El tiempo se agota para un acuerdo entre EEUU e Irán que salve la economía mundial y tras 100 días de conflicto Trump mete prisa en el momento en el que sus ciudadanos cogen más el coche. Si no acaba ya, el mercado descubrirá que el reloj de Ormuz no medía la guerra: medía las reservas. Leer
El tiempo se agota para un acuerdo entre EEUU e Irán que salve la economía mundial y tras 100 días de conflicto Trump mete prisa en el momento en el que sus ciudadanos cogen más el coche. Si no acaba ya, el mercado descubrirá que el reloj de Ormuz no medía la guerra: medía las reservas. Leer
Llegará, por fin, la paz de Axios? Desde hace 94 días que Israel y Estados Unidos –a los que luego se sumaron en secreto Arabia Saudí y Emiratos– atacaron Irán, la web Axios, referencia obligada en la información política de Washington, ha publicado al menos en nueve ocasiones que ambos países están cerca de alcanzar un acuerdo para concluir –temporal o definitivamente– el conflicto y reabrir el Estrecho de Ormuz. Antes de la guerra, por esa vía transitaban el 20% de los productos petrolíferos y el mismo porcentaje del gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del mundo.. Las noticias, firmadas siempre por Barak Ravid, el corresponsal diplomático de Axios, son avaladas por fuentes oficiales y por el acceso excepcional de Ravid a Donald Trump –a quien a menudo entrevista– y a su equipo de política exterior. Pero también han hecho de Axios, a veces, en un conducto involuntario de las versiones más optimistas de la Casa Blanca. El titular del 5 de abril resumía bien esa mezcla de negociación y amenaza: «Trump a Axios: El acuerdo con Irán es posible para el martes o, de lo contrario, ‘lo voy a volar todo por los aires’».. El último scoop de Ravid, publicado el lunes, prometía revelar «qué hay en el acuerdo con Irán que Trump está a punto de firmar». En realidad, todo indica que lo que hay es un acuerdo para intentar alcanzar un acuerdo. Dos días después, el banco de inversión Piper Sandler advertía a sus clientes de que el Estrecho de Ormuz probablemente seguirá «esencialmente cerrado durante meses», con una escasez cada vez más urgente y nuevos máximos del petróleo este verano. Es la misma dinámica que se repite desde hace casi 100 días: rumores de paz, alivio momentáneo en los mercados y, después, bloqueo.. «Irán y China están satisfechos con un fracaso de EEUU, así que, aunque ambos tienen incentivos para que en el largo plazo se reabra el Estrecho, no tienen prisa», explicaba el martes Phillip Cornell, investigador senior en el think tank de Washington Atlantic Council. Por el contrario, Donald Trump «sí tiene un incentivo para decir que el acuerdo está próximo, porque el mercado del petróleo está desesperado por cualquier excusa que tire del precio para abajo», concluía.. El argumento más sólido de Trump para buscar la reapertura del Estrecho se remonta al lunes pasado, cuando Ravid publicó su artículo sobre el plan de paz. Ese día se celebraba el Memorial Day en EEUU, un día festivo con el que empieza oficiosamente el verano y, también, la Driving Season, o sea, la Estación de Conducir. Es la época del año en la que los estadounidenses agarran el coche y se ponen a viajar. Hasta las gasolineras cambian la composición del combustible, para hacerlo menos contaminante, aunque este año el Gobierno ha suavizado esos criterios y permitido más etanol de maíz en la mezcla.. Esta Driving Season va a ser más triste de lo habitual. A Sidney, enfermera de 45 años de Richmond, la capital de Virginia, le costaba en febrero 50 dólares (43 euros) llenar con gasolina premium el depósito de su BMW X3 de 2019. Ahora, se sale por 80 (69 euros). Solo el 30% de los estadounidenses creen que Trump está gestionando bien la economía.. Mercados presionando e impopularidad son malos en una democracia. En Irán, donde el régimen islámico está dispuesto a matar a todos los que haga falta para seguir en el poder, no tienen ese problema. Por eso, Cornell, que también ha trabajado en la petrolera semipública Saudi Aramco –la mayor compañía energética del mundo – , la Agencia Internacional de la Energía, y la OTAN, afirma: «Creo más lo que dicen los iraníes sobre el Estrecho que lo que dice Trump». Y remacha con un pronóstico poco tranquilizador: «Habrá un día, para cada producto y mercado, en el que empiece la escasez». El reloj, que empezó a correr el 28 de febrero con las primeras bombas, no se ha parado.. Antes de la guerra, pasaban por el Estrecho de Ormuz entre 20 y 21 millones de barriles diarios en promedio, de los que unas tres cuartas partes eran crudo y el resto derivados. Con esa vía de agua cerrada, Arabia Saudí y Emiratos aún logran exportar por oleoductos que eluden el Estrecho en torno a un tercio de esa cantidad.. Además, ha habido un aumento de producción de entre 4,5 y 5 millones de barriles diarios en el resto del mundo, sobre todo EEUU, Canadá, Kazajistán, Noruega y Venezuela. Rusia también se ha visto beneficiada, porque muchos países –desde EEUU hasta el Reino Unido, pasando por los emergentes– han suavizado o levantado las restricciones a la comercialización de su petróleo (ver gráfico). Sin