Los blancos se reponen a un mal inicio con una explosión ofensiva liderada por Campazzo (21 puntos) y Andrés Feliz (18) Leer
Los blancos se reponen a un mal inicio con una explosión ofensiva liderada por Campazzo (21 puntos) y Andrés Feliz (18) Leer
La séptima consecutiva es la que confirma el despegue, la que pone, ahora sí, a este Real Madrid en su relieve real. Fue la cuarta seguida en Europa y la segunda a domicilio. Fue ante el Maccabi en Belgrado, viejo rival, que venía de ganar en Valencia. Fue con 113 puntos, con 21 triples, un vendaval. Con un Campazzo inabordable y un Andrés Feliz en el modo dominador de últimamente. [99-113: Narración y estadísticas]
Con semejante baloncesto, este Madrid de Pedro Martínez es una promesa. Nadie puede garantizar los títulos, pero es imposible aburrirse (pese al empeño de los parones por revisión que todo lo estropean, más de dos horas de encuentro…). Es velocidad, es osadía. Es intercambio de golpes. El Maccabi no pudo resistir todo eso. Y eso que su arranque fue esperanzador.
Porque resultó una primera parte de dos caras para el Madrid. La mala, la del arranque, con Maledon acaparando focos y fallos (no iba a ser su noche, pese a que llegaba en vena), bien contrarrestado por la defensa hebrea, que se lo sabía de memoria. Con una defensa que era un coladero, que encajó 44 puntos en 15 minutos, un tramo en el que los blancos no se enteraban de nada, como si el frío ambiente del Aleksandar Nikolic Arena de Belgrado, vacío, les hubiera desconcentrado.
Fue un trago amargo en el que los de Pedro Martínez se vieron 15 abajo (44-29), sin soluciones y con un rival que lo metía todo. 15 puntos Colson entonces, imparables Madar y Jimmy Clark, tremendo Daniel Theis anotando y repartiendo juego, dominando el escenario. Pero este Madrid es capaz de convertirse en un volcán en erupción en un instante. Se desquitó a las bravas, con un arreón frenético, con triples como si fueran bombas. Hasta ocho en el segundo cuarto, con una confianza recobrada y Andrés Feliz a los mandos de la rebelión, bien acompañado por Luwawu-Cabarrot y Campazzo.
Un 8-22 de parcial que creció a la vuelta, ya otro Madrid. Definitivamente lanzado, tomando el vuelo, como su temporada, del 0-3 en Euroliga a siete victorias seguidas. Esta última se fraguó en ese despertar del segundo cuarto, alargado en el tercero primero con los puntos de Luwawu y después con un Campazzo cada vez más cómodo en esta forma de jugar.
Lo demostró con una estupenda racha, que coronó con un robo en medio del campo. En otra ocasión, se hubiera lanzado sin pensar sobre el aro. Ahora, se paró en el triple y ejecutó. La distancia del Madrid se disparó a los 13 puntos, con otros cinco consecutivos de Abalde. Todos se unían a la fiesta.
El Maccabi se resistió a morir, pese a la que le estaba cayendo encima. Campazzo y Feliz eran dos demonios y Tavares imponía su ley. El Madrid, esa era la impresión, se divertía. Y quizá a veces se olvidaba del esfuerzo defensivo. Y ahí estaban los de Kattash, por debajo de la decena. Todo lo cerró Abalde con 10 puntos seguidos, por si había alguna duda. Al final, 21 triples de 39 intentos. Ahora sí, el Madrid prometido.
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