“Este no es el final, sino el principio”, decía la ministra colombiana de Ambiente, Irene Vélez (Bogotá, 43 años), en el plenario de cierre de la conferencia sobre la transición para dejar atrás los combustibles fósiles que se ha celebrado esta semana en la ciudad caribeña de Santa Marta. No ha sido una cumbre del clima como las que convoca anualmente la ONU, ni por las formas (no se ha discutido a cara de perro ni cada palabra ni cada coma), ni por sus dimensiones (57 países representados por pequeñas delegaciones), ni por el contenido: aquí se ha tratado, mucho más abiertamente, de intercambiar fórmulas, propuestas y problemas de esa transición para abandonar los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global. Hablar a las claras de eso se ha convertido en un tabú en las cumbres clásicas del clima. Por eso lo que ha ocurrido en Santa Marta ha sido diferente.. Seguir leyendo
Las responsables española y colombiana de la cartera de Medio Ambiente urgen una transición para abandonar los combustibles fósiles: “Nos estamos jugando la soberanía”
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“Este no es el final, sino el principio”, decía la ministra colombiana de Ambiente, Irene Vélez (Bogotá, 43 años), en el plenario de cierre de la conferencia sobre la transición para dejar atrás los combustibles fósiles que se ha celebrado esta semana en la ciudad caribeña de Santa Marta. No ha sido una cumbre del clima como las que convoca anualmente la ONU, ni por las formas (no se ha discutido a cara de perro ni cada palabra ni cada coma), ni por sus dimensiones (57 países representados por pequeñas delegaciones), ni por el contenido: aquí se ha tratado, mucho más abiertamente, de intercambiar fórmulas, propuestas y problemas de esa transición para abandonar los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global. Hablar a las claras de eso se ha convertido en un tabú en las cumbres clásicas del clima. Por eso lo que ha ocurrido en Santa Marta ha sido diferente.. En lo que sí se parece a otras citas climáticas recientes es en el liderazgo de las mujeres en esta diplomacia, que en la ciudad colombiana se ha hecho aún más evidente. Vélez y la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica de España, Sara Aagesen (Madrid, 49 años), son dos ejemplos. Ambas hicieron un alto en la conferencia para esta entrevista conjunta con EL PAÍS.. La española Sara Aagesen, en primer término, junto a la colombiana Vélez en un momento de la entrevista.NATHALIA ANGARITA. Aagesen habla de una generación de “mujeres empoderadas”, de “grandes profesionales que aúnan la defensa profunda de la ciencia”, de “negociadoras que son capaces de tender puentes en negociaciones que son extraordinariamente complicadas” y que buscan una “justicia social”. “Una generación de mujeres muy valientes a las que ya no nos importa que nos digan que no podemos, y simplemente lo estamos haciendo”, añade Vélez.. El talante para tender puentes que ambas defienden contrasta con las formas con aroma de matón de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos. Y en cierta medida, Santa Marta es una reacción a la agresiva defensa de los combustibles fósiles de la actual Casa Blanca.. “Son dos modelos distintos: el de drill, baby, drill [perfora, cariño, perfora, el lema de Trump en defensa del petróleo y el gas] y el green, baby, green [verde, cariño, verde]. Y, evidentemente, en esta primera conferencia extraordinaria y única nos juntamos casi 60 países para poder hablar de una ambición alineada con la ciencia, para hablar de experiencias positivas tanto en la reducción de la dependencia económica como de soberanía energética y seguridad”, explica Aagesen. Vélez añade: “Somos otro alineamiento del poder global. Hay un poder alineado en los combustibles fósiles y nosotros estamos alineados en la energía verde y en un futuro más justo. Eso nos hace poderosos también. Poderosas”.. Mujeres poderosas y pertenecientes a gobiernos progresistas. ¿Existe el riesgo de que la lucha climática acabe encasillada como una cuestión solo ideológica?. —Esta es una agenda de cambio climático, profundamente económica, de competitividad y de seguridad —señala Aagesen—. Es más que una agenda de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Nos estamos jugando la soberanía de los países y la posibilidad de desarrollo. Y la realidad es tozuda: las inversiones en tecnologías verdes y en tecnologías renovables no paran de crecer en todas partes del mundo: en Estados Unidos, en Asia, en Europa, en Latinoamérica. Precisamente por eso creo que no debería ser ideológico.. —Ideológico sí que es la defensa de los combustibles fósiles —apunta Vélez—. En este momento, en Colombia lo vemos con la defensa del fracking, que es supremamente costoso y supremamente complicado, porque tenemos un subsuelo complejo. Pero aferrarse a los combustibles fósiles y a una tecnología tan poco probada y con tanto impacto ambiental y costosa como el fracking, en el caso específico de Colombia, es una agenda conservadora. Por su ideología, no pueden ver las oportunidades económicas que presentan las energías limpias y renovables. Aun así, hay quienes