El comportamiento del lince ibérico (Lynx pardinus) sigue sorprendiendo a los expertos que vigilan los pasos de este animal. Un estudio del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC) ha desvelado un peculiar hábito no detectado antes en la especie: mojar a sus presas de forma deliberada en agua en los meses de mayor calor. Es una práctica, aseguran los autores del trabajo, no reportada en los felinos salvajes, que acostumbran a desgarrar las piezas que cazan o a esconderlas para protegerlas de otros depredadores. Ahora, se ha descubierto que las hembras podrían empapar en agua a los conejos, la base de su alimento, para alterar su textura e hidratar a sus crías durante el destete. “Es un comportamiento que no se había descrito nunca en ningún carnívoro en libertad, ni en felinos ni en ninguna otra especie”, asegura José Jiménez, ingeniero de montes y autor principal del estudio, publicado en la revista Ecology tras cinco años de investigación en los Montes de Toledo, una de las áreas de reintroducción del lince con mayor número de hembras reproductoras.. Seguir leyendo
Un grupo de investigadores documentan cómo varios ejemplares empapan con agua los conejos que cazan antes de darlos a sus cachorros
Feed MRSS-S Noticias
El comportamiento del lince ibérico (Lynx pardinus) sigue sorprendiendo a los expertos que vigilan los pasos de este animal. Un estudio del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC) ha desvelado un peculiar hábito no detectado antes en la especie: mojar a sus presas de forma deliberada en agua en los meses de mayor calor. Es una práctica, aseguran los autores del trabajo, no reportada en los felinos salvajes, que acostumbran a desgarrar las piezas que cazan o a esconderlas para protegerlas de otros depredadores. Ahora, se ha descubierto que las hembras podrían empapar en agua a los conejos, la base de su alimento, para alterar su textura e hidratar a sus crías durante el destete. “Es un comportamiento que no se había descrito nunca en ningún carnívoro en libertad, ni en felinos ni en ninguna otra especie”, asegura José Jiménez, ingeniero de montes y autor principal del estudio, publicado en la revista Ecology tras cinco años de investigación en los Montes de Toledo, una de las áreas de reintroducción del lince con mayor número de hembras reproductoras.. Los trabajos empezaron en agosto de 2020 cuando las cámaras de fototrampeo detectaron a Naia, una de las hembras liberadas en la finca El Castañar, zambullendo un conejo recién cazado en un abrevadero de ganado. Desde entonces y hasta 2025 se han contabilizado ocho eventos similares protagonizados por cinco hembras diferentes de esta misma finca en cinco pilones de agua distintos. Lo más intrigante, según los investigadores, es que se trata de un fenómeno “estrictamente local”, no observado en ninguna otra población de lince ibérico de la Península ni en centros de cría en cautividad, donde los animales son vigilados de forma constante. Las grabaciones más nítidas muestran a un grupo de hembras, casi todas con partos tardíos, sumergiendo a los conejos en agua durante al menos 60 segundos, sin soltarlos, para luego retirarse con ellos visiblemente empapados. La hipótesis más plausible, pese a no captar ese momento, es que las hembras mojarían a sus presas para transportar agua hacia sus cachorros.. Secuencia de una hembra de lince ibérico mojando a su presa en agua en un abrevadero de ganado en los Montes de Toledo.IREC. Los casos se documentaron entre los meses de junio y agosto, en plena canícula y con las crías de estas linces en época de destete, “con cachorros de 60 o 70 días que están en el momento de la transición de la leche materna al alimento sólido”. “Nuestra hipótesis es que con ese comportamiento se estaba posibilitando esa mejor transición o se estaba hidratando a las crías”, explica Jiménez. Los experimentos controlados con conejos muertos mostraron que la inmersión en agua no solo acelera el enfriamiento post-morten de la presa, sino que el pelaje del animal actúa como una esponja. “Un conejo empapado durante 60 segundos conserva una cantidad de agua equivalente al 5% de su peso corporal y mantiene durante 40 minutos entre el 3% y el 5% de humedad, una cantidad sensible para poder transportarla y ofrecerla a los cachorros en un momento de carencia”. Un comportamiento que, añade, “está ligado al verano, aunque no al calor extremo, ya que se constató a primera y a última hora del día, cuando se produce la caza”.. El estudio de este grupo de investigadores también cuestiona la clasificación, hasta ahora, del lince como un carnívoro solitario y apunta a una transmisión de conocimientos, al menos, entre los ejemplares de este núcleo poblacional. En todos ellos, el hábito de remojar a las presas parece seguir un patrón de parentesco y vecindad. “Las hembras que lo practican suelen ser parientes o comparten fronteras territoriales”, cuenta Jiménez, integrante del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del IREC, que apunta a una conducta iniciada por una hembra pionera replicada después dentro de esa población. “Tendríamos hasta tres generaciones de hembras en las que, aparentemente, se habría transmitido ese conocimiento”, apunta el investigador. Los resultados del estudio, aunque exploratorios, ponen de relieve, añade, “la sofisticación cognitiva” del lince y su capacidad de resiliencia, “especialmente valiosa en un contexto de cambio climático y calentamiento global, donde la adaptación rápida a entornos cambiantes es clave para la supervivencia”.. La innovación y la transmisión de este hábito entre los linces de esta finca de Toledo tienen boquiabiertos a este grupo de investigadores. “Parece que ha habido un aprendizaje de madres a hijas y entre hembras de territorios colindantes. Todo apunta a una transmisión parental y a una transmisión social, dentro de una misma población”, insisten. El hallazgo pone de manifiesto, según Jiménez, una “notable plasticidad” en la conducta del lince, “con implicaciones evolutivas en un entorno cambiante”. Para este investigador, la monitorización de la especie, con 2.400 ejemplares en 2024 según el último censo oficial, “no debe basarse exclusivamente en parámetros demográficos, sino también en cómo está evolucionando su conducta, porque eso nos dará las claves para su conservación y gestión futura”. Entender estos comportamientos, concluye el estudio, “nos ayuda a admirar aún más el ingenio de una especie que, tras estar al borde del abismo, sigue encontrando formas sorprendentes de prosperar en el monte mediterráneo”.
