Telecinco ha innovado. Sí, ha inventado un nuevo formato. Tantos programas de reformas con final feliz. Tantos gemelos que llegan a tu casa, tiran tres tabiques y te transforman las humedades en modernidades. Y, de repente, aparece Santi Acosta y da la vuelta a la televisión aspiracional entrando al epicentro de la fama folclórico torera nacional. Mediaset ha abierto las puertas de Cantora, la finca de Isabel Pantoja tras enviudar de Paquirri. Ella que ha sufrido todos los vuelcos de relato posibles, con sus finales en alto correspondientes cada temporada. De los vaivenes del amor retransmitido con el gran torero (que muere en plena lidia) a los coqueteos con el poder más turbio, con la posterior entrada en prisión. De la España de la historia romántica que Perales convirtió en banda sonora colectiva a la España de la especulación inmobiliaria y los alcaldes corruptos. Y todo salpicado de rencillas familiares, susceptibilidades con otras folclóricas, hijos díscolos, la niñera que se adueña de tu pequeña y múltiples personajes parásitos. Perfecto para diversificar la historia con buenos secundarios. No es que solo Isabel Pantoja protagonice la montaña rusa de su vida, es que no cesan de salir subtramas increíbles de su vínculos familiares. Sus hijos, sus enemigos, Anabel Pantoja, sus amores diversos… La historia de los Pantoja no baja la guardia de su efervescencia hasta cuando parecía imposible que quedaran más situaciones increíbles por pasar en su universo de tonadillera. Ella, y los suyos, siempre renovando los vaivenes emocionales para secuelas infinitas. Y cuando daba la sensación de que ya no quedaba a Isabel Pantoja más estados de ánimo de España por representar: descubrimos que está inhabitable la finca que durante cuatro décadas soñó la prensa rosa: humedades, cabezas de toro podridas, cajas de zapatos por los suelos, piscina verde mutante… El abandono de cuando la prosperidad te deja de lado. Toda una alegoría de un tipo de fama que fue y ya no existe. También para el propio Telecinco, que sigue intentando estirar aquello que le funcionó y, ahora, está en ruinas. Literalmente y metafóricamente. Y, una vez más, tira de aquellos personajes que pasaron por Cantora, con la suerte de que todos comunican muy bien. Porque, en el fondo, a todos les magnetizó la farándula que rodeaba a la cantante. Siempre ha habido mucho personal queriendo sacar rédito, deseando aparecer en más entregas del infinito serial de la última gran tonadillera.Pero, ojo, como en cualquier gran culebrón con un cabeza de cartel tan rotundo y, a la vez, con tantas capas de tramas abiertas, sufridas y vividas, el giro definitivo, el gran e inesperado giro final, no será provocado por ningún secundario. Será, por supuesto, de Isabel, Isabel Pantoja.
Un nuevo género televisivo.
Telecinco ha innovado. Sí, ha inventado un nuevo formato. Tantos programas de reformas con final feliz. Tantos gemelos que llegan a tu casa, tiran tres tabiques y te transforman las humedades en modernidades. Y, de repente, aparece Santi Acosta y da la vuelta a la televisión aspiracional entrando al epicentro de la fama folclórico torera nacional. Mediaset ha abierto las puertas de Cantora, la finca de Isabel Pantoja tras enviudar de Paquirri. Ella que ha sufrido todos los vuelcos de relato posibles, con sus finales en alto correspondientes cada temporada. De los vaivenes del amor retransmitido con el gran torero (que muere en plena lidia) a los coqueteos con el poder más turbio, con la posterior entrada en prisión. De la España de la historia romántica que Perales convirtió en banda sonora colectiva a la España de la especulación inmobiliaria y los alcaldes corruptos. Y todo salpicado de rencillas familiares, susceptibilidades con otras folclóricas, hijos díscolos, la niñera que se adueña de tu pequeña y múltiples personajes parásitos. Perfecto para diversificar la historia con buenos secundarios. No es que solo Isabel Pantoja protagonice la montaña rusa de su vida, es que no cesan de salir subtramas increíbles de su vínculos familiares. Sus hijos, sus enemigos, Anabel Pantoja, sus amores diversos… La historia de los Pantoja no baja la guardia de su efervescencia hasta cuando parecía imposible que quedaran más situaciones increíbles por pasar en su universo de tonadillera. Ella, y los suyos, siempre renovando los vaivenes emocionales para secuelas infinitas.Y cuando daba la sensación de que ya no quedaba a Isabel Pantoja más estados de ánimo de España por representar: descubrimos que está inhabitable la finca que durante cuatro décadas soñó la prensa rosa: humedades, cabezas de toro podridas, cajas de zapatos por los suelos, piscina verde mutante… El abandono de cuando la prosperidad te deja de lado. Toda una alegoría de un tipo de fama que fue y ya no existe. También para el propio Telecinco, que sigue intentando estirar aquello que le funcionó y, ahora, está en ruinas. Literalmente y metafóricamente. Y, una vez más, tira de aquellos personajes que pasaron por Cantora, con la suerte de que todos comunican muy bien. Porque, en el fondo, a todos les magnetizó la farándula que rodeaba a la cantante. Siempre ha habido mucho personal queriendo sacar rédito, deseando aparecer en más entregas del infinito serial de la última gran tonadillera.Pero, ojo, como en cualquier gran culebrón con un cabeza de cartel tan rotundo y, a la vez, con tantas capas de tramas abiertas, sufridas y vividas, el giro definitivo, el gran e inesperado giro final, no será provocado por ningún secundario. Será, por supuesto, de Isabel, Isabel Pantoja.
20MINUTOS.ES – Televisión
