No estamos ante “los veranos de siempre”. Asistir año tras año a la devastación salvaje de nuestros montes, con miles de personas evacuadas de sus viviendas, miles de hectáreas reducidas a cenizas, una irreparable pérdida de biodiversidad y la trágica pérdida de vidas humanas, no es una rutina estacional: es un drama social y una catástrofe política. La inacción de los gobiernos ante el fuego ya no es simple desidia; es una irresponsabilidad de consecuencias criminales.. Seguir leyendo
El pacto PP-Vox en Andalucía desoye a la ciencia y pretende sustituir el fortalecimiento de lo público por el negocio de unos pocos
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No estamos ante “los veranos de siempre”. Asistir año tras año a la devastación salvaje de nuestros montes, con miles de personas evacuadas de sus viviendas, miles de hectáreas reducidas a cenizas, una irreparable pérdida de biodiversidad y la trágica pérdida de vidas humanas, no es una rutina estacional: es un drama social y una catástrofe política. La inacción de los gobiernos ante el fuego ya no es simple desidia; es una irresponsabilidad de consecuencias criminales.. Sin haber alcanzado tan siquiera el ecuador de este verano de 2026, Andalucía ya acumula cuatro olas de calor asfixiantes. Las hectáreas devoradas por las llamas en 2026 se han cuadriplicado superando en un estremecedor 330% el total quemado en toda la campaña anterior. La tragedia del incendio de Los Gallardos —con 7.000 hectáreas carbonizadas y 14 vidas segadas por la voracidad del fuego—, o el actual incendio de Niebla con más de 25.000 hectáreas perdidas por ahora, es el cruel recordatorio de que no estamos hablando solo de árboles: hablamos de personas, de familias golpeadas, de proyectos de vida convertidos en ceniza y del futuro de comarcas enteras arruinado.. A esta catástrofe forestal se le suma la del termómetro. Al menos dos trabajadores han perdido la vida este verano en Andalucía víctimas de golpes de calor en sus puestos de trabajo, sumándose a las más de 280 muertes atribuibles directamente a las temperaturas extremas en nuestra comunidad. ¿Hasta cuándo vamos a normalizar que el calor mate a las personas trabajadoras?. Sigue habiendo quienes, parapetados en la complacencia o el cinismo, repiten el mantra anestésico de que «siempre ha habido olas de calor y los incendios forman parte de nuestros veranos». Es un argumento tramposo concebido para eludir responsabilidades e ignorar la emergencia climática. Cierto es que el fuego ha existido siempre, pero los incendios de hoy no se parecen en nada a los de antes. Según el CSIC, la crisis climática ha elevado la temperatura de las olas de calor entre 1,3 y 2,2 °C, duplicando la superficie afectada por el calor extremo.. Este horno ambiental somete a la vegetación a un estrés hídrico salvaje, transformando nuestros bosques en un polvorín. Sumado al abandono del medio rural, la desaparición de la ganadería extensiva y la proliferación descontrolada de viviendas urbanas en suelo forestal, los fuegos actuales —un 30% y 40% más intensos— son auténticos monstruos de sexta generación, ingobernables para los servicios de extinción.. Ante esta evidencia científica arrolladora, la respuesta de las instituciones andaluzas resulta indignante. El acuerdo de gobierno autonómico (PP-Vox) incluye perlas como el punto 138, que pregona el «rechazo a las imposiciones ideológicas en materia de cuidado del medio ambiente», al tiempo que abre de par en par la puerta a la colaboración público-privada en la prevención y extinción de incendios en su punto 141.. Estamos ante un pacto que desoye a la ciencia y pretende sustituir el fortalecimiento de lo público por el negocio de unos pocos. Se quiere ceder a terceros la responsabilidad sagrada de proteger nuestros montes, pretendiendo “hacer el agosto” privatizando la gestión de una emergencia civil y abriendo la vía al beneficio empresarial a costa de precarizar a las personas trabajadoras y debilitar un operativo público que ha demostrado sobradamente su eficacia. Las crisis no se gestionan desde el beneficio mercantil ni desde el dogma ideológico que le da la espalda a la realidad, al cambio climático: solo un sector público robusto, dotado de recursos suficientes y con condiciones laborales dignas durante todo el año, es capaz de proteger a la ciudadanía y salvaguardar nuestro patrimonio común.. El momento exige dejar la propaganda a un lado e implantar de inmediato un Plan de Actuación Integral enmarcado en un necesario Pacto de Estado. Este plan debe asumir sin complejos el marco de la emergencia climática en todas las actuaciones públicas; hacer cumplir la obligación de que los municipios dispongan de planes de autoprotección y simulacros periódicos; revisar con urgencia la normativa urbanística y la ordenación del territorio frente a los diseminados de riesgo; recuperar la agricultura y la ganadería extensiva para crear paisajes mosaico que frenen el avance de las llamas; dinamizar la economía local para fijar población en el medio rural; y contar con un operativo público de extinción suficiente, estable y capacitado que trabaje durante los 12 meses del año.. Invertir en prevención pública es infinitamente más barato que pagar la desgarradora factura económica, social y humana de sofocar el fuego y reconstruir lo devastado. Exigimos una nueva gobernanza que siente a la misma mesa a ayuntamientos, organizaciones agrarias, sindicatos, comunidad científica y sociedad civil para codiseñar este plan territorializado.. Por tanto, le decimos al Gobierno andaluz que es hora de elegir entre el dogma privatizador y negacionista o la defensa de la vida y del territorio.. La tierra se quema, el tiempo se agota y la ciudadanía exige respuestas ya.. Nuria López es secretaria general de CC OO en Andalucía.
