Cuando decimos que algo es ‘canela en rama’ queremos expresar que goza de una calidad suprema. Esta popular expresión se utiliza desde hace siglos para alabar lo exquisito, puro y muy superior a la media, y hoy en día la aplicamos a cualquier elemento cotidiano que destaca (desde un plato de comida delicioso hasta el talento desbordante de una persona).Para encontrar el origen de esta expresión debemos viajar hasta la Edad Media, época en la que las especias eran productos considerados de gran lujo traídos desde el Lejano Oriente a través de largas y peligrosas rutas comerciales. La canela era una de las mercancías más codiciadas y caras del mercado de aquella época.El verdadero secreto de la locución reside en la forma de presentación de esta valorada especia. Antiguamente la canela se comercializaba de dos maneras distintas, ya fuera molida o en su estado natural, enrollada en los clásicos tubos de corteza seca que llamamos ‘ramas’.En aquella época, comprar la especia molida entrañaba un riesgo importante, debido a que los comerciantes menos honestos a menudo la adulteraban mezclándola con polvo de ladrillo, serrín u otras cortezas sin valor para aumentar sus ganancias y engañar a los compradores.Por tal motivo, el hecho de adquirir la canela en rama garantizaba una pureza y una autenticidad absolutas, pues era materialmente imposible falsificar el producto en ese formato original. Al ofrecer esa seguridad total frente al engaño con la canela molida, el término saltó al lenguaje cotidiano para definir cualquier cosa excelente, genuina y libre de engaños.
Durante muchos siglos la canela en rama se consideró una garantía de pureza imposible de falsificar.
Cuando decimos que algo es ‘canela en rama’ queremos expresar que goza de una calidad suprema. Esta popular expresión se utiliza desde hace siglos para alabar lo exquisito, puro y muy superior a la media, y hoy en día la aplicamos a cualquier elemento cotidiano que destaca (desde un plato de comida delicioso hasta el talento desbordante de una persona).Para encontrar el origen de esta expresión debemos viajar hasta la Edad Media, época en la que las especias eran productos considerados de gran lujo traídos desde el Lejano Oriente a través de largas y peligrosas rutas comerciales. La canela era una de las mercancías más codiciadas y caras del mercado de aquella época.El verdadero secreto de la locución reside en la forma de presentación de esta valorada especia. Antiguamente la canela se comercializaba de dos maneras distintas, ya fuera molida o en su estado natural, enrollada en los clásicos tubos de corteza seca que llamamos ‘ramas’.En aquella época, comprar la especia molida entrañaba un riesgo importante, debido a que los comerciantes menos honestos a menudo la adulteraban mezclándola con polvo de ladrillo, serrín u otras cortezas sin valor para aumentar sus ganancias y engañar a los compradores.Por tal motivo, el hecho de adquirir la canela en rama garantizaba una pureza y una autenticidad absolutas, pues era materialmente imposible falsificar el producto en ese formato original. Al ofrecer esa seguridad total frente al engaño con la canela molida, el término saltó al lenguaje cotidiano para definir cualquier cosa excelente, genuina y libre de engaños.
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