Más de un siglo y medio de historia, y de historias, caben entre las paredes de la librería Hijos de Santiago Rodríguez, en Burgos. Fundada en 1850 por don Santiago Rodríguez Alonso, que por aquel entonces tenía 21 años, el pasado 31 de marzo entró en concurso de acreedores, poniendo en riesgo la continuidad de un negocio que ha acompañado a generaciones enteras de lectores de la capital castellana.. La noticia, adelantada por el Diario de Burgos y confirmada a ese medio por Comisiones Obreras, apunta a la insolvencia económica como detonante de la situación. El proceso podría suponer el despido de los seis empleados que actualmente trabajan en el local de la calle Avellanos, en pleno centro de la ciudad. Pese al golpe, la familia no da la batalla por perdida.. En declaraciones a 20minutos, Lucía Alonso, actual responsable del negocio junto a su hermana Sol y heredera de la sexta generación de don Santiago, asegura que están «buscando opciones» y se muestran «abiertos» a cualquier alternativa que permita mantener la librería abierta o preservar la marca.. El contexto no juega a su favor. La irrupción del libro electrónico, las descargas ilegales y la expansión de grandes cadenas han ido estrechando el margen de las librerías independientes. La llegada hace poco más de dos años de La Casa del Libro, propiedad del gigantesco Grupo Planeta, a Burgos supuso un punto de inflexión para el sector local. Así lo señalaba Álvaro Manso, presidente de la Asociación Provincial de Libreros, en el medio burgalés, al hablar de una «afección general» que viene golpeando a los pequeños negocios del libro.. La historia de Hijos de Santiago Rodríguez, sin embargo, no es solo la de una empresa, sino la de un proyecto cultural sostenido en el tiempo. Fue creada en la primera mitad del siglo XIX como librería, pero también como editorial y taller de impresión por un personaje como don Santiago Rodríguez, que entendía los libros como herramienta de progreso. Durante décadas, el negocio creció de la mano de distintas generaciones de la familia, desde su hijo Mariano, vinculado a la vida cultural burgalesa, hasta sus nietos y bisnietos, que ampliaron y trasladaron el negocio por distintos puntos emblemáticos de la ciudad.. Desde 1850, por sus estanterías han desfilado generaciones de autores, editores y lectores. A lo largo de sus 176 años de historia, el mundo ha vivido profundas transformaciones sociales, políticas y culturales. Sin embargo, bajo su logo de la Minerva, diosa de la sabiduría cuyo lema es: «La escuela redime y civiliza», la librería ha permanecido inmóvil ante todos estos cambios. Y cada relevo generacional no solo mantuvo el negocio, sino que lo adaptó a su tiempo, prolongando una tradición que hoy pende de un hilo.. Cuando una librería así tambalea, no solo desaparece un comercio, desaparece también una forma de entender la ciudad. En Burgos, como en tantas otras ciudades, las librerías de toda la vida han sido algo más que tiendas. Han sido refugio, punto de encuentro y memoria compartida. Su pérdida no se mide solo en números, sino en el silencio que dejan tras cerrar la persiana.
La librería, que se encuentra en el centro de Burgos, cuenta con 176 años de historia, y es también la quinta más antigua de Europa.
Más de un siglo y medio de historia, y de historias, caben entre las paredes de la librería Hijos de Santiago Rodríguez, en Burgos. Fundada en 1850 por don Santiago Rodríguez Alonso, que por aquel entonces tenía 21 años, el pasado 31 de marzo entró en concurso de acreedores, poniendo en riesgo la continuidad de un negocio que ha acompañado a generaciones enteras de lectores de la capital castellana.. La noticia, adelantada por el Diario de Burgos y confirmada a ese medio por Comisiones Obreras, apunta a la insolvencia económica como detonante de la situación. El proceso podría suponer el despido de los seis empleados que actualmente trabajan en el local de la calle Avellanos, en pleno centro de la ciudad. Pese al golpe, la familia no da la batalla por perdida.. En declaraciones a 20minutos, Lucía Alonso, actual responsable del negocio junto a su hermana Sol y heredera de la sexta generación de don Santiago, asegura que están «buscando opciones» y se muestran «abiertos» a cualquier alternativa que permita mantener la librería abierta o preservar la marca.. El contexto no juega a su favor. La irrupción del libro electrónico, las descargas ilegales y la expansión de grandes cadenas han ido estrechando el margen de las librerías independientes. La llegada hace poco más de dos años de La Casa del Libro, propiedad del gigantesco Grupo Planeta, a Burgos supuso un punto de inflexión para el sector local. Así lo señalaba Álvaro Manso, presidente de la Asociación Provincial de Libreros, en el medio burgalés, al hablar de una «afección general» que viene golpeando a los pequeños negocios del libro.. La historia de Hijos de Santiago Rodríguez, sin embargo, no es solo la de una empresa, sino la de un proyecto cultural sostenido en el tiempo. Fue creada en la primera mitad del siglo XIX como librería, pero también como editorial y taller de impresión por un personaje como don Santiago Rodríguez, que entendía los libros como herramienta de progreso. Durante décadas, el negocio creció de la mano de distintas generaciones de la familia, desde su hijo Mariano, vinculado a la vida cultural burgalesa, hasta sus nietos y bisnietos, que ampliaron y trasladaron el negocio por distintos puntos emblemáticos de la ciudad.. Desde 1850, por sus estanterías han desfilado generaciones de autores, editores y lectores. A lo largo de sus 176 años de historia, el mundo ha vivido profundas transformaciones sociales, políticas y culturales. Sin embargo, bajo su logo de la Minerva, diosa de la sabiduría cuyo lema es: «La escuela redime y civiliza», la librería ha permanecido inmóvil ante todos estos cambios. Y cada relevo generacional no solo mantuvo el negocio, sino que lo adaptó a su tiempo, prolongando una tradición que hoy pende de un hilo.. Cuando una librería así tambalea, no solo desaparece un comercio, desaparece también una forma de entender la ciudad. En Burgos, como en tantas otras ciudades, las librerías de toda la vida han sido algo más que tiendas. Han sido refugio, punto de encuentro y memoria compartida. Su pérdida no se mide solo en números, sino en el silencio que dejan tras cerrar la persiana.
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