Donald Trump mira a la selección con la megalomanía que le llevó al éxito mediático como antesala de líder de Estados Unidos. La observa como el niño que también quiere quedarse con el trofeo. Encima es dorado, con lo que le gusta a él un buen dorado. Es el momento: entrega la Copa del Mundo a la selección española. Pero Trump no acaba de apartarse del pedestal. No puede evitarlo: necesita estar en la foto. Necesita estar en el centro de atención perpetuamente. La cámara de la tele lo retrata. También cuando Rodri espera que se marche. También cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, le saca del escenario discretamente. Sin que se note demasiado. Sin que lo note él mismo, de hecho. Porque era el turno de la merecida celebración de España. Mientras la realización de la tele mostraba, a la vez, a Messi partir hacia el vestuario. Con la emoción de la última vez en los ojos. La imagen que cuenta. La imagen de la tele que no solo ve, sobre todo sabe mirar. Y nos introduce en todos los estados de ánimo de una noche pletórica en la que los norteamericanos nos quisieron hacer creer que se iban a hacer una SuperBowl. Con su gran número musical en el descanso. Así la transversalidad del futbol de masas se ensanchaba un poco más. Incorporando el “ay, fíjate” entre la primera y segunda parte del partido: “Ay, fíjate, cómo está Madonna, “Ay, fíjate, qué bien se mueve Shaki”. Pero, esta vez, no se ha logrado un Bad Bunny. Tampoco se ha pretendido, que aquí no hay los anuncios de la SuperBowl para financiar un gran número. Ni siquiera el tiempo suficiente para no romper el clímax futbolero. Las actuaciones han sido más un ejercicio de promoción para los artistas. Promoción que ha convertido virtud de la necesidad.La primera Madonna, que directamente se hizo un videoclip. Ella, correteando por las supuestas tripas del estadio para entrar dos míseros segundos al campo. Todo el previo grabado, claro. Sin disimular los cortes de edición. A tope de teletransporte. Que si está con un DJ, que si aparece en un coche, que si camina hacia el terreno de juego. Como prueba de que estaba allí, de verdad, de la buena. Aún así la estampa no era suficiente y Madonna, experta en crear memes antes de que conociéramos la palabra meme, ha estado escoltada por Ronaldo y Ronaldinho, los dos sonriendo fuerte. Ya que no bailan demasiado, pues “dientes, dientes” cual forma infalible de comunicación no verbal. Después apareció Gustavo Dudamel, el director de orquesta venezolano y director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva Yor. Con Kermit, Miss Piggy que estuvo más tiempo que Madonna en el campo, junto con otros simpáticos personajes de The Muppets. Los norteamericanos siempre pensando en todos los públicos. Aunque meta unos muñecos a presión. Así la cerdita dio paso a BTS, Justin Bieber y el colofón de Shakira, que ya es experta en mundiales con color español. Lo más interesante es la ma
La realización televisiva ha mostrado detalles para la historia.
Donald Trump mira a la selección con la megalomanía que le llevó al éxito mediático como antesala de líder de Estados Unidos. La observa como el niño que también quiere quedarse con el trofeo. Encima es dorado, con lo que le gusta a él un buen dorado. Es el momento: entrega la Copa del Mundo a la selección española. Pero Trump no acaba de apartarse del pedestal. No puede evitarlo: necesita estar en la foto. Necesita estar en el centro de atención perpetuamente. La cámara de la tele lo retrata. También cuando Rodri espera que se marche. También cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, le saca del escenario discretamente. Sin que se note demasiado. Sin que lo note él mismo, de hecho. Porque era el turno de la merecida celebración de España. Mientras la realización de la tele mostraba, a la vez, a Messi partir hacia el vestuario. Con la emoción de la última vez en los ojos. La imagen que cuenta. La imagen de la tele que no solo ve, sobre todo sabe mirar. Y nos introduce en todos los estados de ánimo de una noche pletórica en la que los norteamericanos nos quisieron hacer creer que se iban a hacer una SuperBowl. Con su gran número musical en el descanso. Así la transversalidad del futbol de masas se ensanchaba un poco más. Incorporando el “ay, fíjate” entre la primera y segunda parte del partido: “Ay, fíjate, cómo está Madonna, “Ay, fíjate, qué bien se mueve Shaki”. Pero, esta vez, no se ha logrado un Bad Bunny. Tampoco se ha pretendido, que aquí no hay los anuncios de la SuperBowl para financiar un gran número. Ni siquiera el tiempo suficiente para no romper el clímax futbolero. Las actuaciones han sido más un ejercicio de promoción para los artistas. Promoción que ha convertido virtud de la necesidad.La primera Madonna, que directamente se hizo un videoclip. Ella, correteando por las supuestas tripas del estadio para entrar dos míseros segundos al campo. Todo el previo grabado, claro. Sin disimular los cortes de edición. A tope de teletransporte. Que si está con un DJ, que si aparece en un coche, que si camina hacia el terreno de juego. Como prueba de que estaba allí, de verdad, de la buena. Aún así la estampa no era suficiente y Madonna, experta en crear memes antes de que conociéramos la palabra meme, ha estado escoltada por Ronaldo y Ronaldinho, los dos sonriendo fuerte. Ya que no bailan demasiado, pues “dientes, dientes” cual forma infalible de comunicación no verbal. Después apareció Gustavo Dudamel, el director de orquesta venezolano y director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva Yor. Con Kermit, Miss Piggy que estuvo más tiempo que Madonna en el campo, junto con otros simpáticos personajes de The Muppets. Los norteamericanos siempre pensando en todos los públicos. Aunque meta unos muñecos a presión. Así la cerdita dio paso a BTS, Justin Bieber y el colofón de Shakira, que ya es experta en mundiales con color español. Lo más interesante es la ma
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