embargo, el alza las exportaciones de Moscú ha sido relativamente modesto por los bombardeos de su infraestructura petrolera por Ucrania.. Los países industrializados, coordinándose a través de la Agencia Internacional de la Energía, están aportando otros 2,7 millones diarios de sus reservas estratégicas como parte de un plan para liberar en total 400 millones de barriles. Esa cantidad se alcanzará en julio o agosto.. Si se suma todo eso, faltan entre 4 y 6 millones de barriles en relación a los 20-21 que han dejado de fluir por Ormuz. Una parte de esa diferencia puede ser el misterio estadístico de China, que ha reducido brutalmente sus importaciones, pero sin que eso impacte sus enormes reservas, lo que ha desatado la especulación acerca de si tiene más crudo almacenado del que se suponía. Pero al menos 4 millones son, pura y simplemente, destrucción de la demanda. Es decir: racionamiento y menor consumo, sobre todo en el mundo en desarrollo.. Philip Cornell, investigador senior del ‘think tank’ de Washington Atlantic Council.Pablo Pardo. Tal vez el mejor ejemplo de estas dinámicas sea el del combustible de aviación en Europa. Cuando estalló la guerra, se extendió el temor de que los aviones se quedarían en tierra en verano por falta de carburante, dado que el Golfo Pérsico abastece alrededor del 25% del consumo de la UE. Pero Bruselas intervino, al recordar a las aerolíneas que pueden utilizar el combustible que se usa en EEUU. Y en Nigeria, la refinería de Dangote ha aumentado su producción de combustible de aviación para exportar a Europa hasta, unos 100.000 barriles diarios. Eso es cuatro veces más que hace un año, y la quinta parte de las importaciones totales de la UE.. Eso suena bien. Pero es circunstancial. Dangote está exportando tanto a Europa que, según las aerolíneas de Nigeria, no les está vendiendo a ellas, por lo que son sus aviones los que no tienen carburante. Como explica Cornell, «el margen es limitado. Las refinerías no pueden cambiar constantemente su producción. Si abasteces un mercado, desabasteces otro».. Y, sin embargo, el mercado lo ignora. El precio del barril ronda los 100 dólares –un 50% más que antes del conflicto– pero no ha alcanzado los 120 de marzo, en los peores momentos de la guerra. El diferencial de precio entre el petróleo físico (dated) y el financiero (los futuros) llegó a rondar los 25 dólares, lo que reflejaba el problema real de encontrar crudo de verdad, no opciones en un ordenador. Ahora, ha desaparecido prácticamente. Los 260 dólares que se llegaron a pagar en Sri Lanka por un barril de petróleo de Dubai parecen hoy inalcanzables.. Pese a todo, los mercados financieros siguen comportándose como si la crisis fuera manejable Wall Street está volviendo a marcar récords, y se prepara para tres OPVs históricas en los próximos seis meses: SpaceX (posiblemente 2,75 billones de dólares, la mayor de la Historia tras la de Saudi Aramco en 2019), OpenAI y Anthropic (cada una de un billón). Hay miedo… pero a dejar pasar oportunidades. «Muchos inversores apostaron a que los aranceles de Trump, hace un año, causarían una recesión y salieron escaldados, así que ahora hay mucha cautela para comprar pesimismo en materia de petróleo», explica un experto en renta fija de Londres.. Pero ese optimismo no cuadra con los números. Los entre 4 y 6 millones de barriles desaparecidos (incluso contando con que parte de ellos sean parte del misterio chino) serán entre 6,7 y 8,7 millones cuando la liberación de reservas acabe en junio o en julio. Y ahí es donde las cosas, tal y como declaró en Londres la semana pasada el propio máximo responsable de ese organismo, Fatih Birol, pueden entrar «en una zona de peligro».. Y los países del Golfo se están preparando para un bloqueo largo y, tal vez, para más guerra. Emiratos está levantando jaulas antidrones para sus depósitos de petróleo y acelerando la construcción de un nuevo oleoducto que le permitiría exportar sin pasar por Ormuz. Otros productores –Irak– estudian rutas alternativas o cierran campos –Kuwait y, de nuevo, Irak–, que luego tardarán tiempo y necesitarán inversiones para reactivarse. Para Cornell, «si la crisis acabara hoy, el mercado del petróleo y el gas tardaría entre dos y cuatro meses en volver a una relativa normalidad».. Cada día que pasa, el margen se estrecha. Irán deja salir con cuentagotas a los petroleros y buques de LNG, en ocasiones previo pago de dos millones de dólares (1,7 millones de euros), en bitcoin que, encima, es uno de los activos financieros que más ha favorecido Trump. Y los problemas se extienden. La industria de los plásticos, que proceden el petróleo, está notando la crisis. El precio de los alimentos parece destinado a dispararse porque el Golfo es uno de los mayores productores del mundo de fertilizantes nitrogenados. Eso puede tener en los países en vías de desarrollo consecuencias graves, tanto desde el punto de vista económico como desde el social.. Están a punto de pasar 100 días y el reloj no se ha detenido. Si Axios se equivoca, el mercado descubrirá que el reloj de Ormuz no medía la guerra: medía las reservas.
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