Paz Padilla ha regresado al plató de Sálvame, el estudio 1 de Mediaset. Aunque ya nada quede de aquella escenografía que acompañó a España tantas tardes. La tele es así: los decorados van pasando por frías naves industriales listas para que la magia de la combinación de luz, tramoya y el poder de la imagen transforme lo industrial en aspiracional. Lo efímero en memorable. Los programas más sublimes son los que consiguen una puesta en escena que crea una atmósfera inconfundible. Mejor si tiene elementos identitarios que hacen al espacio más único. Mejor si hay muchas entradas y salidas que ayudan a los guionistas a que pasen cosas. Raffaella Carrà en nuestro país contaba con un ascensor futurista repleno de humo blanco, María Teresa Campos se sentaba en un sofá con reposabrazos que, en realidad, eran una mesa y Crónicas Marcianas se realizaba desde un platillo volante desde el que contemplar la redondez del planeta Tierra con la distancia suficiente para no tomarse demasiado en serio.Ahora, se prioriza poder reutilizar al máximo el plató sin gastar demasiado en atrezo para cada programa. Así las paredes de pantallas de led reinan en televisión y, también, la han homogeneizado. La destreza está en disfrazarlas bien para que la tele no se tuerza en monotonía y todos los programas no parezcan que estamos en el día de la marmota. El Estudio 1 de Telecinco mantiene una estructura de tres grandes pantallas desde que se apostó por TardeAR en la tarde. Aquella escenografía persiste en todos los programas que se hacen en él. También para El Show de Paz Padilla. La gracia está en cómo disimularlo para que cada formato consiga un universo propio en un mismo lugar que se utiliza para más emisiones de la cadena. En este caso, por aquí, han pasado TardeAR, Uno de GH20, El Tiempo Justo, Horizonte y, este verano, El Show de Paz. Y fijo que algún otro se me olvida.El truco está en incorporar elementos físicos que vistan el led. Incluso en la manera de alimentar el led. Ahí Iker Jiménez es maestro de la sugestión: entre pantalla y pantalla, se añaden unas estanterías repletas de recuerdos del presentador. También se bajan las luces del plató y la pantalla no se llena de grafismos o imágenes de lo que se habla en cada momento, como en todos los programas. Solo se proyecta un característico cielo en movimiento que crea un ambiente propio. De nuevo, se cuida la artesanía clásica de las narrativas televisivas: que es encontrar un tono de equilibrio entre luz, decorado e historia.El show de Paz también ha acertado para distinguirse, a pesar del bajo presupuesto para una escenografía decente. De nuevo, las tres pantallas se visten con paneles en arco. Ya no parecen del todo iguales. Pero, además, se gira el protagonismo teatral de las paredes de led. La pantalla que era central en TardeAr o en Iker Jiménez pasa a ser lateral y la principal es la de la izquierda que, además, se abre. Ya sucedía en el programa de Ana
El arte del camuflaje televisivo.
Paz Padilla ha regresado al plató de Sálvame, el estudio 1 de Mediaset. Aunque ya nada quede de aquella escenografía que acompañó a España tantas tardes. La tele es así: los decorados van pasando por frías naves industriales listas para que la magia de la combinación de luz, tramoya y el poder de la imagen transforme lo industrial en aspiracional. Lo efímero en memorable. Los programas más sublimes son los que consiguen una puesta en escena que crea una atmósfera inconfundible. Mejor si tiene elementos identitarios que hacen al espacio más único. Mejor si hay muchas entradas y salidas que ayudan a los guionistas a que pasen cosas. Raffaella Carrà en nuestro país contaba con un ascensor futurista repleno de humo blanco, María Teresa Campos se sentaba en un sofá con reposabrazos que, en realidad, eran una mesa y Crónicas Marcianas se realizaba desde un platillo volante desde el que contemplar la redondez del planeta Tierra con la distancia suficiente para no tomarse demasiado en serio.Ahora, se prioriza poder reutilizar al máximo el plató sin gastar demasiado en atrezo para cada programa. Así las paredes de pantallas de led reinan en televisión y, también, la han homogeneizado. La destreza está en disfrazarlas bien para que la tele no se tuerza en monotonía y todos los programas no parezcan que estamos en el día de la marmota.El Estudio 1 de Telecinco mantiene una estructura de tres grandes pantallas desde que se apostó por TardeAR en la tarde. Aquella escenografía persiste en todos los programas que se hacen en él. También para El Show de Paz Padilla. La gracia está en cómo disimularlo para que cada formato consiga un universo propio en un mismo lugar que se utiliza para más emisiones de la cadena. En este caso, por aquí, han pasado TardeAR, Uno de GH20, El Tiempo Justo, Horizonte y, este verano, El Show de Paz. Y fijo que algún otro se me olvida.El truco está en incorporar elementos físicos que vistan el led. Incluso en la manera de alimentar el led. Ahí Iker Jiménez es maestro de la sugestión: entre pantalla y pantalla, se añaden unas estanterías repletas de recuerdos del presentador. También se bajan las luces del plató y la pantalla no se llena de grafismos o imágenes de lo que se habla en cada momento, como en todos los programas. Solo se proyecta un característico cielo en movimiento que crea un ambiente propio. De nuevo, se cuida la artesanía clásica de las narrativas televisivas: que es encontrar un tono de equilibrio entre luz, decorado e historia.El show de Paz también ha acertado para distinguirse, a pesar del bajo presupuesto para una escenografía decente. De nuevo, las tres pantallas se visten con paneles en arco. Ya no parecen del todo iguales. Pero, además, se gira el protagonismo teatral de las paredes de led. La pantalla que era central en TardeAr o en Iker Jiménez pasa a ser lateral y la principal es la de la izquierda que, además, se abre. Ya sucedía en el programa de Ana
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