Durante la guerra, el banco central mantiene tasas de interés estables pero se abstiene de comprometerse con una trayectoria específica en los próximos meses en medio de «prospectivas mucho más inciertas». El banco central ha aumentado su pronóstico de inflación de 2026 en 0,7 puntos porcentuales a 2,6%, debido a los efectos secundarios de los precios más altos del gas y el petróleo.
Durante la guerra, el banco central mantiene tasas de interés estables pero se abstiene de comprometerse con una trayectoria específica en los próximos meses en medio de «prospectivas mucho más inciertas». El banco central ha aumentado su pronóstico de inflación de 2026 en 0,7 puntos porcentuales a 2,6%, debido a los efectos secundarios de los precios más altos del gas y el petróleo.
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido por unanimidad mantener estables los tipos de interés oficiales en la zona euro que afectan tanto a la remuneración del ahorro de los ciudadanos como al coste de sus préstamos e hipotecas, aunque alerta ya de «riesgos al alza para la inflación» y de unas «perspectivas mucho más inciertas» por la guerra en Oriente Próximo.
El consejo de gobierno del BCE, reunido desde ayer en Fráncfort, ha acordado, por lo tanto, mantener los tres tipos oficiales de referencia en los mismos niveles por sexta reunión consecutiva. Desde el pasado mes de junio de 2025, cuando el banco central realizó la última de sus rebajas en el precio del dinero en la Eurozona, los tipos oficiales se mantienen en cotas del 2% para la facilidad de depósito; sobre el 2,15% en el tipo principal de financiación (que es la referencia para fijar el coste de los préstamos) y en el 2,4% para el tipo marginal de financiación.
Ahora bien, el BCE deja claro que «tiene la determinación de asegurar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo» y esto implica mano dura para evitar el alza de los precios y empezar a preparar a los inversores ante lo que está por venir. «La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas», sostiene en su comunicado el BCE este jueves que considera que «la guerra tendrá un impacto importante» en los precios a corto plazo «debido al encarecimiento de los precios de la energía».
En consonancia con estas afirmaciones, y habiendo incluido «de manera excepcional» datos hasta el 11 de marzo para realizar sus previsiones, el organismo ha revisado al alza sus perspectivas de inflación y a la baja las relativas al crecimiento de la economía de la zona euro. Así, el BCE eleva desde el 1,9% anterior hasta el 2,6% la inflación prevista para este año, que encaja el mayor de los golpes; frente a alzas más moderadas de 1 décima para 2027, hasta el 2%; y también para 2028, cuando se espera que el IPC general se sitúe sobre el 2,1%, todavía por encima del objetivo del banco central. Para Lagarde, más allá de las cifras, es una cuestión de confianza de los consumidores y de las empresas, quienes, asegura, podrían empezar a cerrar el grifo de su gasto e inversiones, y esto termina impactando en el crecimiento de la economía.
«Los expertos prevén que el crecimiento económico se situará, en promedio, en el 0,9 % en 2026, el 1,3 % en 2027 y el 1,4 % en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo», afirma el BCE en su nota. Las previsiones anteriores, del pasado mes de diciembre, apuntaban a un avance del PIB de la Eurozona del 1,2% para este ejercicio, un 1,4% en 2027 y en el 1,4% este 2028. En todo caso, Lagarde, durante la conferencia de prensa, quiso advertir a los gobiernos nacionales que toda medida fiscal que puedan adoptar para paliar los efectos de esta crisis energética debe ser «temporal y ajustada» a las circunstancias actuales. Precisamente, este viernes el Gobierno ha convocado un consejo de ministros extraordinario para aprobar medidas enfocadas a ayudar a los agricultores y ganaderos en la subida reciente del precios de los combustibles y los fertilizantes, entre otros.
La decisión del banco central se comunica en una sesión negra para las bolsas europeas, con caídas que superan el 2% en las principales plazas y con el precio de la energía disparado. El gas europeo, TTF, que se utiliza de referencia para marcar los precios protagoniza hoy subidas del 25%, por encima de los 68 MGW/h. En el balance de poco más de tres semanas de guerra en Oriente Próximo, el precio del gas más que se ha duplicado (sube un 112%), tras la escalada del conflicto en la región, con ataques a algunos de los principales yacimientos de gas en Irán y en emiratos como Catar, además de los bombardeos incesantes sobre plantas petrolíferas que suman al cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del suministro mundial tanto de petróleo como de gas.
