El adiestramiento de humanoides busca mitigar la pérdida de 700 millones de trabajadores en la nación Leer
El adiestramiento de humanoides busca mitigar la pérdida de 700 millones de trabajadores en la nación Leer
La clase arranca a primera hora con el golpeteo metálico de las manos de unos alumnos que todavía no distinguen bien entre un vaso de cristal y una caja de cartón. Los estudiantes, robots humanoides de 1,66 metros de altura, permanecen inmóviles hasta que reciben la orden de un profesor que lleva gafas de realidad virtual, auriculares, sensores en los brazos y mandos que recuerdan a los de una videoconsola.. Los docentes, todos jóvenes ingenieros, mueven lentamente los brazos mientras, frente a ellos, un centenar de robots imitan cada gesto como si fueran su reflejo en un espejo. Todos están unidos por un cordón umbilical invisible de datos. Cuando el profesor gira la muñeca, el robot la gira. Cuando estira el brazo para coger algún objeto, la máquina hace lo mismo. Si falla, vuelve a empezar. Si tropieza, el arnés que cuelga del techo evita la caída. Uno intenta agarrar una botella de detergente; otro clasifica cajas de cartón; un tercero extiende lentamente el brazo hacia una bandeja de plástico.. Miles de veces al día se repite esta escena en un edificio de Shijingshan, un antiguo corazón industrial al oeste de Pekín reconvertido en polo tecnológico, donde China ha levantado la mayor escuela de entrenamiento para robots humanoides del mundo. Aquí educan a las máquinas que la superpotencia asiática espera convertir en la gran fuerza laboral del futuro. El edificio parece una mezcla entre una fábrica, un laboratorio de inteligencia artificial y una escuela de formación profesional. En una planta, los robots aprenden a doblar ropa, guardar utensilios de cocina o sacar medicamentos de un armario. En otra, practican cómo mover cajas en una cadena logística, clasificar paquetes o manipular piezas industriales.. Robots imitan a sus adiestradoresE.M. Todo está cuidadosamente diseñado para parecerse al mundo real. Las cocinas tienen platos sucios. Los salones cuentan con sofás, mesas y juguetes infantiles. Las fábricas reproducen líneas de montaje auténticas. Incluso la iluminación cambia constantemente para que las máquinas aprendan que una taza sigue siendo una taza tanto bajo una luz blanca como bajo una bombilla amarillenta.. Detrás del proyecto está el Gobierno y la empresa Leju Robotics, una de las compañías que lideran la carrera por fabricar humanoides capaces de convivir y trabajar junto a los humanos. Y, llegado el caso, incluso sustituirlos. «Entrenar un robot se parece mucho a enseñar a un niño pequeño o a una mascota», explica Zhang Lifeng, uno de los instructores. «Todo consiste en ensayo, error, demostración y repetición. No basta con decirle qué debe hacer. Tiene que intentarlo cientos de veces».. Leng Xiaokun, fundador de Leju Robotics, explica que usan distintos modelos nacionales de IA para hacer el papel del cerebro de estas máquinas. «Los robots son el cuerpo que ejecuta las decisiones. Este proceso es lo que conocemos como inteligencia encarnada, que surge cuando ambos trabajan como un solo sistema».. Feng Lu, una de las profesoras, pasa seis horas diarias repitiendo exactamente los mismos movimientos delante de sus alumnos metálicos. «Al principio el robot no tiene conciencia. Tengo que controlarlo manualmente. Después aprende con los datos y ya puede hacerlo solo».. En Shijingshan trabajan alrededor de 200 instructores humanos. Cada jornada generan millones de puntos de datos que posteriormente alimentan modelos de IA. Una vez entrenados, esos modelos regresan a los robots, que vuelven a practicar con nuevas capacidades. El resultado empieza a verse fuera del laboratorio con los alumnos que ya graduados.. Robots aprenden a introducir objetos en una caja de cartónE.M. Varios robots entrenados aquí trabajan en las plantas del fabricante automovilístico FAW Hongqi, donde transportan cajas, clasifican piezas y realizan tareas repetitivas que antes recaían sobre operarios humanos. Según Leju Robotics, su productividad ronda ya el 70% de la de un trabajador experimentado, una cifra que todavía impide reemplazar a los técnicos especializados, pero más que suficiente para justificar su incorporación en determinados procesos industriales.. La fiebre por formar robots ya no se limita a este edificio de Shijingshan. Desde Pekín hasta Shanghai, pasando por Shenzhen, China está levantando una red nacional de las llamadas «escuelas profesionales para androides» con una velocidad que recuerda al despliegue de las fábricas de vehículos eléctricos hace apenas una década. El objetivo es el mismo: dominar antes que nadie una industria que el gigante asiático considera estratégica para las próximas décadas.. La siguiente gran parada de esa red acaba de abrir en Zhangjiang, un nuevo barrio tecnológico de Shanghai. Allí se ha construido una instalación de más de 5.000 metros cuadrados donde conviven más de un centenar de robots desarrollados por una docena de fabricantes nacionales. Su gran novedad consiste en que intentará resolver uno de los principales quebraderos de cabeza de la industria: que robots fabricados por