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Un corto y sincero análisis de la goleada del Madrid se reduce a la luz que destellaban Mbappé y Diomande. Cegó su brillo a todos los contrarios. Y manifiesta un resultado que no se corresponde con el mediocre partido del Real Madrid.
El oscurantista Mourinho ya tiene en la cabeza jugar hasta con cuatro centrocampistas en Barcelona. Tantos que mata a un equipo con una gran plantilla. Además no proporcionan un orden y brillantez al equipo. Defienden mal y crean peor.
No pudieron hacer los madridistas peor primera parte. Lento, confuso, sin garra, sin pretensiones, como si ya hubieran ganado de antemano. Fue injusto llegar al primer tiempo con un gol de ventaja. Lo indiscutible fue que el Leipzig hubiera marcado dos goles. Courtois, como el milagrero del equipo, salvó ese desastre blanco.
He arrancado con la luz de Mbappé y Diomande, porque con sus goles salvaron del fracaso a un equipo confuso y difuso dirigido por Mourinho, que es un técnico acabado sin ideas para jugar al nuevo fútbol. Se quedó con su catón de antaño de que su equipo sólo debe defender bien.
Con una maravillosa plantilla de jugadores esa figuración del miedo, corrompe al equipo. No se puede jugar peor que con el obsoleto sistema de Mourinho, que hace peores a todos sus jugadores. Comparar lo del Parque de los Príncipes con lo que vimos en el Bernabéu es comparar la santidad del fútbol ante el negativismo del fútbol.
He significado los goleadores, porque Mbappé en realidad hizo dos goles. En el primero la tocó finalmente Güler, aunque el balón hubiera entrado. Con dos a cero el flojo equipo de Demichelis se fue al cuello del Madrid para acortar distancia o meter el diente en profundidad.
El Madrid tenía a un equipo con cuatro centrocampistas inválidos. Menos mal que Valverde se repuso de su mal partido como defensa.
Entonces apareció Mbappé y con una facilidad asombrosa volvió a meter un gol que sólo el mejor jugador del mundo puede hacerlo. Pues, bien el Leipzig no se rindió y cuando apretaba y apretaba apareció ese nuevo fenómeno llamado Diomande, con un gol sólo cuestión de privilegiados. Sólo la luz de dos jugadores. Salvaron el cuello de Mourinho.
Se demostró que todos los equipos del mundo, si tienen jugadores portentosos juegan un 4-3-3 muy variable. El Madrid hizo gloria ante el Sevilla cuando jugaron Endrick, Mbappé y Diomandé. Pues olvídense. El Madrid jugará en Barcelona con cuatro centrocampistas, como si fuera un equipo. Además, con un inmenso miedo llamado Mourinho.
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