En las orillas de sus doscientos años de historia, el Oktoberfest se ha desarrollado a las afueras de la bávara Múnich en su cita de 2026 superando con holgura los siete millones de asistentes, cifrándose este año en más de 7.400.000 los celebrantes que se han acercado hasta la pradera de Theresienwiese, un enorme espacio en el epicentro económico alemán donde se dan cita anual las seis compañías cerveceras con licencia para servir en este tradicional festejo catalogado por sus cifras como el más multitudinario de Europa occidental.. Solo interrumpido en trágicas y excepcionales ocasiones, como las dos guerras mundiales, el Oktoberfest, fiesta de octubre en castellano, se remonta a 1810, cuando los ciudadanos locales se vistieron de gala para celebrar con una carrera de caballos las nupcias del príncipe heredero Luis de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia.. Desde entonces, la comida desbordante, la cerveza a litros y la fiesta confraternal han sido señas de identidad de este masivo encuentro que suele celebrarse entre la segunda quincena de septiembre, para aprovechar los últimos rastros del buen tiempo, y el día 3 de octubre, festivo nacional por la Unidad de Alemania; de hecho, en esta edición ya pasada las fiestas iniciaron el 19 de septiembre y finalizaron el 4 de octubre.. La característica que define a este evento, en esta edición y todas las anteriores, es que son solo seis las marcas cerveceras que tienen derecho a vender y montar carpas, siendo las afortunadas Augustiner, Löwenbrä, Spatenbräu, Hofbräu-München, Hacker-Pschorr-Braü y Paulaner; y esta última, la tradicional Paulaner München, patrocinadora de instituciones legendarias como el Bayern de Munich y distribuida con éxito en España de la mano de Heineken, se ha vuelto a coronar como la más vendida del evento.. Además de las enormes y multitudinarias carpas que Paulaner dirige, cuenta también con una caseta tradicional en la parte vieja de la feria, un pequeño recinto protagonizado por la tradicional Hacker-Pschorr, también marca de Paulaner, donde se mantienen las esencias originales de los primeros tiempos de la fiesta y la cerveza llega todavía en barriles de madera tirados por grandes caballos bávaros.. El Oktoberfest es esencialmente un festejo de cifras: durante las semanas que ha durado la edición de 2026, han sido más de 550.000 los pollos que se han asado en sus hornos, 120 los bueyes, 60 los terneros y varios cientos de miles los pares de salchichas que se han consumido, según informa la propia Paulaner.. De hecho, en la Paulaner Festzelt, la caseta insignia de la compañía y la más grande y legendaria de la fiesta, se han necesitado doce semanas de montaje y 150 carpinteros para entallar cada uno de los remaches que sostienen la multitudinaria carpa, que da asiento simultáneo a miles de personas y emplea, solo en sus cocinas, a más de 40 asadores.. Pero eso no es todo, pues las infinitas demandas de cerveza necesitan de un cuidado sistema de reposición diario. Aunque, según explican maestros cerveceros empleados durante la jornada, es falso el mito predominante en España que asegura que unas enormes cañerías conectan directamente la fábrica con la carpa, sí existe una flota de camiones cisterna que, en el caso de la Paulaner Festzelt, descargan cada noche todo su contenido en un cuidadísimo sistema de bombeo que empuja la cerveza desde cuatro gigantes toneles con capacidad para miles de hectolitros, ocultos en las tripas de la caseta, hasta los grifos a plena vista del público, logrando además, gracias a otro sistema de enfriamiento, que el ansiado líquido se mantenga a su perfecta temperatura; y ese, precisamente, es otro mito que se desmiente desde la carpa de Paulaner: en el Oktoberfest alemán la cerveza no se sirve caliente, sino fría, en jarras de litro de cristal o cerámica que mantienen idónea su temperatura.. Para la ciudad, el impacto del evento es tal que se estiman en 1000 millones los euros que genera para los hoteles, restaurantes y otros diversos comercios, como los de venta de ropa tradicional, que florecen en Munich salivosos de una nueva edición. De hecho, el modelo es tan interesante que se exporta con éxito a otras latitudes como las españolas, donde el Oktoberfest, de la mano de Heineken, quien ostenta la distribución exclusiva de Paulaner en el país, ya celebra más de cuarenta ediciones por todo el territorio que superan los 300.000 asistentes. La más destacable de todas, la barcelonesa, se celebra el 11 de octubre y genera casi cuatrocientos puestos de trabajo directos; unas cifras todavía lejos de la masiva celebración muniquesa, pero que ya pueden trasladarse con mayúsculas al papel.
