Los policías vascos -tras consultar con el centro de mando de su comisaría- fotografiaron a los sospechosos y llegaron a incautarse de material del vehículo, pero no les condujeron a dependencias policiales porque «no cometían un delito in fraganti» Leer
Aratz Bilbao, Malen Grünig y el irlandés Naoise O’Conarain se trasladaron el pasado 27 de septiembre al sur de Francia tan solo horas después de que una patrulla de la Ertzaintza les detuviera, identificara y fotografiara a las 4.03 horas de la madrugada en una carretera local de Eskoriatza (Guipúzcoa). Los dos miembros de Jardun contaban con «señalamientos» policiales de Italia y Francia, portaban teléfonos satelitales, mapas, documentación en papel con matrículas y almacenados en varios pendrives. Pese a los indicios delictivos y el historial policial que debió alertar a los agentes, la Ertzaintza facilitó que continuaran su camino porque «no hubo un delito in fraganti», como aseguró ayer el consejero de Seguridad Bingen Zupiria. Entre esa documentación, según ha podido saber EL MUNDO, los presuntos terroristas contaban con información detallada de un guardia civil destinado en Eibar, el municipio guipuzcoano en el que ETA asesinó a tres guardias y a un policía nacional en apenas año y medio.
Los datos en posesión de Aratz Bilbao -uno de los fundadores de Jardun y coordinador de este grupo- incluyen información detallada sobre un agente de la Guardia Civil muy conocido en Eibar por su trabajo con contacto directo con los ciudadanos de esta localidad de 28.000 habitantes. El señalamiento de un guardia civil reactiva el sufrimiento de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) que continúan en Euskadi y que fueron señalados por el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, y por el presidente del PNV, Aitor Esteban, tras las detenciones de radicales de Jardun realizadas por la Policía Nacional por las agresiones contra aficionados de La Roja.
La información sobre el agente de la Guardia Civil formaba parte de la «variedad de objetos», que según el auto del juez de la Audiencia NacionalAntonio Piña, fueron incautados en la madrugada del 26 al 27 de septiembre pasado. Los agentes de la Ertzaintza detuvieron el Toyota Auris en un «control de alcohol y drogas», según el auto judicial, aunque ni en el referido documento ni en las imágenes captadas por los agentes se constatara prueba alguna a Malen Grünig, la joven radical de 22 años que conducía mientras que Bilbao viajaba como copiloto y el irlandés O’Conarain se acomodaba en el diminuto asiento posterior.
Los policías vascos -tras consultar con el centro de mando de su comisaría- fotografiaron a los sospechosos y llegaron a incautarse de material del vehículo, pero no les condujeron a dependencias policiales porque «no cometían un delito in fraganti», según manifestó ayer el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria. Los dos miembros de Jardun tenían entre la documentación incautada «cantadas de otros miembros de la organización», como recoge el auto por el que se decretó su prisión provisional. La «cantada», en el argot etarra, recogía la información facilitada a la policía por miembros de ETA detenidos con el objetivo de proteger al resto de la banda. Un método que facilitó que hasta 379 asesinatos terroristas continúen sin autor conocido y sigan impunes.
Bilbao, Grünig y O’Conarain huyeron a Francia y allí fueron detectados por miembros de la Policía francesa. Según fuentes policiales, Bilbao contaba con una amplia red de contactos en el sur de Francia especialmente de miembros del grupo radical U14 Kolektiboa (14 de Julio) que ha participado en protestas violentas especialmente con motivo de la Fiesta Nacional Francesa de la que toma el nombre. Los servicios de información de Guardia Civil, Policía Nacional y de la Subdirección Antiterrorista francesa monitorizan las relaciones entre estos «grupos alegales», como ayer definió a Jardun el consejero vasco de Seguridad. Bilbao y Grünig, según fuentes policiales, permanecieron en Francia repitiendo movimientos de otros disidentes abertzales.
Bilbao, definido por el juez como el «motor de Jardun», fue quien organizó su regreso a España para junto a Grünig y a un abogado personarse el sábado 17 de octubre en la comisaría de la Ertzaintza de Irún. Al entregarse la Policía vasca desveló sus detenciones pocas horas después, pero no practicó ningún registro de los domicilios de Bilbao ni de Grünig ni intentó localizar el vehículo utilizado para sumar nuevas pistas que añadir a su investigación.
España // elmundo
Los policías vascos -tras consultar con el centro de mando de su comisaría- fotografiaron a los sospechosos y llegaron a incautarse de material del vehículo, pero no les condujeron a dependencias policiales porque «no cometían un delito in fraganti» Leer

