Se habló mucho de La casa de Los Gemelos, el reality sin escrúpulos desde Youtube. Se comentó mucho porque indignó en unas redes sociales que promocionan más rápido el impacto violento que las ideas de largo recorrido.. Las barbaridades de personajes como La Marrash y la Falete se convirtieron en carne de meme. Aunque fuera imposible seguir la convivencia en directo. Porque solo era ruido hacia ninguna parte. Sin embargo, son tan mímicos que sus momentos destacados se movían con facilidad por la vialidad. Lo que propició el magnetismo de la superioridad moral en los usuarios de las redes sociales. De dos tipos. Los que comentan por el bochorno de la indignación. Y los que lo disfrutan porque confunden entretenimiento con reírse de las vulnerabilidades ajenas. Son los que siempre piden un poco más de sangre en el asador o se piensan que la tele-realidad se queda descafeinada.. Los propios Gemelos pinta que saben que su fortaleza es su debilidad. Así que han dado un paso más allá a su convivencia sin piedad y se han sacado de la manga La cárcel de Los Gemelos. Es lo mismo, pero no es lo mismo.. Ya de por sí el nombre nos traslada a un ambiente más indecente, más furtivo. Incluso más outsider. Les han puesto monos naranjas y para delante. A pesar de ello, solo están hablando de la nueva versión su fandom. No ha transcendido como la segunda parte del reality. Porque ya no son novedad. Ya ni siquiera irrita ver cómo Labrador lanza en un carro de la compra a Tiparraco contra la pared.. El exabrupto impacta, pero la complicidad fiel se despierta en las historias de largo recorrido. Esas con las que te identificas al entender la motivación de los personajes más allá de una trastada de adolescentes perdidos en la vida. Aquí, en cambio, el público potencial empieza a deducir que no se puede fiar del programa. Todo vale. También vender como participantes estelares gente que luego ni aparece. Como Aramís, La Legionara, Ylenia… Fichajes que solo sonaron como un cebo fake.. El reality sigue siendo un peligro para los que lo consumen sin conciencia crítica, pues esconde y hasta legitima la deshumanización del frágil. Youtube lo permite, saliendo de rositas de toda responsabilidad con el conenido que acoge. Se limpia las manos a la vez que ingresa dinero con los visionados de un sórdido directo que solo trasciende en la conversación social si se pone más extremo. Con denuncias sobre tenencias de drogas, visitas de la policía… Con actitudes machistas, racistas y LGTBIfobas. No paran. Tanto que parecen seres de hace veinte años. Estar en la línea roja es su forma de visibilidad. Pero vivir tensionando los límites solo tiene un desenlace: el filo de la cuerda se rompe y te caes al vacío.. Al final, La casa de Los Gemelos o La cárcel de Los Gemelos entra como un mal video de Tiktok en nuestra memoria: en directo es incómodo de mirar y difícil de escuchar. Y en diferido, sobresaltan en nuestra mirada como cachitos de novatadas protagonizadas por los que creían que denigrándose eran aceptados por los populares de la clase. Cuando, en realidad, estaban siendo utilizados como bufones por los que nunca han visto actuar a un payaso real. Con toda su fantasía, con toda su creatividad, con toda la imaginación de la ironía que da alas a la experiencia de la inteligencia. Se nota, porque aquí se piensan que un show es usa a personas perdidas haciéndolas creer que están siendo encontradas. Algo falla si alguien piensa que es entretenimiento creativo el abismo de la mofa sin ningún miramiento, sin ápice de reflexión y empatía. Buena perversión llevamos encima.
Buscar la polémica como modo de éxito.
Se habló mucho de La casa de Los Gemelos, el reality sin escrúpulos desde Youtube. Se comentó mucho porque indignó en unas redes sociales que promocionan más rápido el impacto violento que las ideas de largo recorrido.. Las barbaridades de personajes como La Marrash y la Falete se convirtieron en carne de meme. Aunque fuera imposible seguir la convivencia en directo. Porque solo era ruido hacia ninguna parte. Sin embargo, son tan mímicos que sus momentos destacados se movían con facilidad por la vialidad. Lo que propició el magnetismo de la superioridad moral en los usuarios de las redes sociales. De dos tipos. Los que comentan por el bochorno de la indignación. Y los que lo disfrutan porque confunden entretenimiento con reírse de las vulnerabilidades ajenas. Son los que siempre piden un poco más de sangre en el asador o se piensan que la tele-realidad se queda descafeinada.. Los propios Gemelos pinta que saben que su fortaleza es su debilidad. Así que han dado un paso más allá a su convivencia sin piedad y se han sacado de la manga La cárcel de Los Gemelos. Es lo mismo, pero no es lo mismo.. Ya de por sí el nombre nos traslada a un ambiente más indecente, más furtivo. Incluso más outsider. Les han puesto monos naranjas y para delante. A pesar de ello, solo están hablando de la nueva versión su fandom. No ha transcendido como la segunda parte del reality. Porque ya no son novedad. Ya ni siquiera irrita ver cómo Labrador lanza en un carro de la compra a Tiparraco contra la pared.. El exabrupto impacta, pero la complicidad fiel se despierta en las historias de largo recorrido. Esas con las que te identificas al entender la motivación de los personajes más allá de una trastada de adolescentes perdidos en la vida. Aquí, en cambio, el público potencial empieza a deducir que no se puede fiar del programa. Todo vale. También vender como participantes estelares gente que luego ni aparece. Como Aramís, La Legionara, Ylenia… Fichajes que solo sonaron como un cebo fake.. El reality sigue siendo un peligro para los que lo consumen sin conciencia crítica, pues esconde y hasta legitima la deshumanización del frágil. Youtube lo permite, saliendo de rositas de toda responsabilidad con el conenido que acoge. Se limpia las manos a la vez que ingresa dinero con los visionados de un sórdido directo que solo trasciende en la conversación social si se pone más extremo. Con denuncias sobre tenencias de drogas, visitas de la policía… Con actitudes machistas, racistas y LGTBIfobas. No paran.Tanto que parecen seres de hace veinte años. Estar en la línea roja es su forma de visibilidad. Pero vivir tensionando los límites solo tiene un desenlace: el filo de la cuerda se rompe y te caes al vacío.. Al final, La casa de Los Gemelos o La cárcel de Los Gemelos entra como un mal video de Tiktok en nuestra memoria: en directo es incómodo de mirar y difícil de escuchar. Y en diferido, sobresaltan en nuestra mirada como cachitos de novatadas protagonizadas por los que creían que denigrándose eran aceptados por los populares de la clase. Cuando, en realidad, estaban siendo utilizados como bufones por los que nunca han visto actuar a un payaso real. Con toda su fantasía, con toda su creatividad, con toda la imaginación de la ironía que da alas a la experiencia de la inteligencia. Se nota, porque aquí se piensan que un show es usa a personas perdidas haciéndolas creer que están siendo encontradas. Algo falla si alguien piensa que es entretenimiento creativo el abismo de la mofa sin ningún miramiento, sin ápice de reflexión y empatía. Buena perversión llevamos encima.
20MINUTOS.ES – Televisión
