La presencia de las mujeres en puestos de poder ha retrocedido en el mundo, en los últimos años, tras décadas de progreso. Ha ocurrido en el mundo de la empresa y de la política; y tanto en Estados Unidos, como en España y el conjunto de Europa; en paralelo a una ola reaccionaria contra el feminismo y su última explosión, el Me Too, que, en cualquier caso, nunca logró la igualdad. El martes, en las elecciones legislativas estadounidenses, un número récord de mujeres ganó escaño en la Cámara de Representantes, pero este hito no altera la fotografía global: la hegemonía masculina se ha consolidado y reforzado incluso en múltiples ámbitos de liderazgo y representación. Según el consenso de las expertas —aquí sí hay una aplastante mayoría femenina—, el golpe a las políticas de diversidad, muy alentado por la segunda victoria trumpista, ha dado combustible a los viejos patrones de conducta e inercias discriminatorias.. Seguir leyendo
La presencia femenina en puestos de liderazgo ha retrocedido en el mundo en paralelo a la ola reaccionaria de los últimos años. El deterioro de las políticas de igualdad ha dado alas a los viejos patrones sexistas
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La presencia de las mujeres en puestos de poder ha retrocedido en el mundo, en los últimos años, tras décadas de progreso. Ha ocurrido en el mundo de la empresa y de la política; y tanto en Estados Unidos, como en España y el conjunto de Europa; en paralelo a una ola reaccionaria contra el feminismo y su última explosión, el Me Too, que, en cualquier caso, nunca logró la igualdad. El martes, en las elecciones legislativas estadounidenses, un número récord de mujeres ganó escaño en la Cámara de Representantes, pero este hito no altera la fotografía global: la hegemonía masculina se ha consolidado y reforzado incluso en múltiples ámbitos de liderazgo y representación. Según el consenso de las expertas —aquí sí hay una aplastante mayoría femenina—, el golpe a las políticas de diversidad, muy alentado por la segunda victoria trumpista, ha dado combustible a los viejos patrones de conducta e inercias discriminatorias.. Más información. Un buen puñado de datos dan cuenta de la tendencia: en Estados Unidos, entre las grandes empresas de Bolsa (índice S&P), los hombres blancos están obteniendo este 2026 puestos en los consejos a un ritmo no visto en la última década, mientras las mujeres logran el 25% (frente al 33% del anterior), según datos recopilados por Bloomberg. En España, la presencia de directivas entre las cotizadas ha descendido medio punto en un año, según los datos de la Comisión del Mercado de Valores (CNMV), si bien mejora en los consejos de administración, donde pesan las normas de buen gobierno. La consultora internacional Grant Thornton, aunque destaca este país como líder en políticas de equidad, también ha revelado este año una caída de diez puntos en la proporción de mujeres CEO en los últimos tres años: de 28% a 18%.. El último informe anual de ONU Mujeres, de septiembre, constata regresión en muchos países para las mujeres, incluido en el ámbito de la justicia. Además, pone el acento en la violencia que sufren las que tienen responsabilidades públicas y alerta de que la consecución de la equidad en el mundo resulta cada vez más hostil. En el Parlamento Europeo, por primera vez en su historia, la participación femenina también ha descendido: del 41% de 2019 al 38,5% del 2024. Igual ha ocurrido en la Comisión Europea, al pasar de 12 a 11 comisarias (40%).. Mrs. America, una serie estrenada en 2020 que retrataba la segunda ola feminista de los setenta, contiene una escena elocuente en su segundo capítulo: Fred Schafly, esposo de la ultraconservadora Phyllis, le dice: “Otra ventaja que tienes es que a nadie le caen bien las feministas, ni siquiera a los liberales [progresistas]”. Esa sería, de forma algo paródica, la lección de realidad que muchos se han encontrado conforme los movimientos populistas han ganado influencia y agitado la batalla antifeminista: la agenda por la igualdad se ha debilitado y casi nunca por imperativo legal.. El informe Mujeres en el trabajo de 2025 —el mayor que existe en Estados Unidos sobre la situación en la empresa, que la consultora McKinsey y la organización feminista Lean in realizan cada año desde hace once— revela que solo la mitad de las empresas está hoy priorizando el desarrollo de sus mujeres