La cerveza local Paulaner se consolida un año más como la más vendida de la cita
En las orillas de sus doscientos años de historia, el Oktoberfest se ha desarrollado a las afueras de la bávara Múnich en su cita de 2026 superando con holgura los siete millones de asistentes, cifrándose este año en más de 7.400.000 los celebrantes que se han acercado hasta la pradera de Theresienwiese, un enorme espacio en el epicentro económico alemán donde se dan cita anual las seis compañías cerveceras con licencia para servir en este tradicional festejo catalogado por sus cifras como el más multitudinario de Europa occidental.. Solo interrumpido en trágicas y excepcionales ocasiones, como las dos guerras mundiales, el Oktoberfest, fiesta de octubre en castellano, se remonta a 1810, cuando los ciudadanos locales se vistieron de gala para celebrar con una carrera de caballos las nupcias del príncipe heredero Luis de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia.. Desde entonces, la comida desbordante, la cerveza a litros y la fiesta confraternal han sido señas de identidad de este masivo encuentro que suele celebrarse entre la segunda quincena de septiembre, para aprovechar los últimos rastros del buen tiempo, y el día 3 de octubre, festivo nacional por la Unidad de Alemania; de hecho, en esta edición ya pasada las fiestas iniciaron el 19 de septiembre y finalizaron el 4 de octubre.. La característica que define a este evento, en esta edición y todas las anteriores, es que son solo seis las marcas cerveceras que tienen derecho a vender y montar carpas, siendo las afortunadas Augustiner, Löwenbrä, Spatenbräu, Hofbräu-München, Hacker-Pschorr-Braü y Paulaner; y esta última, la tradicional Paulaner München, patrocinadora de instituciones legendarias como el Bayern de Munich y distribuida con éxito en España de la mano de Heineken, se ha vuelto a coronar como la más vendida del evento.. Además de las enormes y multitudinarias carpas que Paulaner dirige, cuenta también con una caseta tradicional en la parte vieja de la feria, un pequeño recinto protagonizado por la tradicional Hacker-Pschorr, también marca de Paulaner, donde se mantienen las esencias originales de los primeros tiempos de la fiesta y la cerveza llega todavía en barriles de madera tirados por grandes caballos bávaros.. El Oktoberfest es esencialmente un festejo de cifras: durante las semanas que ha durado la edición de 2026, han sido más de 550.000 los pollos que se han asado en sus hornos, 120 los bueyes, 60 los terneros y varios cientos de miles los pares de salchichas que se han consumido, según informa la propia Paulaner.. De hecho, en la Paulaner Festzelt, la caseta insignia de la compañía y la más grande y legendaria de la fiesta, se han necesitado doce semanas de montaje y 150 carpinteros para entallar cada uno de los remaches que sostienen la multitudinaria carpa, que da asiento simultáneo a miles de personas y emplea, solo en sus cocinas, a más de 40 asadores.. Pero eso no es todo, pues las infinitas demandas de cerveza necesitan de un cuidado sistema de reposición diario. Aunque, según explican maestros cerveceros empleados durante la jornada, es falso el mito predominante en España que asegura que unas enormes cañerías conectan directamente la fábrica con la carpa, sí existe una flota de camiones cisterna que, en el caso de la Paulaner Festzelt, descargan cada noche todo su contenido en un cuidadísimo sistema de bombeo que empuja la cerveza desde cuatro gigantes toneles con capacidad para miles de hectolitros, ocultos en las tripas de la caseta, hasta los grifos a plena vista del público, logrando además, gracias a otro sistema de enfriamiento, que el ansiado líquido se mantenga a su perfecta temperatura; y ese, precisamente, es otro mito que se desmiente desde la carpa de Paulaner: en el Oktoberfest alemán la cerveza no se sirve caliente, sino fría, en jarras de litro de cristal o cerámica que mantienen idónea su temperatura.. Para la ciudad, el impacto del evento es tal que se estiman en 1000 millones los euros que genera para los hoteles, restaurantes y otros diversos comercios, como los de venta de ropa tradicional, que florecen en Munich salivosos de una nueva edición. De hecho, el modelo es tan interesante que se exporta con éxito a otras latitudes como las españolas, donde el Oktoberfest, de la mano de Heineken, quien ostenta la distribución exclusiva de Paulaner en el país, ya celebra más de cuarenta ediciones por todo el territorio que superan los 300.000 asistentes. La más destacable de todas, la barcelonesa, se celebra el 11 de octubre y genera casi cuatrocientos puestos de trabajo directos; unas cifras todavía lejos de la masiva celebración muniquesa, pero que ya pueden trasladarse con mayúsculas al papel.
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