EL MUNDO presencia el proceso de concentración y traslado a la frontera de los extranjeros que permanecen en Ceuta tras la avalancha Leer
En la frontera del Tarajal, en Ceuta, hay dos puertas por las que son devueltos a Marruecos los inmigrantes que cruzaron irregularmente. La de la derecha está reservada para los «voluntarios», según la terminología castrense. Es el eufemismo que emplea el Ejército para referirse a jóvenes de distintos orígenes -subsaharianos, magrebíes, yemeníes o palestinos- localizados por los militares, concentrados en las playas de la ciudad autónoma y que suben a camiones con escolta militar que los conducen hasta la mismísima frontera.La puerta de la izquierda estaba destinada, en principio, a quienes llegaban al Tarajal por su propio pie, sin camiones ni escolta militar. La clasificación parecía sencilla: por un lado, los trasladados por el Ejército; por otro, quienes regresaban por decisión propia. Sin embargo, incluso en este segundo grupo la voluntariedad admitía interpretaciones bastante generosas.EL MUNDO fue testigo de cómo un soldado de los Regulares condujo por esa puerta hacia Marruecos a una adolescente de unos 13 años. La cabeza de la menor apenas alcanzaba la altura del codo del uniformado que la acompañaba. Avanzó junto a él por el acceso destinado a quienes, según la lógica del dispositivo, no necesitaban ser subidos a un camión.Durante toda la mañana, ambas puertas permanecieron abiertas de par en par y custodiadas por militares y agentes de la Guardia Civil. Por la de la derecha, los vehículos de transporte arribaron con intervalos de menos de cinco minutos durante el mediodía.Así detiene la Legión a grupos de inmigrantes en Ceuta para deportarlosDANIEL J. OLLEROTras atravesar la puerta, avanzaban marcha atrás y se detenían junto a la frontera marroquí, donde otros vehículos militares bloqueaban la visión de los teleobjetivos. Los soldados llegaron incluso a formar delante de ellos para dificultar que los fotógrafos y las televisiones grabaran a los hombres y mujeres mientras descendían y entraban en Marruecos.Durante el trayecto, un BMR o un todoterreno militar circulaba detrás de cada camión, preparado para intervenir en caso de que alguno de aquellos «voluntarios» saltara del vehículo e intentara escapar.Y es que, durante el lunes, las fugas o sus conatos no fueron una anomalía. La llegada al Tarajal era la última fase de un dispositivo que comenzaba varios kilómetros antes, junto al espigón que linda con los almacenes San Pablo, en playa Benítez. Allí, en uno de los puntos de concentración habilitados en Ceuta, los militares reunían a los inmigrantes localizados en distintos lugares de la ciudad antes de conducirlos a la frontera.Ante los ojos de los periodistas, uno de los «voluntarios» aprovechó un descuido de los soldados cuando se disponían a conducirle a la parte trasera del camión: se levantó de golpe, rompió el cerco formado alrededor del grupo y corrió hacia unas escaleras. Los legionarios salieron tras él mientras varios militares pedían a los periodistas que intervinieran
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