empresas distintas puedan aprender unos de otros.. Hoy cada fabricante utiliza motores, articulaciones y arquitecturas diferentes. Los datos que genera un robot suelen ser inútiles para otro modelo. En la escuela de Shanghai se quiere romper con esa barrera creando una gigantesca plataforma compartida de entrenamiento. «Nuestro objetivo es convertirnos en la infraestructura básica de toda la industria», ha explicado Xu Bin, director del centro. «Queremos que los datos puedan compartirse entre diferentes fabricantes y acelerar el desarrollo de todo el ecosistema».. Todos estos centros de entrenamiento son fundamentales en la estrategia del Gobierno de Xi Jinping para liderar la gran revolución robótica. Como ocurrió con los paneles solares, las baterías o los coches eléctricos, Pekín está desplegando una combinación de subsidios, planificación industrial, financiación pública y compras estatales para acelerar el nacimiento de un campeón nacional.. El año pasado, los robots humanoides chinos representaron alrededor del 85% del mercado mundial, según un informe reciente de Barclays. De los más de 13.000 robots humanoides vendidos en 2025, AGIBOT y Unitree, dos de las principales empresas de robótica de China, enviaron cada una más de 5.000, muy por encima de sus principales rivales estadounidenses, Figure AI y Tesla. Un informe de Morgan Stanley prevé que las ventas de humanoides en China se dupliquen con creces este año, alcanzando alrededor de 28.000 unidades. Se estima que los envíos anuales de robots chinos avanzados podrían superar el millón de unidades para 2030.. AE Robots 2026. Algunos fabricantes de robots aseguran que el negocio ya ha dejado de ser una promesa para convertirse en una actividad rentable. Unitree afirmó haber facturado el año pasado 1.700 millones de yuanes (unos 220 millones de euros) y obtenido un beneficio superior a los 278 millones de yuanes (alrededor de 36 millones de euros).. Pekín anunció hace unos meses un fondo de un billón de yuanes -unos 120.000 millones de euros- destinado durante dos décadas al desarrollo de las llamadas «nuevas fuerzas productivas», un concepto político que engloba IA, computación cuántica, biotecnología y robótica. Las administraciones locales recibieron además instrucciones para incorporar cuanto antes robots con IA a hospitales, almacenes logísticos, comercios, fábricas y centros sanitarios. El objetivo pasa por instalar este año más de 10.000 robots humanoides en escenarios comerciales reales.. Según la Federación Internacional de Robótica, China instaló el año pasado más robots industriales que el resto del mundo junto y concentra ya cerca de dos millones de unidades operando en sus fábricas. Más de la mitad de los nuevos robots instalados ya son de fabricación nacional.. Toda esta gran apuesta responde también a razones demográficas. China envejece a una velocidad inédita. La población en edad de trabajar alcanzó su máximo hace apenas unos años, rozando los 1.000 millones de personas. Según las proyecciones de Naciones Unidas, esa cifra podría reducirse hasta unos 300 millones antes de terminar el siglo.. El futuro pasa por los humanoides. Pero aquí también entra en juego el dilema de lo que muchos en el país asiático llaman la «gran sustitución». Hace unas semanas, Liu Qiangdong, fundador del gigante del comercio electrónico JD.com, pronosticó que «tarde o temprano» los robots terminarán reemplazando a sus más de 700.000 repartidores.. La gran revolución robótica que imagina Pekín apunta cada vez más hacia los hogares. Mientras los ingenieros enseñan a los humanoides a transportar mercancías o asistir a ancianos, otras empresas compiten por crear una nueva categoría: el robot inteligente de compañía.. La firma china UBTech acaba de abrir la preventa del primer robot humanoide ultrabiónico de tamaño real diseñado para ofrecer compañía emocional. Bautizado como U1, el androide -disponible en versión masculina y femenina- incorpora IA afectiva, memoria encriptada y 88 articulaciones capaces de reproducir movimientos y gestos más naturales.. «Creo que dentro de diez o veinte años la próxima generación podría enamorarse de los robots humanoides», aventuró Zhou Jian, director ejecutivo de UBTech. Aun así, matizó que su empresa no pretende fabricar «robots sexuales», sino compañeros capaces de conversar, ver una película con el usuario o simplemente hacerle compañía.. En Shijingshan, mientras tanto, la siguiente clase ya ha comenzado. Una profesora vuelve a colocarse los sensores en los brazos. Frente a ella, un robot permanece inmóvil esperando instrucciones. Dentro de unos minutos intentará recoger otra caja, abrir otro cajón o transportar otra pieza metálica. Volverá a equivocarse decenas de veces. Y cada uno de esos errores viajará inmediatamente a una gigantesca base de datos donde millones de pequeños fallos se convertirán, poco a poco, en inteligencia.. Porque la imagen que resume la nueva carrera tecnológica de China no es la de un robot bailando sobre un escenario ni corriendo una maratón para impresionar al mundo y hacerse viral, sino la de cientos de máquinas aprendiendo pacientemente los gestos más cotidianos de la vida humana.
Actualidad Económica // elmundo
