El próximo sábado recordaremos la reedición del libro Omega: Historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca de Bruno Galindo. 1936, la muerte de Federico García Lorca, 1996 el disco, 2008 el FIB ,2010, la muerte de Enrique Morente, 2011 la primera edición del libro, el comienzo de la colección con Víctor Lenore, 2012 la fundación de Los Evangelistas y su labor de predicar la palabra de Enrique Morente, 2016, la reedición de Omega y la muerte de Leonard Cohen y, 2026, todos los años del mundo. La electricidad y la poesía. Nos acompañan, por favor. El 13 de diciembre de 2010 estoy con Ana en Granada y le pido matrimonio. Me dice que no. Bajamos el blanquísimo Albaicín y yo, que busco un disco tributo a 091 con una versión de “La canción del espantapájaros” hecha por Dos Lunas entro en una tienda y allí un rumor crece, el aguacero de almas se acerca, gasa púrpura, mortecinas lámparas de aceite que se apagan al paso de la muerte. La garganta del maestro, de intensidad arterial, aquella espuma de vida incontenible, un aguardiente que purificaba los días, todo se apagaba entre carniceros y sangre.El 16 de diciembre escribo en el Heraldo de Aragón: “Elevábamos la mirada buscando el cielo de Granada, las pendientes del Albaicín, con su tiza blanca y la violencia del color que exhalan las buganvillas nos servían de compañía; mientras, los rumores, calle abajo, decían que el ángel había muerto. Nosotros, escapando del caos ordenado de los aeropuertos, perseguíamos el fantasma de José Ignacio Lapido mientras la miel rabiosa de Morente se agriaba para siempre. Escapando del purismo para compartir electricidad con Los Planetas hasta que los poetas pierden su nombre. Morente, que abre la navaja hiriente del Omega para redefinir a Lorca poseído por Leonard Cohen. Fotos de los dos, Morente y Cohen, brindando con el tinto que es como sangre para la tierra. Ese LP, grabado junto a Lagartija Nick, debería escucharse cada día, en los institutos, en las escuelas, en las colas de los bancos”. Había visto a Morente en Pirineos Sur en 2006 y cantó Sacerdotes. Recuerdo su voz amasando versos: ¿Quién te escribirá canciones de amor?, como un extracto apócrifo de “El cantar de los cantares”, pagano en su particular leyenda. Las palmas y el toque mezclados como el aullido de una caverna que alarga las horas para no permitir que la noche llegara a su fin. En mi pueblo, menos de dos mil habitantes, el COVID estaba presente en nuestras pesadillas. Durante meses, durante años, solo era un eco que llegaba de las grandes urbes. Nadie enfermó durante un tiempo. Recuerdo que el mayor miedo nos atrapó cuando la televisión anunció que Donald Trump, el hombre más protegido, el más poderoso, el intocable presidente de USA, líder del mundo libre, había contraído el virus. ¿Quién estaba a salvo entonces? ¿Llegaba por fin la caída del Imperio Romano? Recuerdo un
Todos los recuerdos de un disco, una época, mil instantes de electricidad y poesía en esta revisión de Omega de Morente&Lagartija Nick
El próximo sábado recordaremos la reedición del libro Omega: Historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca de Bruno Galindo. 1936, la muerte de Federico García Lorca, 1996 el disco, 2008 el FIB ,2010, la muerte de Enrique Morente, 2011 la primera edición del libro, el comienzo de la colección con Víctor Lenore, 2012 la fundación de Los Evangelistas y su labor de predicar la palabra de Enrique Morente, 2016, la reedición de Omega y la muerte de Leonard Cohen y, 2026, todos los años del mundo. La electricidad y la poesía. Nos acompañan, por favor. El 13 de diciembre de 2010 estoy con Ana en Granada y le pido matrimonio. Me dice que no. Bajamos el blanquísimo Albaicín y yo, que busco un disco tributo a 091 con una versión de “La canción del espantapájaros” hecha por Dos Lunas entro en una tienda y allí un rumor crece, el aguacero de almas se acerca, gasa púrpura, mortecinas lámparas de aceite que se apagan al paso de la muerte. La garganta del maestro, de intensidad arterial, aquella espuma de vida incontenible, un aguardiente que purificaba los días, todo se apagaba entre carniceros y sangre.El 16 de diciembre escribo en el Heraldo de Aragón: “Elevábamos la mirada buscando el cielo de Granada, las pendientes del Albaicín, con su tiza blanca y la violencia del color que exhalan las buganvillas nos servían de compañía; mientras, los rumores, calle abajo, decían que el ángel había muerto. Nosotros, escapando del caos ordenado de los aeropuertos, perseguíamos el fantasma de José Ignacio Lapido mientras la miel rabiosa de Morente se agriaba para siempre. Escapando del purismo para compartir electricidad con Los Planetas hasta que los poetas pierden su nombre. Morente, que abre la navaja hiriente del Omega para redefinir a Lorca poseído por Leonard Cohen. Fotos de los dos, Morente y Cohen, brindando con el tinto que es como sangre para la tierra. Ese LP, grabado junto a Lagartija Nick, debería escucharse cada día, en los institutos, en las escuelas, en las colas de los bancos”. Había visto a Morente en Pirineos Sur en 2006 y cantó Sacerdotes. Recuerdo su voz amasando versos: ¿Quién te escribirá canciones de amor?, como un extracto apócrifo de “El cantar de los cantares”, pagano en su particular leyenda. Las palmas y el toque mezclados como el aullido de una caverna que alarga las horas para no permitir que la noche llegara a su fin. En mi pueblo, menos de dos mil habitantes, el COVID estaba presente en nuestras pesadillas. Durante meses, durante años, solo era un eco que llegaba de las grandes urbes. Nadie enfermó durante un tiempo. Recuerdo que el mayor miedo nos atrapó cuando la televisión anunció que Donald Trump, el hombre más protegido, el más poderoso, el intocable presidente de USA, líder del mundo libre, había contraído el virus. ¿Quién estaba a salvo entonces? ¿Llegaba por fin la caída del Imperio Romano? Recuerdo un
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