima. Porque venía aquí con una cara, con unas ojeras, con un cansancio. Estaba haciendo teatro y él me quitaba todo». Ahora los techos de los platós de Mediaset están más despejados: se tira por varias leds de relleno, y listo. Pero la televisión es matizar con pluralidad de focos hasta crear ambientes únicos, no prender las instalaciones como en un supermercado. Se sigue haciendo en TVE y Atresmedia.. Y en el plató de Allá tú, en donde se intenta no recortar en aquella ensoñación de la tele clásica. En cómo lo vemos y en a quién vemos. El programa suma un casting que no solo va a por el dinero, también juega a aportar historias que enriquecen el relato. O cada capitulo sería muy repetitivo. Por ejemplo, uno de los participantes, el actor Dany Visiedo, cada día cuenta batallitas que son curiosidades que enseñan. ¿Por qué el Teatro Romea de Murcia tiene una butaca negra? La leyenda dice que si el auditorio vende todas las localidades sufrirá su tercer incendio…. Con excusas narrativas, la dinámica del formato permite descubrir a los concursantes, sus historias, sus vínculos y sus conocimientos -o, a veces, desconocimientos- a la vez que sufren los gajes del azar. Lo que permite adquirir a Allá tú un punto de serial adolescente. Aunque los participantes ya no sean ya adolescentes. Pero tampoco esto es suficiente para una televisión que hoy demanda más contenido que nunca. Para remediarlo, el programa ha incorporado la visita sorpresa de un familiar o amigo de la persona que le toca concursar. Toman los decisiones los dos juntos. Y se genera mayor conversación. Incluso mayor conflicto cómplice, pues la mezcla permite descubrir más lo que realmente somos y menos lo que pretendemos aparentar ser.. Ahí entra el cometido de Juanra Bonet. Bronceado en el quiz show, logra un clima de complicidad poderoso. Es uno de los mejores presentadores de la televisión de este tiempo, pues congrega naturalidad, curiosidad y honestidad. Además de saber mantener la seriedad cuando toca. O la épica que requiere un concurso se va por el desagüe.. Juanra crea pandilla. No impone. Ideal para que los concursantes se suelten más y mejor. Y nosotros desde casa nos sintamos reconozcamos en ellos. Nos sintamos jugando en un lugar que transmite el ilusionismo de la televisión de siempre. Aunque, en realidad, estén en una nave industrial en un polígono feo. Pero no se nota. Porque el guion, la realización, la escenografía y la luz ha hecho piña para que la tele nos siga haciendo imaginar y no remita a un hangar anacrónico pasado de moda. Es el aprendizaje de Allá tú: es difícil recuperar públicos perdidos, pero la tele si no transmite la fascinación teatral de la tele se queda despojada de todo lo que la hace única en la era de viralidad.
Valores que la televisión debe proteger en cualquier programa.
«Euros, Euros, dubidú, si no los quieres allá tú». Allá tú es un programa veterano que triunfó allá por los 2000 y que la actual Telecinco decidió recuperar con sus cajas con sorpresa. El azar es el centro del concurso. No hay que ser erudito de nada. Como mucho ser extrovertido para dar vida a los minutos de emisión. Así la fórmula sigue funcionando en la actualidad. Es más, es una bombona de oxígeno para Telecinco.. Para empezar, por su escenografía. Mientras que los platós de Mediaset España sufren un empobrecimiento visual. Por poca iluminación y anacrónico diseño de escenografías, Allá tú se produce en el estudio de Gestmusic en Sant Just Desvern. La tele entra por los ojos y esta producción cuida la liturgia de luz, color y estética. Como consecuencia, salen favorecidos todos los protagonistas del show. Cosa importante. Cosa que no ha pasado en otras recientes apuestas de producción de la propia cadena, como el ya retirado Amor… o lo que surja. Que justamente iba de enamorarse de sus protagonistas y la mala luz dificultaba tal tarea… Lejos queda el cuidado diseño de luces que ayudaba a brillar a todos los formatos de Telecinco en los años noventa y principios de los años 2000. Concha Velasco decía a Raffaella Carrà en 1995: «Estás guapísima en Telecinco, porque tienes un iluminador, David Arribas, al que yo le llamaba la virgen de Fátima. Porque venía aquí con una cara, con unas ojeras, con un cansancio. Estaba haciendo teatro y él me quitaba todo». Ahora los techos de los platós de Mediaset están más despejados: se tira por varias leds de relleno, y listo. Pero la televisión es matizar con pluralidad de focos hasta crear ambientes únicos, no prender las instalaciones como en un supermercado. Se sigue haciendo en TVE y Atresmedia.. Y en el plató de Allá tú, en donde se intenta no recortar en aquella ensoñación de la tele clásica. En cómo lo vemos y en a quién vemos. El programa suma un casting que no solo va a por el dinero, también juega a aportar historias que enriquecen el relato. O cada capitulo sería muy repetitivo. Por ejemplo, uno de los participantes, el actor Dany Visiedo, cada día cuenta batallitas que son curiosidades que enseñan. ¿Por qué el Teatro Romea de Murcia tiene una butaca negra? La leyenda dice que si el auditorio vende todas las localidades sufrirá su tercer incendio…. Con excusas narrativas, la dinámica del formato permite descubrir a los concursantes, sus historias, sus vínculos y sus conocimientos -o, a veces, desconocimientos- a la vez que sufren los gajes del azar. Lo que permite adquirir a Allá tú un punto de serial adolescente. Aunque los participantes ya no sean ya adolescentes. Pero tampoco esto es suficiente para una televisión que hoy demanda más contenido que nunca. Para remediarlo, el programa ha incorporado la visita sorpresa de un familiar o amigo de la persona que le toca concursar. Toman los decisiones los dos juntos. Y se genera mayor conversación. Incluso mayor conflicto cómplice, pues la mezcla permite descubrir más lo que realmente somos y menos lo que pretendemos aparentar ser.. Ahí entra el cometido de Juanra Bonet. Bronceado en el quiz show, logra un clima de complicidad poderoso. Es uno de los mejores presentadores de la televisión de este tiempo, pues congrega naturalidad, curiosidad y honestidad. Además de saber mantener la seriedad cuando toca. O la épica que requiere un concurso se va por el desagüe.. Juanra crea pandilla. No impone. Ideal para que los concursantes se suelten más y mejor. Y nosotros desde casa nos sintamos reconozcamos en ellos. Nos sintamos jugando en un lugar que transmite el ilusionismo de la televisión de siempre. Aunque, en realidad, estén en una nave industrial en un polígono feo. Pero no se nota. Porque el guion, la realización, la escenografía y la luz ha hecho piña para que la tele nos siga haciendo imaginar y no remita a un hangar anacrónico pasado de moda. Es el aprendizaje de Allá tú: es difícil recuperar públicos perdidos, pero la tele si no transmite la fascinación teatral de la tele se queda despojada de todo lo que la hace única en la era de viralidad.
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