Las nuevas generaciones han cambiado su forma de consumir. Ya no se dejan llevan por los productos, sino a las experiencias en medio de un contexto de alta incertidumbre Leer
Las nuevas generaciones han cambiado su forma de consumir. Ya no se dejan llevan por los productos, sino a las experiencias en medio de un contexto de alta incertidumbre Leer
En tiempos de incertidumbre, busque lo que le haga sentirse feliz… o al menos es lo que las nuevas generaciones están haciendo cuando los grandes proyectos -como comprarse una casa o alcanzar la independencia financiera- se perciben como (casi) inalcanzables. De allí que las entradas a conciertos se agoten en cuanto salen, que las terrazas estén a reventar en verano o que otros rescaten pasiones de la infancia, como Javier Ojeda (26 años) y su colección de tarjetas de Pokemón: «No gasto en otras cosas, no salgo tanto de viaje o de fiesta los fines de semana. Me puedo permitir gastar en un hobby».. Ojeda destina alrededor de 50 a 70 euros al mes para llenar su colección. «No me los dejo todos los meses, a veces acumulo y si lo hago durante tres meses tengo entre 150 0 200 euros para poder gastar», cuenta, lo que planifica para piezas exclusivas. Aunque ahora tiene una tienda que le patrocina, el tiempo que lleva coleccionando seriamente le ha permitido sentir el efecto de la inflación. «No es como cuando coleccionaba de niño. Antes podías comprar un sobre cerrado a dos euros como mucho. A día de hoy se te puede ir fácilmente a los seis o siete euros», detalla, y puede ser más en artículos especiales.. En parte, Ojeda achaca la subida al aumento de la demanda en estos productos. Pero también se debe al aumento de la inflación que impacta, sobre todo, en los costes de producción y obligan a ajustar los precios. De hecho, los jóvenes son uno de los colectivos más afectados en los últimos años por la ola inflacionista que golpeó a España tras la pandemia -con cotas de inflación en los años posteriores que no se veían en el país desde los años 80- y que han dejado como resultado precios consolidados mucho más altos en el país y una merma de poder adquisitivo, especialmente para los trabajadores con menos experiencia a los que el sueldo apenas les ha subido.. SERIE JOVENES 2026. Consumir 1. Aunque los jóvenes destinan una menor proporción de su gasto a alimentación (12,4% de su presupuesto frente a una media del 15%) -el componente de la cesta de consumo que más se han encarecido en los últimos años-, les penaliza que destinan un 13,7% al alquiler (frente a una media del 4%, ante la imposibilidad de acceder a la vivienda en propiedad). La subida del precio de los pisos en alquiler, por la escasez de oferta, restringe su capacidad de ahorro y consumo.. La forma de decidir en qué gastar se ha vuelto más «estratégica» entre los jóvenes (de 18 a 29 años) que ya participan del mercado del consumo y toman decisiones económicas propias. «En lugar de reducir el gasto de forma generalizada, aceptan gastar menos en determinadas categorías para mantener o incluso aumentar el gasto en aquellas que consideran más importantes», explica Emma Bernardo, miembro del grupo de Trabajo de Psicología y Economía del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Y es que el estrés financiero hace que las personas tiendan a «centrarse en los problemas más inmediatos y a dejar en un segundo plano las consecuencias a largo plazo», siguiendo el sesgo del presente. Por esto, la presión económica que genera la crisis de la vivienda o la precariedad laboral, por ejemplo, «no siempre conduce a reducir el consumo», sostiene Bernardo. Un fenómeno que se llama doom spending o gastar dinero como forma de aliviar el estrés provocado por la incertidumbre económica.. Eso sí, el mayor gasto no se dirige necesariamente a cualquier tipo de productos o servicios y tampoco que han renunciado completamente a los objetivos que parecen más difíciles de alcanzar. Bernardo señala que «las experiencias generan más felicidad que las posesiones materiales porque pasan a formar parte de nuestra identidad, se recuerdan de forma más positiva con el paso del tiempo y fortalecen las relaciones sociales», por lo que los jóvenes suelen destinar una mayor proporción de su gasto a la hostelería, la moda y las experiencias fuera del hogar. La Encuesta de Presupuestos Familiares del INE también evidencia esto. La restauración y las actividades de ocio tienen más peso en su presupuesto al llevarse un 10,7% del total frente al 8% de media nacional, siendo uno de los componentes que más se ha encarecido por el tirón de la demanda: un 32,6% desde antes del covid. Aun