Con las llegadas de las cadenas privadas, el gran maestro de la televisión Chicho Ibáñez Serrador vaticinó que una mayor competencia no iba a traer más pluralidad de oferta. La rivalidad terminaría homogeneizando los contenidos más masivos, como ya pasaba en Estados Unidos. Allí, en aquellos años ochenta, todos los culebrones parecían el mismo: Dallas, Dinastía, Hotel, Falcon Crest…. Por no hablar de los late shows o los programas de testimonios. Los canales replicaban fórmulas del éxito. A veces, las tendencias carcomen la creatividad que te hace diferente. Es más fácil seguir la corriente que ejercer la diferencia. Solo hay que ver hoy Instagram. Pero, en otras ocasiones, hay formatos similares que se utilizan para contener al oponente. Se trata de la contraprogramación, que provoca una desafección con la tele del público. Así Telecinco intentó frenar el fenómeno de Aquí no hay que viva colocando enfrente su rompe audiencias Los Serrano. Creían que así amortiguaban el golpe, pero en realidad perdía toda la industria audiovisual. La imagen de la tele se volvía antipática.. Ahora también nos están haciendo elegir entre papá y mama. Programas que comparten público objetivo y que podrían lucir más en horarios complementarios se sitúan en la misma franja. El salto de Marc Giró a La Sexta se ha ubicado en los martes, donde se estabilizó su Late Xou en La 1. Y la cadena pública ha intentado mantener lo sembrado en esa franja con Henar Álvarez y Al cielo con Ella. Idéntico público potencial debe elegir entre uno y otro show. Y las dos propuestas se diluyen, aunque jueguen en desigualdad de condiciones. La 1 es una tele que debería competir con Antena 3 y Telecinco, no con La Sexta, que tampoco debería competir con La 1.. Parecido sucede con la edición de sábado noche de Malas Lenguas que compite desde La 2 con el debate LaSexta Xplica de La Sexta. De nuevo, se ha movido un prime time cultural como Versión Española para otros fines. Algunos dicen que así sube la audiencia de la segunda cadena de TVE, aunque a qué precio: tertulias a lo Sálvame ya hay muchas y buenos espacios divulgados sobre cine pocos. Así que, de nuevo, pierde la sociedad por batallas que no están en el servicio público sino en guerras de poder.. Sin embargo, si a alguien de verdad le importa el futuro de la televisión y no solo piensa en individualistas causas de ambición inmediata, la contraprogramación como la conocimos ya no tiene sentido. La forma de competir ha cambiado. El autentico rival de las cadenas autóctonas son las plataformas. Para recuperar espectadores hay que mirar más allá, cuidarlos y evitar las distracciones de programación que hacen a la tele antipática. Cuando las teles de España son las que fomentan un tejido audiovisual propio y protegen la cultura propia que es lo que nos hace únicos frente al mundo. Y no podemos dejar que sea fagocitada por el velocímetro de las producciones globales. Las cadenas serán más fuertes si entienden lo que hace diferente a cada una en cada momento del día. Entonces, el espectador generalista vuelve a la emisión tradicional. Porque agradece la compañía en directo que nos interpela. Solo que tira la toalla cuando se siente mareado.
Técnicas que no son aliadas para el futuro de la industria audiovisual española.
Con las llegadas de las cadenas privadas, el gran maestro de la televisión Chicho Ibáñez Serrador vaticinó que una mayor competencia no iba a traer más pluralidad de oferta. La rivalidad terminaría homogeneizando los contenidos más masivos, como ya pasaba en Estados Unidos. Allí, en aquellos años ochenta, todos los culebrones parecían el mismo: Dallas, Dinastía, Hotel, Falcon Crest…. Por no hablar de los late shows o los programas de testimonios. Los canales replicaban fórmulas del éxito. A veces, las tendencias carcomen la creatividad que te hace diferente. Es más fácil seguir la corriente que ejercer la diferencia. Solo hay que ver hoy Instagram. Pero, en otras ocasiones, hay formatos similares que se utilizan para contener al oponente. Se trata de la contraprogramación, que provoca una desafección con la tele del público. Así Telecinco intentó frenar el fenómeno de Aquí no hay que viva colocando enfrente su rompe audiencias Los Serrano. Creían que así amortiguaban el golpe, pero en realidad perdía toda la industria audiovisual. La imagen de la tele se volvía antipática.. Ahora también nos están haciendo elegir entre papá y mama. Programas que comparten público objetivo y que podrían lucir más en horarios complementarios se sitúan en la misma franja. El salto de Marc Giró a La Sexta se ha ubicado en los martes, donde se estabilizó su Late Xou en La 1. Y la cadena pública ha intentado mantener lo sembrado en esa franja con Henar Álvarez y Al cielo con Ella. Idéntico público potencial debe elegir entre uno y otro show. Y las dos propuestas se diluyen, aunque jueguen en desigualdad de condiciones. La 1 es una tele que debería competir con Antena 3 y Telecinco, no con La Sexta, que tampoco debería competir con La 1.. Parecido sucede con la edición de sábado noche de Malas Lenguas que compite desde La 2 con el debate LaSexta Xplica de La Sexta. De nuevo, se ha movido un prime time cultural como Versión Española para otros fines. Algunos dicen que así sube la audiencia de la segunda cadena de TVE, aunque a qué precio: tertulias a lo Sálvame ya hay muchas y buenos espacios divulgados sobre cine pocos. Así que, de nuevo, pierde la sociedad por batallas que no están en el servicio público sino en guerras de poder.. Sin embargo, si a alguien de verdad le importa el futuro de la televisión y no solo piensa en individualistas causas de ambición inmediata, la contraprogramación como la conocimos ya no tiene sentido. La forma de competir ha cambiado. El autentico rival de las cadenas autóctonas son las plataformas. Para recuperar espectadores hay que mirar más allá, cuidarlos y evitar las distracciones de programación que hacen a la tele antipática. Cuando las teles de España son las que fomentan un tejido audiovisual propio y protegen la cultura propia que es lo que nos hace únicos frente al mundo. Y no podemos dejar que sea fagocitada por el velocímetro de las producciones globales. Las cadenas serán más fuertes si entienden lo que hace diferente a cada una en cada momento del día. Entonces, el espectador generalista vuelve a la emisión tradicional. Porque agradece la compañía en directo que le interpela desde aquello en lo que se siente reconocido. Solo que tira la toalla cuando se siente mareado.
20MINUTOS.ES – Televisión