El mercado lleva varias semanas descontando un cambio en la hoja de ruta del Banco Central Europeo, que preveía vivir un 2026 tranquilo y sin modificaciones en las tasas oficiales. Todo apunta a que podría no ser así, aunque algunas firmas de análisis consideran precipitado hablar de subidas de las tasas en la zona euro a solo tres semanas desde que se iniciara el conflicto y pudiendo circunscribirlo a solo un momento puntual de tensión en el suministro. «No vemos sentido a subir tipos para combatir un shock de oferta, en lo que podría suponer repetir los errores del pasado como las subidas de tipos de Trichet en 2008 y 2011 en respuesta a los mayores precios del crudo, que luego hubo que recortar ante la Gran Crisis Financiera y la crisis de deuda europea», señalan desde Renta 4.
Pero la realidad es que los ciudadanos europeos ya podrían estar asumiendo un mayor costede la vida tanto en la cesta de la compra, con alimentos más caros, como en el uso del coche, a raíz del aumento del precio de la gasolina y el diésel; a lo que suma una revisión en las hipotecas al alza. El Euribor, que es el indicador que se utiliza para fijar el precio de los préstamos para comprar vivienda, cotiza hoy sobre el 2,52% en su referencia a doce meses vista (esto implica que se espera que los préstamos sigan encareciéndose el próximo año) y en la media provisional del mes se sitúa por encima del 2,407%. Son niveles parecidos a un año atrás en plena bajada de los tipos de interés. De hecho, Christine Lagarde ha mencionado en su discurso cómo ya los bancos han empezado a incrementar el coste de los préstamos en la Eurozona en este arranque de año.
Más allá de Oriente Próximo, en EEUU los inversores tienen otro frente abierto, no menos preocupante que es el de los fondos de crédito privado. En las últimas semanas grandes gestoras de capital y deuda privada, como Morgan Stanley, BlackRock, Apollo, Ares o Blue Owl, se han visto obligados a limitar los reembolsos a sus fondos ante una avalancha de peticiones de salida por parte de los inversores. A esta cuestión se ha referido este jueves el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, que ha reconocido que el organismo lleva meses poniendo especial atención a esta situación, que considera «limitada» a EEUU con bajo riesgo de contagio hacia los fondos europeos. De Guindos ha denunciado lo obvio, «falta de transparencia» o «la opacidad» con la que operan estos vehículos que impiden conocer «cómo ha caído la valoración de los activos» donde están invertidos. El BCE reconoce estar especialmente vigilante ante sus elevados niveles de endeudamiento en empresas en desarrollo y por la aparición de los denominados fondos de continuidad que sirven para seguir invertidos en estas empresas, algo que contrasta con el fin último del private equity o private debt, que consiste en invertir 5,6 ó 7 años y salir para buscar una nueva inversión.
«El principal factor de riesgo proviene del doble impacto energético que afronta Europa. Por un lado, el alza del precio del petróleo se refleja rápidamente en el precio de los combustibles en las gasolineras. Por otro lado, el aumento del precio del gas natural tardará más en repercutir: los proveedores suelen tardar entre seis y nueve meses en ajustar sus tarifas, lo que implica un impacto retardado en las facturas de energía de hogares y empresas», afirma Benedicte Kukla, directora de Estrategia del banco privado Indosuez Wealth Management.
«Como importador neto de energía, el impacto del petróleo amenaza seriamente la inflación de la zona euro. Aunque el BCE puede ignorar un choque energético puro en la tasa general, no tolerará que las expectativas de inflación se desvinculen si los mayores costes se trasladan a la inflación subyacente a través de subidas salariales y de los precios de los servicios», subrayan desdeTwentyFour Asset Management, boutique de Vontobel. Con el dato de febrero, la inflación se mantiene bajo control según los criterios del banco central, en niveles del 1,9%, dos décimas por encima del arranque de año. En cualquier caso, distintos miembros del consejo de gobierno del BCE llevan semanas replicando el discurso oficial sobre la capacidad de Fráncfort de hacer «todo lo que sea necesario» para mantener los precios bajo control y evitar así un episodio similar al vivido entre 2021 y 2022 a raíz de la pandemia y la posterior guerra de Ucrania. Es algo que, en este momento, se ve alejado.
«No creemos probable un escenario económico y de mercado semejante al de 2022: la zona del euro no sufre escasez energética, importa muy poco a través del estrecho de Ormuz y no prevemos interrupciones en el suministro», señalan desde la gestora neoyorquina Neuberger Berman.
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