profesionales, cuando en 2012 el 90% de las compañías lo consideraron una de sus grandes prioridades. Y el cambio no responde a que la brecha profesional se haya cerrado.. Brecha en el deseo de ascender. Por primera vez, además, se ha registrado una brecha en el deseo femenino de ascender. No ocurre en la primera fase de la carrera profesional, entre menores de 30, cuando ellos y ellas manifiestan las misma ambición, pero a partir de los 40, el 50% de mujeres con ganas de subir contrasta con el 71% de los hombres. La diferencia, según el informe, se debe, por una parte, a que la mujer sigue acarreando más responsabilidades en el hogar y, por otra, a que ellas, con la misma capacidad y carrera, siguen menos mentorizadas y apadrinadas por sus superiores que ellos.. También persiste un coste social para el liderazgo femenino que resulta muy determinante, como explica Marianne Cooper, investigadora de Stanford que ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar los roles de género y sus efectos en la carrera profesional: “Hay unos estereotipos, a veces inconscientes, por los que se espera que las mujeres sean cálidas y amigables, pero en los puestos directivos hay que tomar decisiones duras a veces y cuando ellas lo hacen, reciben una reacción más negativa que ellos, además de que el umbral que se les exige [en experiencia o formación] para prosperar suele ser superior”.. Entre los múltiples experimentos en este terreno, destaca desde 2003 un clásico, el caso Heidi Howard, que se ha ido reeditando en diferentes modalidades: dos grupos de estudiantes —mixtos cada uno— leen un mismo perfil de profesional exitoso. La descripción es idéntica, pero un grupo lo recibe bajo un nombre femenino y el otro, bajo el masculino. Aunque fueron evaluados igualmente competentes, Howard fue considerado un compañero más atractivo, mientras que ella pareció egoísta y una persona con la que no querrías trabajar.. Ese sesgo no opera solo respecto de subordinados o iguales, sino también ante superiores, como demuestran los estudios sobre género y negociación salarial. Uno de ellos, de la Harvard Business School, de 2021, analizó los datos de 2.500 negociaciones de alumnos de máster y directivos de cinco continentes y se encontró que ellas, o no lograban ningún acuerdo, o lograban uno peor, independientemente del género de la persona que lo decidía, y algo peor: “Se crea una doble pérdida para la mujer en el centro de trabajo, pues ni la asertividad ni confirmarse lleva a ningún éxito”.. Linda Babcock, profesora de la Carnegie Mellon University y autora de estos ensayos, lo resume con estas palabras: “Existe un doble rasero en cuanto a qué comportamiento se considera aceptable en los hombres frente a las mujeres. La sociedad permite que los hombres se hagan valer, pero castiga a las mujeres por ese mismo comportamiento. Por eso las mujeres se contienen por miedo a las represalias en su contra”. Esto explicaría por qué, como recoge también McKinsey en su estudio, las mujeres consultadas expresan más miedo a discrepar del resto del equipo y asumir riesgos en los proyectos.. “Todo esto ocurre sabiendo que la diversidad es buena para el funcionamiento organizativo, que académicamente las mujeres están muy bien desde hace años, que están sacando mejores notas”, opina María del Mar Martínez, socia senior de McKinsey y autora, junto a otras dos compañeras de la firma, de un libro sobre el asunto, The broken rung. “Si te crees de verdad que las empresas quieren captar talento, piensas que esa marea de mujeres tan preparadas va a entrar de manera acorde, pero esto ha venido sucediendo desde hace generación y media, así que hemos tenido tiempo”, añade. Las diferencias, advierte, también operan por motivos raciales.. Estancamiento. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y otros líderes nórdicos durante la reunión del Consejo Nórdico en la Casa de los Estados (House of Estates) en Helsinki en octubre.Roni Rekomaa (via REUTERS). Ninguno de los obstáculos señalados es nuevo y el avance ha sido mayúsculo con el paso de las décadas, pero cuando la concienciación social y el sistema de cuotas (el que garantiza una participación mínima de mujeres) dejan de operar, algo se rompe en la mejora. También en la política e incluso en países considerados referentes de igualdad, como los nórdicos. