Hay una extraña fuerza en las monarquías europeas que las empuja a buscar en el fútbol las dificultades que les ahorró la herencia Leer
Hay una extraña fuerza en las monarquías europeas que las empuja a buscar en el fútbol las dificultades que les ahorró la herencia Leer
Ser príncipe tiene una ventaja formidable sobre el resto de los mortales. Algún día heredarán una corona sin necesidad de ganar nada. Sin embargo, si algún día quieren levantar una Champions, les toca sufrir como a cualquier hijo de vecino, porque la sangre azul no te garantiza nada con el fuera de juego semiautomático.. Pero lo del príncipe Guillermo parece más bien una forma extravagante de introducir el sufrimiento en una vida organizada para evitarlo. Un hombre que nació para reinar decide hacerse voluntariamente del Aston Villa, en lugar de elegir al Manchester United o el Liverpool. Pudiendo tener una vida de privilegios completa, eligió hacerse aficionado de un equipo destinado a amargarle los domingos.. Lo de buscarse las desgracias en el fútbol parece una tradición de los Windsor. Una familia que lleva siglos heredando coronas, por algún motivo, ha decidido buscarse las desgracias en el fútbol. Su padre, Carlos III, dijo que era del Burnley. Y lo mismo podría decirse de Felipe VI, que se hizo del Atleti, recordándonos aquello que decía Jabois de que no ser del Real Madrid es renunciar voluntariamente a la felicidad.. Hay una extraña fuerza en las monarquías europeas que las empuja a buscar en el fútbol las dificultades que les ahorró la herencia. Y encima Guillermo se está llevando a su hijo George Alexander Louis de Gales a ver al equipo. Entiendo que los Windsor lleven generaciones transmitiéndose la Corona de padres a hijos, pero veo bastante complicado traspasar el amor por el equipo de Emery. Una corona se hereda sin necesidad de hacer ningún esfuerzo. Lo otro exige que, después de noches como esta, George Alexander quiera volver.. Porque Guillermo podría regresar a Londres con un problema de Estado. Durante siglos, las monarquías europeas organizaron matrimonios entre sus hijos para conquistar territorios. Ahora llevar a un príncipe al Camp Nou es correr el riesgo de que el niño regrese a casa convertido en súbdito de otra corona. Inglaterra puede decidir quién hereda el trono, pero no de qué equipo se hace el futuro Rey después de ver en acción a Lamine, Pedri y Raphinha. No sería la primera crisis sucesoria de los Windsor, pero sí la primera provocada por un extremo derecho.
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