En lo alto del Tibidabo, un hotel centenario estrena vida, terrazas y espíritu mediterráneo festivo. Leer
En lo alto del Tibidabo, un hotel centenario estrena vida, terrazas y espíritu mediterráneo festivo. Leer
Barcelona está a sus pies. Desde lo alto del Tibidabo, la ciudad despliega tejados, mar y horizonte ante un viejo conocido que estrena nombre y ganas de fiesta. El histórico Gran Hotel La Florida, inaugurado en 1925, ha recuperado el pulso convertido ahora en METT Barcelona, el nuevo capítulo de Sunset Hospitality Group en la capital catalana.. La transformación ha respetado el carácter del edificio y también ha abierto paso a un lujo de espíritu desenfadado. Suelos de madera, molduras y detalles originales conviven ahora con interiores renovados, terrazas luminosas y rincones que invitan a alargar la sobremesa en un enclave donde las vistas no necesitan presentación.. Sus 70 habitaciones y suites ofrecen refugio a quienes buscan bajar revoluciones sin alejarse del ritmo urbano. En estos espacios, las texturas naturales, las líneas suaves y una paleta cromática inspirada en el mar Mediterráneo crean una atmósfera envolvente. Fuera, seis terrazas panorámicas y dos piscinas -una interior y otra exterior de efecto infinito- ponen fácil eso de no mirar el reloj. La propuesta se completa con Valmont Red Carpet Spa, un santuario de tratamientos y cuidados de la mano de la firma suiza donde dedicar unas horas al placer de desaparecer de la agenda.. La gastronomía también reclama su sitio en este nuevo santuario de indulgencia. Albarada mira al Mediterráneo con acento local, 1925 Vermutería recupera el delicioso ritual de las tapas y el aperitivo, The Pool Club propone tardes al sol entre chapuzones y copas y en Florida Lounge by Lladró, diseño y conversación encuentran mesa. Las cuatro direcciones dentro del mismo emplazamiento también están también a disposición de quienes viven en Barcelona. Y es que la filosofía de METT busca convertir el hotel en un lugar de encuentro, no solo en una llave de habitación. Es una invitación a subir al Tibidabo para comer, brindar, desconectar o contemplar cómo cambia de color la ciudad. El antiguo La Florida se ha quitado el polvo de los años sin renunciar a su memoria y ahora vuelve a mirar Barcelona desde su privilegiado balcón.
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