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, captó la atención global hace unos meses al enfrentar las aspiraciones soberanistas de Trump sobre Groenlandia y fue considerada una de las personas más poderosas de Europa, pero ese impacto individual distorsiona muchas veces la realidad: este 2026, por tercer año consecutivo, el número de mujeres en el poder en distintos ámbitos ha bajado o se ha mantenido en Dinamarca, Finlandia, Islandia o Noruega, según el barómetro que The Nordic Labour Journal elabora desde 2011.. En Europa, esta paradoja política también ocurre: Ursula von der Leyen preside la Comisión; Roberta Metsola, el Parlamento; Kaja Kallas es la alta representante de Exteriores y Christine Lagarde pilota el Banco Central Europeo (se retira el 7 de febrero), pero el número global de políticas ha descendido, según los citados números del Parlamento Europeo. “Existe un debilitamiento deliberado de las instituciones y las políticas de igualdad, vemos que las ganancias conseguidas no se consolidan, y vemos un deterioro de las condiciones en las que las mujeres están ejerciendo el poder, el grado de violencia que soportan es muy fuerte, también desde la política local, que es la puerta de entrada para muchas, y muchas ya no repiten”, opina Cristina Gallach, una veterana de las instituciones multilaterales, exsecretaria de Estado de Exteriores para Caribe y Latinoamérica, que ha sido también portavoz de la OTAN y responsable de información de la ONU.. Gallach dirige ahora Global Women Leaders Voice, una organización impulsada por 80 líderes de todo el mundo para avanzar en materia de igualdad y derechos humanos. Entre otras acciones, promueven el nombramiento de la primera mujer al frente de la secretaría general de la ONU. “Siempre decimos que no vale cualquier mujer, igual que tampoco cualquier hombre vale, pero hay muchas preparadas para ello”, apunta.. Las oportunidades entienden de género. El mundo de la Cultura ha seguido patrones similares. Las cifras, como dice Asunción Bernárdez Rodal, catedrática de Periodismo especializada en feminismo en la Complutense de Madrid, pueden ser “tercas” porque el día a día de las mujeres de la Cultura en España a veces muestra una realidad muy distinta. “Cuando aparece una mujer entre muchos hombres en un festival, por ejemplo, ya nos da la sensación de que hay muchas mujeres, pero eso es una falacia”, afirma.. Alauda Ruiz de Azúa en febrero pasado tras ganar el Goya a mejor guion original y mejor dirección por ‘Los domingos’. Massimiliano Minocri. Un abismo distancia los presupuestos que manejan ellas de los de sus colegas. El ejemplo más reseñable está en el cine: las películas dirigidas por mujeres tienen un coste medio un 51,4 % inferior al de los hombres, según el informe anual de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) de 2025. Por eso, esa sensación de que cineastas como Carla Simón, Pilar Palomero, Clara Roquet, Arantxa Echevarría y Alauda Ruiz de Azúa, entre otras directoras, habían reconquistado esta industria en el pasado lustro, viene acompañada de los datos de CIMA, pero con limitaciones. Las mujeres representan el 39% de los principales cargos de responsabilidad en el largometraje, frente al 61% de hombres. Ruiz de Azúa lo tradujo en estos términos al recoger su Goya a mejor dirección por Los domingos en 2025: “El talento no entiende de género, pero las oportunidades históricamente sí”. En la música, el lugar más visible, los carteles de los grandes festivales, las artistas ocupan el 22,8%, según un estudio de la asociación Mujeres en la Industria de la Música (MIM) de este mismo año. En el arte y el teatro, el avance es lento o directamente se ha estancado.. Estos testimonios dan muestra de que la idea es compartida por organismos y portavoces que habitan galaxias muy diferentes. La inquietud ha aterrizado también en el World Economic Forum, que está detrás del Foro de Davos, y alertó este año de las “señales de retroceso” en materia de igualdad, si bien las mejoras desde 2006, cuando comenzaron a monitorizar la igualdad en casi 100 economías, son evidentes.. Marianne Cooper se resiste al pesimismo. “Los avances en igualdad nunca han sido rápidos”, recuerda y llama la atención sobre lo ocurrido en las elecciones del pasado martes en Estados Unidos. “No sabemos lo que va a pasar, pero desde luego es un momento interesante, lo que está claro es que hay un rechazo claro a lo que ha pasado en los dos últimos años”.
