Ceuta ha vivido este jueves su tercera jornada consecutiva de protestas por la crisis migratoria con una escalada de tensión que ha terminado en cargas policiales, destrozos en asentamientos de migrantes, la quema de enseres y el bloqueo de un camión de Cruz Roja que trataba de repartir alimentos. Lo que comenzó como nuevas concentraciones de vecinos para reclamar soluciones derivó durante la tarde en episodios violentos en las playas de Benítez y del Trampolín, antes de que la movilización terminara ya de noche en la plaza de África con críticas al Gobierno central.
Casi un mes después de la entrada masiva de migrantes desde Marruecos, miles de personas continúan todavía en la ciudad autónoma y el malestar de parte de la población ha ido creciendo. Las protestas han surgido en distintos barrios y, en algunos casos, se han organizado a través de grupos de WhatsApp y Telegram creados por vecinos. Clara, nombre ficticio de una mujer de 32 años que impulsó algunos de estos chats, explica que inicialmente nacieron como una «vía de escape» para hablar, pedir ayuda y compartir la preocupación por la situación. Con el tiempo, esos grupos también han servido para proponer concentraciones.
Durante la tarde del jueves, los manifestantes volvieron a salir a la calle al grito de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende», «Ceuta no es un CETI» o «Que nos devuelvan nuestra vida, no podemos vivir así». Algunos participantes aseguraron vivir con «miedo» y «ansiedad» y reclamaron recuperar sus rutinas. «Necesitamos retomar nuestra rutina, que nuestros hijos salgan. Necesitamos nuestra Ceuta como antes«, afirmó una de las asistentes, aunque reconoció que ella personalmente no había sufrido ningún incidente.
La protesta cambió de tono en la playa de Benítez. Un grupo de manifestantes se saltó el cordón policial, entró en los asentamientos donde pernoctaban migrantes, causó destrozos y quemó enseres, lo que provocó cargas de la Policía Nacional. Después, algunos participantes desplegaron una gran bandera de España y avanzaron hacia la playa del Trampolín, donde Cruz Roja realiza los repartos de comida.
Del bloqueo a Cruz Roja a los incendios
En el Trampolín, un grupo de concentrados impidió el acceso de un camión de Cruz Roja que llevaba alimentos para los migrantes. Poco después, algunos manifestantes accedieron a otro pequeño asentamiento situado junto a una playa próxima a la desaladora y prendieron fuego a dos sombrillas de paja. Los migrantes que se encontraban en la zona corrieron hacia el muro trasero de la desaladora mientras aumentaba la presencia policial.
Durante esos momentos se escucharon consignas como «invasores, expulsión», además de otras dirigidas contra la permanencia de los migrantes en Ceuta y contra la gestión del Gobierno central. La tensión convivió, sin embargo, con escenas en las que los manifestantes aplaudieron a los agentes y agradecieron su «comprensión». Algunos ciudadanos llegaron a afirmar que la Policía estaba «de su parte», aunque se negaron a abandonar la calzada cuando los agentes trataron de restablecer la circulación. «No vamos a levantarnos», respondieron algunos de los concentrados.
La tensión también alcanzó a los periodistas que cubrían las protestas. Varias personas arrinconaron a un reportero de La Sexta en la playa de Benítez, le escupieron y obligaron a que agentes de la Policía Nacional intervinieran para protegerlo. Una vez situado detrás del cordón policial, continuaron los insultos y las amenazas para que abandonara la ciudad, según comprobó sobre el terreno Europa Press. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España ya había condenado esta semana otros episodios de amenazas y agresiones sufridos por informadores desplazados a Ceuta.
De las playas a la plaza de África
Tras los momentos de mayor tensión, la situación fue recuperando cierta calma en las playas. Los concentrados permanecieron durante un tiempo en los alrededores antes de continuar las movilizaciones por otros puntos de la ciudad. La jornada terminó en la plaza de África, donde las protestas concluyeron con reproches al mando único ministerial y críticas dirigidas al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres.
La escalada provocó una cadena de llamamientos a rebajar la tensión. El Gobierno de Ceuta difundió en redes sociales el mensaje «Nunca con violencia, unidos somos más fuertes» y pidió preservar la convivencia. El PSOE ceutí defendió el derecho de los vecinos a manifestarse y reconoció la «indignación y el hartazgo» de parte de la ciudadanía, pero rechazó comportamientos como el boicot a empresarios, la interrupción de la ayuda humanitaria o los insultos a las fuerzas de seguridad.
También CCOO denunció agresiones sufridas en los últimos días por técnicos del servicio de ambulancias y reclamó un protocolo específico de protección. El sindicato precisó que, según su información, esos ataques no habían sido protagonizados por población migrante, sino por ciudadanos ceutíes.
Desde el Gobierno central, la ministra de Sanidad, Mónica García, salió en defensa de Cruz Roja y destacó el trabajo «espectacular» que realiza la organización en el ámbito humanitario y sanitario. Por su parte, la portavoz del PP en el Congreso, Esther Muñoz, atribuyó los disturbios a un Ejecutivo «irresponsable y ausente» y acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de no haber protegido la frontera ni garantizar el orden público, aunque pidió a los ceutíes que continuaran protestando de forma «cívica y pacífica».
La crisis migratoria provocó protestas que resultaron en acusaciones policiales, el despido de empleados del asentamiento y el obstáculo a la asistencia de la Cruz Roja.
20MINUTOS.ES – Internacional
El jueves, Ceuta fue testigo de su tercer día consecutivo de protestas sobre la crisis de los migrantes, que resultó en tensiones elevadas y escalaron a cargos policiales, la demolición de campamentos de migrantes, la quema de utensilios y el bloqueo de un camión de la Cruz Roja que intentaba proporcionar asistencia alimentaria. Inicialmente, las reuniones de vecinos para buscar soluciones se convirtieron en incidentes agresivos por la tarde en las playas de Benítez y Trampolín. La protesta terminó en la Plaza de África con críticas hacia el gobierno central. Esto se produce casi un mes después de una gran afluencia de inmigrantes marroquíes, lo que resulta en que miles de personas aún residen en la ciudad autónoma, causando una creciente ansiedad entre los lugareños. Varios barrios han visto protestas, y en ciertos casos, estas reuniones han sido organizadas a través de grupos de WhatsApp y Telegram establecidos por residentes locales. Clara, una mujer de 32 años que utiliza un seudónimo, afirma que estas conversaciones al principio le sirvieron como un medio de escape, donde podía buscar ayuda y expresar sus preocupaciones sobre las circunstancias. Finalmente, estas organizaciones han ofrecido sugerencias para las concentraciones. En la tarde de un jueves, los manifestantes reanudaron sus protestas expresando vocalmente «Ceuta no está disponible para la compra, Ceuta se protege a sí misma», «Ceuta no es un CETI» o «Devuélvanos nuestra existencia, no podemos sobrevivir de esta manera». Ciertas personas afirmaron que experimentaban «miedo» y «ansiedad» a diario y afirmaron que habían logrado restablecer sus horarios diarios. «Volvamos a nuestro horario normal y recoger a nuestros hijos». «Como antes, necesitamos nuestra Ceuta», declaró una asistente, aunque admitió que no había experimentado ningún contratiempo personal. La manifestación cambió su actitud en la playa de Benítez.