así, el gasto medio por persona de los de 16 a 29 años bajó un 1,8% interanual en 2025, frente al incremento del 3,2% que experimentó la media del país.. SERIE JOVENES 2026. Consumir 2. En el caso de Ojeda, el coleccionismo le lleva de regreso a «ese momento de volver a abrir sobres, de volver a coleccionar cartas, que es lo mismo que hacía cuando era pequeño», recuerda. «Ahora con otro nivel adquisitivo y porque me lo puedo permitir, tenía ganas de volver a tener mis propias cartas y mis propias colecciones». Bernardo apunta que los jóvenes suelen vincular la nostalgia histórica con valores como la sencillez, la calidad y la sostenibilidad, y «que determinados elementos estéticos asociados al pasado pueden influir en sus preferencias y en su comportamiento de compra». Sin embargo, aunque Ojeda lo vive principalmente como un hobby de ocio comparable a ir al gimnasio (para lo que planifica también parte de su salario), es consciente de que su colección tiene un valor económico real que puede actuar como ahorro (no recomendable sin conocimientos previos, advierte).. En el año que ha retomado el coleccionismo seriamente, el valor de sus activos se sitúa entre los 1.000 y 1.200 euros. «Si un joven tiene un sueldo base para cubrir sus necesidades, le da cierta capacidad de ahorro y aún así le sobra algo de dinero, el gasto en cartas Pokemón no es una mala idea ya que son piezas que puede disfrutar como ocio, generar contactos con los mismos gustos, y si tiramos más del hilo, incluso le puede servir de reserva de valor para un futuro ya que está comprobado que el mercado de las cartas provoca que en muchos casos pasen de simples trozos de cartón a una reserva de valor considerable».. El consumo y las prioridades han cambiado entre los jóvenes. Y el peso de la tecnología en esto, con la inteligencia artificial incluida, no se puede negar al ser una generación plenamente digital. Con una media de 6,5 horas diarias utilizando el teléfono movil, Bernardo, quien también es vocal de la Sociedad Científica de Economía de la Conducta (Socec), apunta que las redes sociales se han convertido en un «canal clave, tanto para el descubrimiento de nuevas marcas como para la toma de decisiones de compra».. Estas son herramientas que no solo permiten descubrir productos, sino que también «comparte de forma constante lo que piensa, siente y hace, además de comparar estilos de vida». Un aspecto que Ojeda comparte y su regreso al hobby fue impulsado, en parte, por el entorno digital: «Había visto los típicos vídeos de gente conocida en redes y pensé que me gustaría volver». Incluso ahora que tiene experiencia, él es quien comparte «lo que voy aprendiendo» como coleccionista en su propia cuenta de redes sociales.. En cualquier caso, aunque la presión económica tiene mucho que ver entre la relación de los jóvenes con el consumo, no se trata solo en una respuesta coyuntural. Bernardo apunta a «un cambio hacia un consumo más selectivo e intencional, donde no se trata tanto de gastar menos como de decidir mejor en qué merece la pena gastar»; un hábito que incluso los consumidores con rentas más altas están adoptando. Por ejemplo, la Generación Z compra más productos de segunda mano, recurre al DIY (Do It Yourself)y utiliza herramientas para optimizar las compras. No solo con el objetivo de ahorrar, sino para acceder a productos de mayor calidad o encontrar opciones que consideran más valiosas.. SERIE JOVENES 2026. Consumir 3. Así, la «realidad del quizas más adelante» -donde muchos jóvenes asumen que no podrán comprar una vivienda-, el gasto se desplaza hacia los activos que refuerzan la identifaf y el refugio emocional. Eso sí, requiere de una consciencia financiera para no tomar decisiones impulsivas o dejarse afectar por los sesgos que complican la economía personal.. Y esto es algo que Ojeda considera importante antes de gastar en un hobby que requiera gastar. «Si tomamos el hobby del coleccionismo de cartas como una actividad de ocio, se interpreta como un gasto dependiente de la autogestión», precisa Ojeda. «Depende de la educación financiera que tenga sabrá cuando tiene suficiente margen para gastar en ocio y cuando no». Precisamente los conocimientos financieros -como la inflación, un presupuesto o cómo funcionan los productos básicos financieros- son una de las materias pendientes de España, sobre todo en las nuevas generaciones.. Vea el siguiente capítulo de No es país para jóvenes con la historia de Zoe González y su caza por una hipoteca a sus 23 años en Madrid hasta convertirse en (casi) una experta.
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