Fundada en Zaragoza hace 125 años y con una producción inferior a 100 millones de litros, se presenta como la pequeña entre las grandes, pero ha situado a España como referente mundial en este segmento Leer
Fundada en Zaragoza hace 125 años y con una producción inferior a 100 millones de litros, se presenta como la pequeña entre las grandes, pero ha situado a España como referente mundial en este segmento Leer
Hace medio siglo, la idea de beber cerveza sin alcohol habría sonado casi a herejía. ¿Quién podía imaginar entonces que acabaría convirtiéndose en la opción más consumida en España? «En los años 70 era algo totalmente impensable: ¿quitarle el alcohol a la cerveza? Era una auténtica locura. Pero Ambar lo hizo», afirma Sergio Elizalde, director ejecutivo del Grupo Ágora, matriz de la cervecera que acaba de celebrar doble hito: 125 años de historia y 50 desde que decidió desafiar al mercado lanzando la primera cerveza sin alcohol en España.. Dice que «son pequeños entre grandes», pero aquella apuesta no solo marcó un antes y un después, sino que se adelantó a una tendencia que, décadas más tarde, transformaría los hábitos de consumo. Hoy, España no solo lidera su producción y consumo a nivel mundial, sino que la cerveza sin alcohol se ha consolidado como una opción mayoritaria y ya representa el 14% del total comercializado y cerca del 16% del consumo que se realiza en el hogar. Los españoles beben entre siete y ocho millones de hectolitros al año.. En un contexto de ralentización del consumo de cerveza per cápita -que apenas creció un 0,5% en el último año, tras haber caído un 4,9% en 2024 por segundo año consecutivo-, el segmento de la cerveza sin alcohol sigue destacando con un crecimiento sostenido: un 5% en 2025, un punto porcentual más que en 2024, después de un aumento del 3,5% en 2023 y de hasta un 11% en 2022. Para Elizalde, este cambio refleja la transformación de nuestro estilo de vida, cada vez más equilibrado y saludable, donde la cerveza sin alcohol encaja como la compañera perfecta.. «Este fenómeno responde tanto a tendencias de fondo -el interés creciente por la salud- como a factores más coyunturales. Cada vez más personas buscan reducir el consumo de alcohol sin renunciar al placer y a la experiencia de disfrutar una buena cerveza», afirma con orgullo de haber abierto ese camino. El verdadero reto, añade, es conquistar al público joven: «No se trata de que los jóvenes beban más cerveza, sino de que socialicen más. Hoy pasan mucho tiempo frente a pantallas; recuperar el encuentro social, la calle, es clave, y la cerveza puede facilitar esos momentos».. La compañía nació como La Zaragozana en la capital aragonesa en 1900. «El gran mérito es seguir aquí», señala, al igual que su fábrica original, que más de un siglo después se erige como un sitio emblemático de la ciudad. Ubicada en sus inicios a las afueras de Zaragoza, en el barrio de San José -hoy uno de los más populares- en el camino de las alcachoferas y junto a la acequia de Hontanar, la fábrica se benefició desde el principio de una ubicación estratégica, con acceso directo al agua del Ebro, ingrediente esencial para la elaboración de cerveza. La fábrica original cerró en marzo de 2020, con la llegada de la pandemia, pero todavía se puede visitar para conocer de cerca el proceso de elaboración de esta bebida. Ese mismo año se inauguró la nueva planta, con el doble de capacidad de la original, cerca de 100 millones de litros al año, una cifra modesta frente a las grandes cerveceras españolas, «10, 15 veces más grande de lo que somos nosotros», pero «ser pequeños es una ventaja. Nos permite estar mucho más cerca de la de las cosas que pasan día a día. Nos permite inventar, probar, arriesgar, nos permite ser más valientes, nos permite equivocarnos, nos permite probar cosas distintas. Queremos hacer la mejor cerveza del mundo y creemos que eso solo lo podemos hacer desde la libertad que nos da el ser pequeños», asegura el CEO desde la sala de catas de la primera fábrica de la empresa.. No solo fue la cerveza sin alcohol, le siguió la