Iván Ledesma sobrecoge. Nos arrastra hacia su mundo. Un lugar propio, intrigante. Una sociedad asmática, llena de humedad, química. Iván Ledesma vuelve a los estantes con El llanto del cuco, editado por Dolmen en la colección Stoker. Una novela de voces, acumuladas, sueños y pastillas, recuerdos que se introducen en los sueños y las pesadillas que salen hacia el presente.. ¿Qué es El Llanto del Cuco? Es el lugar al que acuden los desesperados buscando un camino tras la el incendio, nadando sobre el agua pútrida de los subterráneos, desvíos y olvidos, una tierra hueca de restos y miedos. Un hospital que se llena de psicosis y calidez. Ledesma es un escritor de contraste: en la realidad, en el duermevela, las aves hambrientas se encaran a los riscos, dejan avisos en los sueños de terror, las narrativas de ayer. El pasado se encaja en el presente haciendo que el tiempo se detenga. Madres ausentes e hijos perdidos, madres excesivas que ahogan a sus vástagos. Hombres que olvidan a sus hijos para poder perseguir su delirio.. ¿Qué sucede? En cada edificio crece, fungosa, una maldición distinta, un ascensor y un sótano, la sed de la humedad es una sed terrible. Se extiende por la pared, una sociedad que se cae a pedazos, humedad intoxicada e intoxicante. Cascos sin sonido, reproductores sin pilas, música sin canciones, ruido blanco de locas, de solitarios, de violentos. Ratas y perro. Soledad y amnesia. Psiquiatría y pediatría.. Los capítulos que se conectan a través de sus personajes, una hidra agotada de un millón de cabezas, en decadencia, reptil que malvive, que busca la dignidad, la hidra que se siente derrotada, que se niega a la derrota. Es la llegada a La Colmena.. Este libro, la obra de Ledesma, es potente, en su narrativa, evidentemente, pero, sobre todo, tiene una idea arcana, una lectura salvaje, una descripción de La Colmena, con su estructura fallida, sus angosturas, su arquitectura propia de adictos al láudano. En una fábrica de desquiciados, claro, sin reina, las mil, las diez mil, todas las viviendas, encartonadas, granito de protección oficial, ahí, las cuadras de Michel Nieva, el apocalipsis de Juez Dredd. Sí, claro, lo hizo Camilo José Cela, pero antes, otros tiempos, personajes que son entes, que se destruyen, en su propia miseria, en la su misma valentía.. Se resisten a ser simples cromos arrugados, intercambiables, algunos, incluso, se contagian de la enfermedad de La Colmena, de la cabeza, el cuerpo, el alma. Otros quieren gastar su pequeño sustento en esperanza y algo de futuro. Muchos, en La Colmena, dan miedo, otros, que quieren salir, se dejan abordar por la inquina y el cansancio. Ledesma ha dejado guiños, miguitas, referencias para sus lectores habituales. Mil maneras en la que los monstruos se convierten en aves, derrotan las puertas, aunque sea endebles. Entren allí, quizá no salgan, pero lo habrán disfrutado.
El retorno de Ledesma al horror arquitectónico y sofocante
Iván Ledesma sobrecoge. Nos arrastra hacia su mundo. Un lugar propio, intrigante. Una sociedad asmática, llena de humedad, química. Iván Ledesma vuelve a los estantes con El llanto del cuco, editado por Dolmen en la colección Stoker. Una novela de voces, acumuladas, sueños y pastillas, recuerdos que se introducen en los sueños y las pesadillas que salen hacia el presente.. PORTADADolmen. ¿Qué es El Llanto del Cuco? Es el lugar al que acuden los desesperados buscando un camino tras la el incendio, nadando sobre el agua pútrida de los subterráneos, desvíos y olvidos, una tierra hueca de restos y miedos. Un hospital que se llena de psicosis y calidez. Ledesma es un escritor de contraste: en la realidad, en el duermevela, las aves hambrientas se encaran a los riscos, dejan avisos en los sueños de terror, las narrativas de ayer. El pasado se encaja en el presente haciendo que el tiempo se detenga. Madres ausentes e hijos perdidos, madres excesivas que ahogan a sus vástagos. Hombres que olvidan a sus hijos para poder perseguir su delirio.. RecorteOctavio Gómez. ¿Qué sucede? En cada edificio crece, fungosa, una maldición distinta, un ascensor y un sótano, la sed de la humedad es una sed terrible. Se extiende por la pared, una sociedad que se cae a pedazos, humedad intoxicada e intoxicante. Cascos sin sonido, reproductores sin pilas, música sin canciones, ruido blanco de locas, de solitarios, de violentos. Ratas y perro. Soledad y amnesia. Psiquiatría y pediatría.. RecorteOctavio Gómez. Los capítulos que se conectan a través de sus personajes, una hidra agotada de un millón de cabezas, en decadencia, reptil que malvive, que busca la dignidad, la hidra que se siente derrotada, que se niega a la derrota. Es la llegada a La Colmena.. InteriorDolmen. Este libro, la obra de Ledesma, es potente, en su narrativa, evidentemente, pero, sobre todo, tiene una idea arcana, una lectura salvaje, una descripción de La Colmena, con su estructura fallida, sus angosturas, su arquitectura propia de adictos al láudano. En una fábrica de desquiciados, claro, sin reina, las mil, las diez mil, todas las viviendas, encartonadas, granito de protección oficial, ahí, las cuadras de Michel Nieva, el apocalipsis de Juez Dredd. Sí, claro, lo hizo Camilo José Cela, pero antes, otros tiempos, personajes que son entes, que se destruyen, en su propia miseria, en la su misma valentía.. RecorteOctavio Gómez. Se resisten a ser simples cromos arrugados, intercambiables, algunos, incluso, se contagian de la enfermedad de La Colmena, de la cabeza, el cuerpo, el alma. Otros quieren gastar su pequeño sustento en esperanza y algo de futuro. Muchos, en La Colmena, dan miedo, otros, que quieren salir, se dejan abordar por la inquina y el cansancio. Ledesma ha dejado guiños, miguitas, referencias para sus lectores habituales. Mil maneras en la que los monstruos se convierten en aves, derrotan las puertas, aunque sea endebles. Entren allí, quizá no salgan, pero lo habrán disfrutado.
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