La francesa Gisèle Pelicot, quien se convirtió en un icono global por su valentía al rechazar que el juicio a su exmarido y decenas de hombres que la violaron mientras estaba inconsciente se realizara a puerta cerrada, ha descrito en sus memorias, que sintió una conmoción cuando la Policía le mostró por primera vez imágenes de los crímenes, en las que se pudo ver como una «muñeca de trapo».. La descripción figura en uno de los extractos adelantados por Le Monde de sus próximas memorias, que bajo el título en castellano ‘Un himno a la vida’, se publicará el próximo martes 17 de febrero en 22 idiomas.. Pelicot, de 73 años, relata en su libro que el mundo se le cayó cuando en noviembre de 2020 la Policía le enseñó imágenes de las violaciones bajo sedación organizadas por su marido, a quien consideraba «un buen hombre» y con el que había convivido 50 años. Descubrió entonces que esposo la había estado drogando, violando y que invitaba a desconocidos a violarla.. Todo salió a la luz después de que su marido, Dominique Pelicot, fuera descubierto por un guardia de seguridad de un supermercado lo grabando a escondidas bajo las faldas de las mujeres. La Policía le llamó para interrogarle y le acompañó su esposa, que cuenta que no estaba preparada para lo que el contó el agente Laurent Perret. Él dijo: «Les voy a mostrar fotos y vídeos que no les van a gustar. Esa foto la protagonizan ustedes».. Pelicot no podía creerse que la mujer que yacía en la cama fuera ella. «No reconocí a los individuos. Ni a esta mujer. Tenía las mejillas tan flácidas. La boca tan flácida. Era una muñeca de trapo», escribe en el libro. «Mi cerebro dejó de funcionar en la oficina del sargento adjunto de policía Perret», ha relatado, según el extracto del diario francés.. En el juicio, que duró tres meses y fue seguido internacionalmente, Dominique Pelicot fue declarado culpable de durante casi una década, machacar somníferos y ansiolíticos en su comida, e invitar a decenas de hombres a violarla en el pueblo de Mazan, en el sureste de Francia. En total 51 hombres fueron declarados culpables de violación o agresión sexual a Gisele Pelicot.. Un juicio a la vista de todos. En los extractos que se han filtrado del libro, Pelicot explica que descartó mantener a puerta cerrada el juicio, como ocurre en Francia en estos casos, para no proteger a sus agresores y porque no quería seguir siendo «rehén de sus apariencias, sus mentiras, su cobardía y su desprecio».. Lo explicó ya en su día defendiendo que «la vergüenza debía de cambiar de bando». Y alega que de haberse producido el juicio a puerta cerrada «nadie sabría lo que me habían hecho. Ni un solo periodista estaría allí para escribir sus nombres junto a sus crímenes… Sobre todo, ninguna mujer podría entrar y sentarse en la sala del tribunal para sentirse menos sola».. Eso sí, Pelicot cree que hubiera actuado de manera diferente si hubiera tenido 20 años menos: «Quizás no me habría atrevido a rechazar una audiencia a puerta cerrada. Habría temido las miradas. Esas malditas miradas con las que una mujer de mi generación siempre ha tenido que lidiar, esas malditas miradas que te hacen dudar por la mañana entre pantalones y vestido, que te siguen o te ignoran, te adulan y te avergüenzan. Esas malditas miradas que se supone que te dicen quién eres, cuánto vales, y luego te abandonan al envejecer”.
Sus memorias, bajo el título en castellano ‘Un himno a la vida’, se publicarán el próximo martes 17 de febrero a la vez en 22 idiomas.
20MINUTOS.ES – Internacional
La francesa Gisèle Pelicot, quien se convirtió en un icono global por su valentía al rechazar que el juicio a su exmarido y decenas de hombres que la violaron mientras estaba inconsciente se realizara a puerta cerrada, ha descrito en sus memorias, que sintió una conmoción cuando la Policía le mostró por primera vez imágenes de los crímenes, en las que se pudo ver como una «muñeca de trapo».. La descripción figura en uno de los extractos adelantados por Le Monde de sus próximas memorias, que bajo el título en castellano ‘Un himno a la vida’, se publicará el próximo martes 17 de febrero en 22 idiomas.. Pelicot, de 73 años, relata en su libro que el mundo se le cayó cuando en noviembre de 2020 la Policía le enseñó imágenes de las violaciones bajo sedación organizadas por su marido, a quien consideraba «un buen hombre» y con el que había convivido 50 años. Descubrió entonces que esposo la había estado drogando, violando y que invitaba a desconocidos a violarla.. Todo salió a la luz después de que su marido, Dominique Pelicot, fuera descubierto por un guardia de seguridad de un supermercado lo grabando a escondidas bajo las faldas de las mujeres. La Policía le llamó para interrogarle y le acompañó su esposa, que cuenta que no estaba preparada para lo que el contó el agente Laurent Perret. Él dijo: «Les voy a mostrar fotos y vídeos que no les van a gustar. Esa foto la protagonizan ustedes».. Pelicot no podía creerse que la mujer que yacía en la cama fuera ella. «No reconocí a los individuos. Ni a esta mujer. Tenía las mejillas tan flácidas. La boca tan flácida. Era una muñeca de trapo», escribe en el libro. «Mi cerebro dejó de funcionar en la oficina del sargento adjunto de policía Perret», ha relatado, según el extracto del diario francés.. En el juicio, que duró tres meses y fue seguido internacionalmente, Dominique Pelicot fue declarado culpable de durante casi una década, machacar somníferos y ansiolíticos en su comida, e invitar a decenas de hombres a violarla en el pueblo de Mazan, en el sureste de Francia. En total 51 hombres fueron declarados culpables de violación o agresión sexual a Gisele Pelicot.. En los extractos que se han filtrado del libro, Pelicot explica que descartó mantener a puerta cerrada el juicio, como ocurre en Francia en estos casos, para no proteger a sus agresores y porque no quería seguir siendo «rehén de sus apariencias, sus mentiras, su cobardía y su desprecio».. Lo explicó ya en su día defendiendo que «la vergüenza debía de cambiar de bando». Y alega que de haberse producido el juicio a puerta cerrada «nadie sabría lo que me habían hecho. Ni un solo periodista estaría allí para escribir sus nombres junto a sus crímenes… Sobre todo, ninguna mujer podría entrar y sentarse en la sala del tribunal para sentirse menos sola».. Eso sí, Pelicot cree que hubiera actuado de manera diferente si hubiera tenido 20 años menos: «Quizás no me habría atrevido a rechazar una audiencia a puerta cerrada. Habría temido las miradas. Esas malditas miradas con las que una mujer de mi generación siempre ha tenido que lidiar, esas malditas miradas que te hacen dudar por la mañana entre pantalones y vestido, que te siguen o te ignoran, te adulan y te avergüenzan. Esas malditas miradas que se supone que te dicen quién eres, cuánto vales, y luego te abandonan al envejecer”.
