Esa tele que está frente de ti en el gimnasio y nunca escuchas, esta tele que cuelga de las paredes de los bares y nadie la mira. Pero todos la ven.. La tele sigue ocupando espacios, que se diría ahora. El televisor de siempre continúa omnipresente en lugares públicos. Y no solo como reclamo cuando se emite el gran partido de fútbol.. La tele está en la hostelería, los transportes y hasta los centros deportivos en los que se entrena el cuerpo, aunque no siempre sabemos dónde poner la mente. Ahí la pantalla también cobra todo su sentido.. Necesitamos sitios dónde mirar. Siempre buscamos un punto en el que colocar nuestra mirada. A veces, por vergüenza. Otras, porque no sabemos desconectar. Ni siquiera mojando un churro en el café. Tampoco sudando el maratón en una máquina de correr.. Antaño afirmaban que la cadena que está encendida en la tele de los restaurantes era un síntoma de éxito social. Porque conseguía estar en la conversación de la calle. En la capital, Telemadrid era la reina en bares, tascas y pubs. La autonómica madrileña había logrado el más difícil todavía: enfocar la cotidianidad más próxima en una ciudad en la que todo se mira en clave nacional. En los gimnasios, en cambio, mejor moverse al ritmo de canales de videoclips -de esos que se han extinguido- o los canales que la actualidad sin tregua impedirá que desaparezcan jamás: las cadenas de información 24 horas. Perfectas para los establecimientos con la tele prendida, aunque con el mute puesto. La imagen y los rótulos hacen el trabajo por nuestros oídos.. Porque la tele ejercita la compañía hasta cuando no es escuchada. Ahí está, mirándonos con su trajín multicolor. Incluso esperando nuestra complicidad. Incluso sabiendo que también es coartada, cuando estamos solos y no sabemos hacia dónde mirar.
La tele prendida hasta cuando no la podemos escuchar.
Esa tele que está frente de ti en el gimnasio y nunca escuchas, esta tele que cuelga de las paredes de los bares y nadie la mira. Pero todos la ven.. La tele sigue ocupando espacios, que se diría ahora. El televisor de siempre continúa omnipresente en lugares públicos. Y no solo como reclamo cuando se emite el gran partido de fútbol.. La tele está en la hostelería, los transportes y hasta los centros deportivos en los que se entrena el cuerpo, aunque no siempre sabemos dónde poner la mente. Ahí la pantalla también cobra todo su sentido.. Necesitamos sitios dónde mirar. Siempre buscamos un punto en el que colocar nuestra mirada. A veces, por vergüenza. Otras, porque no sabemos desconectar. Ni siquiera mojando un churro en el café. Tampoco sudando el maratón en una máquina de correr.. Antaño afirmaban que la cadena que está encendida en la tele de los restaurantes era un síntoma de éxito social. Porque conseguía estar en la conversación de la calle. En la capital, Telemadrid era la reina en bares, tascas y pubs. La autonómica madrileña había logrado el más difícil todavía: enfocar la cotidianidad más próxima en una ciudad en la que todo se mira en clave nacional. En los gimnasios, en cambio, mejor moverse al ritmo de canales de videoclips -de esos que se han extinguido- o los canales que la actualidad sin tregua impedirá que desaparezcan jamás: las cadenas de información 24 horas. Perfectas para los establecimientos con la tele prendida, aunque con el mute puesto. La imagen y los rótulos hacen el trabajo por nuestros oídos.. Porque la tele ejercita la compañía hasta cuando no es escuchada. Ahí está, mirándonos con su trajín multicolor. Incluso esperando nuestra complicidad. Incluso sabiendo que también es coartada, cuando estamos solos y no sabemos hacia dónde mirar.
20MINUTOS.ES – Televisión