prefieren aferrarse a la agenda del pasado. Por eso yo digo: fósiles, ni en los combustibles, ni en la política.. —En España tenemos una gran experiencia a este respecto —incide Aagesen—. Había una tendencia también a favor del fracking. Y nuestro Gobierno, en 2021, aprobó la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que no permite ni investigar ni explorar ni extraer hidrocarburos.. —Y, mira, España, después de 2021, sigue siendo una nación próspera —añade Vélez—, lo cual quiere decir que no es el fin del mundo decidir que el fracking no debe ser una realidad.. Sara Aagesen, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica de España.NATHALIA ANGARITA. De esto, justamente, ha tratado la conferencia de Santa Marta. De compartir experiencias en esa transición para dejar atrás los combustibles, que pasa por abandonar, por ejemplo, el carbón. Como hizo España. “Nuestro mix energético ha pasado de un 17% de dependencia del carbón en 2018 hasta menos del 1% en 2025. Es decir, esa transformación es posible”, resalta Aagesen.. Mucho del carbón que España consumía en sus centrales eléctricas antes de iniciar ese tránsito salía, precisamente, de la ciudad portuaria de Santa Marta. Era carbón colombiano. Pero este país se ha propuesto acabar con la dependencia, en su caso fiscal, que implica ser un importante productor. “El año pasado, por primera vez, las exportaciones de café superaron a las divisas del carbón y, hoy por hoy, Colombia es el principal destino turístico en Sudamérica”, destaca Vélez.. Irene Vélez, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.NATHALIA ANGARITA. Aunque se gestó hace unos meses, Santa Marta se ha celebrado en plena crisis del modelo fósil desatada, paradójicamente, por una guerra patrocinada por Trump. ¿Impulsará el conflicto la transición? Aagesen dispara primero: “La dependencia de los combustibles fósiles es una gran vulnerabilidad. Tenemos que dejar la adicción a los combustibles fósiles y apostar por una agenda que tiene todo el sentido desde el punto de vista del cambio climático, pero también es una agenda de competitividad, de seguridad energética, y que nos permite a los países realmente tomar nuestras decisiones y que no las tomen otros. En menos de cinco años hemos tenido dos guerras. La de Ucrania, que sigue viva, y ahora la de Oriente Próximo. Esto lo que nos dice es que aceleremos la transición energética, que vayamos más allá”.. —Si el conflicto se resolviera mañana, entonces vamos aceleradamente a volver a los combustibles fósiles —advierte Vélez—. Es decir, la pregunta es: ¿cómo hacemos para que esta crisis signifique una decisión más permanente, más allá del corto plazo del conflicto? Porque ya nos pasó con la covid, que creímos que era una gran crisis que iba a traer un cambio del modelo económico, más redes locales, más consumos locales… Pero, apenas superamos la pandemia, volvimos a lo mismo de antes y peor. Entonces la pregunta hoy es también qué tipo de decisiones colectivas y globales tenemos que tomar para que esta oportunidad que genera la crisis sea algo permanente y no solamente la respuesta inmediata a una crisis.. —Esta vez tenemos que hacer que sea una apuesta clara, sólida, regional y mundial por avanzar en la transición energética —abunda Aagesen—. Tenemos muchos casos de éxito, en Europa, como mi país, donde nos quedan cosas por hacer, pero otras han funcionado extraordinariamente bien. Pero vemos casos de éxito en Etiopía, en Uruguay…. Las dos enfatizan la fiscalidad en el capítulo de asignaturas pendientes. La ministra colombiana incide en la importancia de combatir la “dependencia fiscal” que tienen países productores de los impuestos que vienen de las exportaciones de hidrocarburos. “Necesitamos una reforma a todo el sistema fiscal, que haya otro sistema de impuestos. Eso significa comenzar a afectar a otros sectores, por ejemplo, a los megarricos. Pero aquí hemos tenido una resistencia grande frente a una reforma del sistema de impuestos”. La ministra española insiste en la importancia de la fiscalidad, que “te permite grandes cambios”. Y cuando se refiere a las ayudas públicas que siguen recibiendo los combustibles, admite que hay trabajo pendiente. “En nuestro país, queda mucho margen por mejorar en fiscalidad ambiental, al igual que en Europa”.. Más allá de la lucha climática, se trata, como destacan ambas, también de “democratizar” la energía de la mano de las renovables. “Todo el sistema centralizado y anclado en las termoeléctricas es necesariamente corporativo por la escala de las inversiones que implica. En cambio, las energías renovables no convencionales por primera vez permiten que haya comunidades energéticas, algo en lo que España tiene ya una trayectoria muy importante y que en el caso de Colombia se inició con este Gobierno”, sostiene Vélez. Aagesen añade a su lado: “La energía renovable es la libertad del futuro, la libertad de todos, de los pueblos, de los campesinos, de los ciudadanos. Porque la energía fósil pertenece a unos pocos, que son los que están empoderados con esa energía. Pero la bondad de las renovables es que son oportunidades para todos. Esa es la gran diferencia”.
