Un informe de Bain & Company sitúa el gran desafío del mercado eléctrico en los hogares y vaticina que los combustibles fósiles seguirán dominando el mix en 2040, a pesar del avance de las renovables Leer
Un informe de Bain & Company sitúa el gran desafío del mercado eléctrico en los hogares y vaticina que los combustibles fósiles seguirán dominando el mix en 2040, a pesar del avance de las renovables Leer
Ni el gigantesco consumo eléctrico que necesita la inteligencia artificial ni el aumento de vehículos eléctricos. El verdadero desafío del sector energético mundial se está gestando, discretamente, en los hogares. El crecimiento de la demanda de electricidad de los aires acondicionados en los países en desarrollo y la electrificación de las calefacciones en las economías más avanzadas serán los dos grandes motores que impulsarán el consumo de energía a nivel mundial hasta 2040, por encima, incluso, de la IA y los coches.. Es la principal conclusión del informe Global Energy and Materials Outlook 2026 del gigante de la consultoría Bain & Company, al que ha tenido acceso en primicia EL MUNDO, que proyecta que la demanda global de electricidad se disparará entre un 40% y un 70% para 2040. Los edificios y la industria concentrarán más del 60% del consumo total en este periodo.. La demanda para vechículos eléctricos y también la de los centros de datos crecerá más rápido -un 11% y un 8% anual, respectivamente-, pero no serán el transporte ni los servidores lo que más tensionará el suministro. «Representan solo una pequeña parte del crecimiento total», analiza la consultora.. Y es que el mayor incremento acumulado vendrá del consumo eléctrico de los hogares. La clave está en la instalación de nuevos aires acondicionados en los edificios de países emergentes, como India, donde millones de familias tendrán por primera vez acceso a sistemas de refrigeración. Es el caso de la India, donde el verano cada vez llega antes y las olas de calor se han intensificado, llevando los termómetros hasta los 47 °C en algunas zonas.. A ello se suma que el sector residencial en las economías avanzadas, por ejemplo en Europa, exige cada vez más electricidad a medida que más y más aparatos y sistemas saltan de las pilas y los combustibles fósiles al enchufe. Es el caso de la mayoría de electrodomésticos y, cada vez más, también de las calefacciones, donde la consultora prevé un repunte del uso de bombas de calor como reemplazo de calderas de gas, gasoil o carbón.. La consultora baraja tres posibles escenarios. Uno en el que la geopolítica se endurece y los países perpetúan sus dinámicas actuales. Otro donde las diferentes regiones divergen en sus políticas climáticas. Por último, un escenario low-carbon, el más ambicioso para la agenda verde, en el que se produce un despliegue masivo de renovables. Según Bain & Company, ninguno de ellos permitirá cumplir con el Acuerdo de París. De hecho, el informe anticipa que la temperatura del planeta aumentará entre 2,1 y 2,9 °C para el año 2100.. El informe descuenta que las renovables crecen con fuerza, mucho más que ninguna otra fuente de energía. La eólica y la fotovoltaica seguirán liderando con mucha diferencia, de hecho, multiplicarán su peso en la matriz energética mundial por entre tres y siete veces, dependiendo del escenario.. En los próximos años, el viento y el sol se convertirán en las tecnologías más baratas en muchos mercados. Pero ni esto ni el actual shock en el flujo mundial de petróleo y gas natural por la guerra en Oriente Medio permiten a Bain contemplar un mundo independiente de los combustibles fósiles.. «En todos los casos, el suministro de combustibles fósiles [petróleo, gas y carbón] sigue representando una parte significativa del suministro total», concluyen. De hecho, su peso en la matriz es muy mayoritario en los dos primeros escenarios (72-67%) e, incluso en el escenario más optimista, de bajas emisiones, las fuentes fósiles seguirían acaparando más de la mitad (52%) del consumo final de energía a nivel munial.. En el horizonte renovable permanecen obstáculos que ya no tienen que ver con su coste. Ahora, los promotores verdes afrontan barreras más diversas y también más difíciles de sortear, porque no dependen directamente de ellos ni del propio sector. Los retrasos para conectar las plantas a la red eléctrica, las limitaciones de los propios sistemas eléctricos para absorber toda su producción, los plazos de entrega de ciertos materiales clave, la falta de mano de obra especializada, las dificultades para obtener financiación o los cuellos de botella de la cadena de suministro de los minerales críticos.. Materiales como el cobre, el hierro, el litio o el cobalto experimentarán «brechas entre la oferta y la demanda» en la próxima década. Las empresas de renovables tendrán que competir por estos minerales con otras compañías estratégicas y, a día de hoy, posiblemente con mayor acceso al capital como la industria de defensa, las grandes tecnológicas o los fabricantes de vehículos eléctricos. Para la consultora, este será un «punto crítico para la seguridad nacional, el comercio y la política industrial» hasta 2040.. Respecto al futuro de la energía nuclear, la consultora no titubea. «La capacidad nuclear crece en todos nuestros escenarios y compite con otras tecnologías de estabilización de la red (baterías, hidroeléctrica de bombeo y gas)», aseveran. Aseguran que para la mayoría de países que ya tienen centrales nucleares es la fuente de energía «menos costosa».. Si bien la consultora admite que la construcción de nuevas centrales, en cambio, sería una de las opciones más caras, matiza que «aún así resulta ventajosa en comparación con las energías renovables más variables cuando se incluyen sus costes de sistema en el coste total de la electricidad». Es decir, que los costes derivados de gestionar sistemas eléctricos con ese creciente volumen de renovables podría comerse la ventaja de las fuentes verdes.. Sin embargo, la consultora duda del futuro del gas natural y lanza un aviso a los inversores: «No es una apuesta segura». De hecho, en función del escenario, prevén que la demanda de este combustible oscile hasta un 20%, pues es «altamente sensible a las condiciones macroeconómicas, las decisiones políticas nacionales y el coste de alternativas como las energías renovables con almacenamiento o la energía nuclear». Esto, afirman, aumenta el riesgo de quedar atrapado en «activos varados o infrautilizados». «Las crisis continuarán. Los fundamentos se mantendrán», concluyen.
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