Iñaki Gabilondo delata a los que se apropian de la libertad cuando Diego Fortea le pregunta en el programa Lo contó la radio de Onda Cero por su buena relación con su competidor hertziano Luis Del Olmo.“Es que era así todo. La anomalía se produjo cuando empezaron otros a anunciarse a sí mismos como representantes de la libertad y nos calificaron a los demás como apesebrados. Hasta ese momento todas las radios de siempre habían mantenido una muy buena relación. Nadie se había puesto desde una antena a criticar a un compañero, a insultarle. Eso era inimaginable. Luis Del Olmo y yo solo estábamos practicando el deporte habitual de la buena vecindad entre dos colegas que tienen una rivalidad”.. Gabilondo nos enfrenta al fallo del sistema: vemos la cordialidad como rareza cuando es la naturaleza del ser humano. Y, como buen periodista, da más datos: argumenta dónde empezó el emponzoñamiento del compañerismo. “Después, llegaron otro tipo de compañeros que empezaron a señalarse a sí mismos como “nosotros somos la libertad” Y automáticamente nos lanzaban al vacío de los vendidos, de los entregados, de los sometidos. Y eso nos unió mucho a Luis y a mí: ‘Oye, perdona, estamos trabajando como mulas los dos, qué hagan lo que quieran pero por qué nos tienen que descalificar a nosotros’”.. Ahí, en plenos años ochenta, empezó el marketing de la conspiración para ganar adeptos. Truco que, ahora, se ha propagado desde las redes sociales. Aunque siempre deberíamos desconfiar del que habla más de sí mismo que hace periodismo. Peor aún si se autoproclama autoridad de la credibilidad, la independencia y el buen hacer. Los referentes se crean con buen trabajo, la perspectiva del paso del tiempo y la admiración de la gente. A veces, ni eso. Pero jamás desde el ‘yoismo’ del «soy la libertad». Eso es vanidad. Y un poco de narcisismo, también.. Iñaki reflexiona sobre esta diferencia entre show y oficio en una conversación deliciosa con Diego Fortea. Charla sobre la radio y la vida que concluye con el gran aprendizaje del periodista que nos sirve para entender cómo regresamos hoy a lugares en los que teníamos meridianamente claro que no queríamos estar ayer. “Siempre se ha dicho que la única verdadera lección de la historia es que nunca se aprende ninguna lección de la historia. Y eso es lo que más me ha sorprendido. Trato de entender y sigo sin entender, ahora que ya soy un viejo, por qué los seres humanos repiten sin parar como si no hubieran aprendido nada de lo anterior. No se aprende nunca nada de nada. Es que es una cosa verdaderamente increíble”, argumenta Gabilondo a Fortea con su sabia curiosidad. Tan serena como incesante.. “Ves cómo reaparecen con pretensiones de novedad cosas que son más viejas que la tana. Descubrimientos atómicos que estaban más vistos que el tebeo. Entradas por caminos que van al despeñadero con claridad meridiana que la historia ha demostrado doscientas mil veces y que se repiten otra vez. Me gusta mucho la vida, me gusta vivir el enigma de cada día. Trato de entenderlo cada día. Aunque sigo sin entender cómo el hombre y la mujer no escarmientan nunca y son capaces de repetir sistemáticamente los errores que llevan a resultados malos”. La experiencia de Gabilondo tiene la memoria que parece no tener el mundo.
Una reflexión cuando se cumple el 40 aniversario de ‘Hoy por hoy’
Iñaki Gabilondo delata a los que se apropian de la libertad cuando Diego Fortea le pregunta en el programa Lo contó la radio de Onda Cero por su buena relación con su competidor hertziano Luis Del Olmo.“Es que era así todo. La anomalía se produjo cuando empezaron otros a anunciarse a sí mismos como representantes de la libertad y nos calificaron a los demás como apesebrados. Hasta ese momento todas las radios de siempre habían mantenido una muy buena relación. Nadie se había puesto desde una antena a criticar a un compañero, a insultarle. Eso era inimaginable. Luis Del Olmo y yo solo estábamos practicando el deporte habitual de la buena vecindad entre dos colegas que tienen una rivalidad”.. Gabilondo nos enfrenta al fallo del sistema: vemos la cordialidad como rareza cuando es la naturaleza del ser humano. Y, como buen periodista, da más datos: argumenta dónde empezó el emponzoñamiento del compañerismo. “Después, llegaron otro tipo de compañeros que empezaron a señalarse a sí mismos como “nosotros somos la libertad” Y automáticamente nos lanzaban al vacío de los vendidos, de los entregados, de los sometidos. Y eso nos unió mucho a Luis y a mí: ‘Oye, perdona, estamos trabajando como mulas los dos, qué hagan lo que quieran pero por qué nos tienen que descalificar a nosotros’”.. Ahí, en plenos años ochenta, empezó el marketing de la conspiración para ganar adeptos. Truco que, ahora, se ha propagado desde las redes sociales. Aunquesiempre deberíamos desconfiar del que habla más de sí mismo que hace periodismo. Peor aún si se autoproclama autoridad de la credibilidad, la independencia y el buen hacer. Los referentes se crean con buen trabajo, la perspectiva del paso del tiempo y la admiración de la gente. A veces, ni eso. Pero jamás desde el ‘yoismo’ del «soy la libertad». Eso es vanidad. Y un poco de narcisismo, también.. Iñaki reflexiona sobre esta diferencia entre show y oficio en una conversación deliciosa con Diego Fortea.Charla sobre la radio y la vida que concluye con el gran aprendizaje del periodista que nos sirve para entender cómo regresamos hoy a lugares en los que teníamos meridianamente claro que no queríamos estar ayer. “Siempre se ha dicho que la única verdadera lección de la historia es que nunca se aprende ninguna lección de la historia.Y eso es lo que más me ha sorprendido. Trato de entender y sigo sin entender, ahora que ya soy un viejo, por qué los seres humanos repiten sin parar como si no hubieran aprendido nada de lo anterior. No se aprende nunca nada de nada.Es que es una cosa verdaderamente increíble”, argumenta Gabilondo a Fortea con su sabia curiosidad. Tan serena como incesante.. “Ves cómo reaparecen con pretensiones de novedad cosas que son más viejas que la tana. Descubrimientos atómicos que estaban más vistos que el tebeo. Entradas por caminos que van al despeñadero con claridad meridiana que la historia ha demostrado doscientas mil veces y que se repiten otra vez. Me gusta mucho la vida, me gusta vivir el enigma de cada día. Trato de entenderlo cada día. Aunque sigo sin entender cómo el hombre y la mujer no escarmientan nunca y son capaces de repetir sistemáticamente los errores que llevan a resultados malos”. La experiencia de Gabilondo tiene la memoria que parece no tener el mundo.
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