Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer
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Audio generado con IA. Pasado mañana, 22 de septiembre, comienza el otoño astronómico. Pero dentro de 11 días, el 1 de octubre, es el inicio de la temporada de invierno para la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Gas (ENTSOG, por sus siglas en inglés). La Unión Europea afronta el inicio de esa estación gasista con el 68,5% de su capacidad de almacenamiento llena, un 20% por debajo de la media de los últimos cinco años, y la cifra más baja en 15 años. Encima, los niveles son especialmente bajos en los dos mayores hubs gasistas del continente: Alemania y Holanda. Es consecuencia de la pérdida del gas ruso por gasoductos (debido a la invasión de Ucrania), y el qatarí, que llegaba en barcos (por el ataque a Irán). Así pues, el margen de maniobra para este año es verdaderamente pequeño. Con ese panorama, vamos a pasarnos hasta que el invierno gasista acabe el 1 de marzo, rezando para que el efecto invernadero actúe y no tengamos que poner la calefacción.. El daño a la capacidad exportadora de gas de Qatar causado por la guerra israelí-estadounidense contra Irán va a durar al menos hasta 2031. Así lo revelan las negociaciones del monopolio estatal qatarí de la energía QatarEnergy con empresas de EEUU para alcanzar contratos de suministro de gas licuado (GNL) de 2027 a 2031. El plan de Qatar es reenviar el gas estadounidense a sus clientes, sobre todo en Asia, con los que tiene contratos de suministro a largo plazo (normalmente de entre 10 y 25 años, aunque en llegan hasta 27). Hasta que estalló la guerra. Qatar era el segundo exportador de GNL tras, precisamente, EEUU. Ahora, sus exportaciones han caído prácticamente a cero, no solo por el bloqueo del estrecho de Ormuz sino, también, por la destrucción por Irán del 17% de su capacidad de exportación de ese hidrocarburo. El estado de Texas, que produce él solo más gas que Noruega, es, así, uno de los beneficiarios de la guerra.. La cumbre anual entre la UE y el Reino Unido iba a ser el 22 julio. Pero, como el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, llegó al poder dos días antes, la UE la pospuso. Así es como quedó fijada para el 6 de noviembre. Y ahora Londres y Bruselas han decidido volver a aplazarla, como pronto, para finales de ese mes. El principal -pero único- escollo es el proyecto de política industrial europea que, en una era de proteccionismo (y en un bloque al que nunca le ha gustado demasiado el liberalismo), limita las compras públicas de bienes y servicios producidos por empresas ajenas a la UE. Londres pide ser excluido de esa legislación, que aún no ha sido aprobada. Pero la Comisión ya ha presentado su propuesta y modificarla exige la aprobación tanto del Parlamento Europeo como de los Estados miembros reunidos en el Consejo. Si Londres quiere una excepción, tendrá que convencer a bastante más gente que a la Comisión.. Con un 23,3% de su oferta eléctrica generada por centrales nucleares, la UE tiene en materia de Inteligencia Artificial (IA) una ventaja competitiva a priori respecto a EEUU, donde esa proporción cae al 18,6%. Y, sin embargo, es al otro lado del Atlántico donde los hyperscalers (apunte ese nombre: son las grandes empresas que operan las redes de centros de datos y de computación en la nube que necesita la IA) usan la producción de las nucleares. Ahora, esa dinámica podría estar empezando a cambiar. La semana pasada, Google llegó a un acuerdo con la nuclear de Loviisa, en Finlandia, para comprar el 50% de su producción desde 2030 hasta 2049, dentro del plan del hyperscaler (no se olvide de esa palabra) para invertir 13.000 millones de euros en infraestructura de IA en el país nórdico. Aunque no se han dado cifras, es posible que entre Google pague entre 2.000 y 4.000 millones en concepto de factura de la luz a Fortum, la dueña de la nuclear.. En EEUU, cerca del 10% de los trabajadores ha tenido un empleo en la misma empresa en la que estaba trabajando simultáneamente alguno de sus progenitores (ver gráfico). Las cifras varían según el grupo étnico, lo que podría deberse a factores culturales, como que los asiáticos y los hispanos valoran más las relaciones familiares. Pero la tendencia es clara. Y en aumento. De hecho, el 78% de los estadounidenses ven las conexiones personales como «muy importantes» para conseguir un empleo. La proliferación de las plataformas online de ofertas de trabajo no ha cambiado esto. En la más grande de ellas, LinkedIn (propiedad de Microsoft) entre un 20% y un 30% de los posts podrían anunciar ofertas de trabajo que no existen. En este mes de septiembre, en el que se suele decidir quiénes de los trabajadores que estuvieron en verano en prácticas se quedan y quiénes se van, esas cifras recuerdan que, a menudo, la meritocracia no es más que un eslogan.. Es muy probable que esta semana sea imposible encontrar una habitación de hotel en Nueva York, salvo que uno esté dispuesto a pagar, estilo El mercader de Venecia, con una libra de su propia carne. La razón es un evento que enfurece a los neoyorquinos porque cierra las calles, aumenta los de por sí demoniacos atascos de la ciudad y, en general, les da motivos para justificar su estado de cabreo permanente: la Asamblea General de la Naciones Unidas. Pero, aunque incomodo, el evento es, también, una inyección económica enorme para la ciudad. Cada Asamblea genera entre 40 y 75 millones en gasto directo en Nueva York, que apenas tiene que aumentar el gasto en seguridad en unos 25 millones (y logra que el estado federal le reembolse el 80% de esa cantidad). Hace diez años, un estudio del Ayuntamiento neoyorquino estimaba en 3.200 millones de euros la actividad económica que para la ciudad suponía ser la sede de Naciones Unidas.
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