En América Latina y el Caribe hemos aprendido que la diversidad puede convertirse en fortaleza cuando decidimos trabajar juntos. En una región marcada por profundas desigualdades, la cooperación educativa ha sido una herramienta concreta para avanzar en lo esencial sin perder identidad.. Seguir leyendo
Cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos individuales entre un 9% y un 10% y contribuye al crecimiento económico
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En América Latina y el Caribe hemos aprendido que la diversidad puede convertirse en fortaleza cuando decidimos trabajar juntos. En una región marcada por profundas desigualdades, la cooperación educativa ha sido una herramienta concreta para avanzar en lo esencial sin perder identidad.. Así ocurrió con las grandes campañas de alfabetización y con los primeros proyectos regionales que más tarde inspirarían metas globales como el ODS 4. Ese trabajo compartido no solo produjo acuerdos: consolidó las bases para impulsar una educación de calidad para todas y todos.. Uno de sus mayores aportes al mundo ha sido sostener espacios de diálogo entre ministras y ministros, equipos técnicos y especialistas en varios ámbitos del área educativa. Allí se comparten experiencias, se construyen consensos y se alinean prioridades. Cuando ese intercambio es constante, se traduce en políticas públicas reales y sostenidas en el tiempo.. El contexto actual refuerza esa necesidad. Las tensiones geopolíticas, la reducción del financiamiento y la fragmentación del escenario global hacen que la cooperación regional ya no sea opcional. Cuando la región lidera sus propios acuerdos, fortalece su autonomía y reduce la dependencia de factores externos.. Estos compromisos han tenido efectos concretos: reformas curriculares exitosas, fortalecimiento de la formación docente y políticas de equidad que impactan en millones de estudiantes. También se han creado instrumentos que orientan la acción, como la hoja de ruta acordada en el marco del Comité Directivo del ODS 4, la Estrategia Regional Docente, la red RIINEE de educación inclusiva y la Hoja de Ruta de Santiago para el deporte y la educación inclusivos. Más que declaraciones, son marcos que ordenan prioridades y acompañan cambios en los sistemas educativos.. Un ejemplo emblemático es el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), que desde hace más de 30 años analiza los aprendizajes de los estudiantes de la región. Su evaluación ERCE —única en el mundo y pensada para la región— entrega resultados contextualizados y evidencia relevante para América Latina y el Caribe. Gracias a este esfuerzo conjunto, hoy contamos con evidencia propia para identificar brechas y orientar decisiones.. Los logros muestran que la cooperación sostenida genera avances reales. Hace cinco décadas, uno de cada cinco adultos en la región no sabía leer. Hoy, el 95% de la población está alfabetizada.Este progreso no fue casual: respondió a políticas consistentes y a un compromiso regional compartido. Sin embargo, persisten brechas importantes, especialmente en lectura y matemáticas.. El derecho a la educación debe llegar a quienes históricamente han quedado atrás. La educación es también una decisión estratégica de desarrollo. Cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos individuales entre un 9% y un 10% y contribuye al crecimiento económico. Además de mejorar trayectorias personales, fortalece la cohesión social y amplía oportunidades.. Para que ese potencial se concrete, el derecho a la educación debe llegar a quienes históricamente han quedado atrás: comunidades rurales, pueblos indígenas, poblaciones afrodescendientes y personas con discapacidad. Compartir aprendizajes entre países acelera ese proceso y permite adaptar soluciones que ya han demostrado ser efectivas en contextos similares.. Hoy enfrentamos retos que trascienden fronteras: brechas digitales, crisis climática, violencia escolar y el avance acelerado de la inteligencia artificial. La IA ya forma parte de los sistemas educativos en toda la región. Su desarrollo plantea oportunidades significativas, pero también riesgos vinculados a la equidad y la ética. Abordarlos requiere coordinación y evidencia compartida.. En esa línea, se impulsa el Observatorio de IA en Educación para América Latina y el Caribe, una iniciativa destinada a fortalecer capacidades, intercambiar experiencias y orientar políticas responsables en esta materia.. La cooperación educativa es, en el fondo, una decisión de futuro. Un futuro donde los países no compiten por soluciones aisladas, sino que comparten lecciones aprendidas, evidencias y capacidades con pertinencia regional y mirada de largo plazo. En un territorio tan diverso, cooperar no es pensar igual: es avanzar juntos.. Esther Kuisch Laroche es directora de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Unesco y miembro del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