doble cero, sin alcohol ni gluten, en 2011 y, más recientemente, en 2022, la triple cero, que tampoco contiene azúcar, ni genera emisiones. Además, presumen de su Ambar Especial, elaborada con lúpulo recién molido, un guiño a la maestría artesanal que los distingue. Estas dos referencias se han convertido en las estrellas de su catálogo, liderando las ventas entre casi una veintena de referencias, como símbolos de una tradición que sabe reinventarse sin perder su esencia. «Esa voluntad de hacer cosas diferentes ha sido una constante desde el inicio», explica Elizalde, y asegura que han hecho cerveza para todo tipo de público. «Y eso solo es posible cuando existe una tradición sólida. Para innovar, hay que dominar el oficio. No son conceptos opuestos; al contrario, se complementan. La tradición es la base que permite probar, mejorar y evolucionar», afirma.. Sergio Elizalde se ríe cuando confiesa que, dentro de su amplio porfolio, su producto favorito es la Radler con limón -la cervecera lanzó el año pasado la primera Radler triple zero- y que incluso le gusta beberla con hielo, aunque aclara que le gustan todas por igual. Llegó a la compañía directamente a la nueva fábrica, en 2021, y desde entonces ha encadenado cuatro años consecutivos en positivo, superando los 250 millones de euros en ventas en 2025, un 6% más que un año antes, un logro que atribuye a mantener siempre viva la ambición de mejorar. «Mi mayor reto es evitar el conformismo, mantener la ambición de mejorar constantemente y no caer en la rutina», asegura.. La caída del consumo de alcohol -y sobre todo de cerveza- no le preocupa. La ve como «un gran catalizador social. Cuando la gente se reúne, bebe cerveza de manera natural y sana, igual que comparte unas tapas con familiares o amigos. La cerveza cumple incluso un papel civilizador: sostiene nuestra civilización mediterránea, que nos hace más alegres, desenfadados y razonables. Y eso no va a cambiar». Sin embargo, como el resto de compañías del sector, han tenido que diversificar sus negocios, produciendo también aguas, refrescos y café, pero él insiste en que «nuestro foco principal sigue siendo la cerveza. No nos conformamos con simplemente hacer cerveza: somos cerveceros, es nuestro ADN, nuestro origen, y llevamos 125 años demostrando que esa pasión se mantiene intacta. Eso es lo que seguiremos haciendo».. Su otra prioridad, asegura, sigue siendo España. «Estamos muy presentes en toda la zona del valle del Ebro, pero cada vez se nos conoce más en el resto del país», asegura. Aunque las ventas internas no atraviesan su mejor momento, muchas empresas del sector han comenzado a mirar hacia el exterior en busca de nuevas oportunidades. En este contexto, las exportaciones de cerveza han crecido un 8% en el último año, impulsadas principalmente por la cerveza con alcohol -la que más cae en el mercado nacional-, mientras que la 0,0% todavía se percibe como una novedad fuera de nuestras fronteras. «Nuestra prioridad es España», explica. «Vendemos fuera porque nos lo piden; somos más reactivos que proactivos en internacionalización».. Hoy, Ambar está presente en 25 países, entre ellos, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, lo que les obliga a estar atentos tanto a la política arancelaria estadounidense como a las tensiones geopolíticas en otras regiones. «Nuestra exposición en Estados Unidos es limitada, así que el impacto directo es bajo, pero nos preocupa más el posible efecto sobre costes e inflación derivado de los conflictos actuales en Oriente Medio», señala y asegura que están monitorizando la situación.. Con todo, el ejecutivo encara los próximos años con optimismo, con la mirada puesta en seguir evolucionando a partir de pilares como la salud, la innovación y la calidad, sin perder de vista sus raíces. El objetivo es claro: seguir creciendo desde Zaragoza y continuar haciendo felices a los aragoneses. «Un país que no tiene una cerveza local es menos país; por eso para los aragoneses es tan importante tener la suya», subraya.
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