Creo que si algo aprendimos o se aprendió del auge del nazismo en la Alemania de los años 30 fue el silencio, cómplice, de tantos y tantos que, por miedo o por oportunismo, porque con ese régimen veían que podían mejorar su posición, decidieron mirar hacia otro lado y no denunciar lo que estaba pasando. La historia nos dirá si, en este momento en el que un nuevo fascismo está imponiéndose en nuestro mundo, con un Trump decidiendo de forma caprichosa qué países coloniza y cuáles no, con qué territorios o recursos se queda de otros porque sí, el silencio de tantos y tantos será también la vergüenza de quienes vengan después. «¿Por qué no hicisteis nada?» Seguramente será la pregunta más repetida dentro de unos años.. A Trump, hasta hace muy poco, muchos le reían las gracias, le aceptaban sus formas un tanto rudas, sus salidas de tono, sus ideas descabelladas, sus empujones para colocarse en primera fila durante la foto… Venía a Europa como un zar al que muchos le rendían pleitesía. Pero lo de Venezuela lo ha cambiado todo. Algunos o realmente muchos, por fin, se han caído del guindo y han comprobado que lo que busca el estadounidense no es una nueva democracia ni un orden más justo para todos ni conseguir mejores oportunidades para su país. Lo que busca es su propio interés, el suyo nada más. Y algunos, como Meloni o la propia Le Pen, que hasta hace poco sonreían con sus ocurrencias, han sido capaces de decir en público que no les ha gustado lo que ha pasado en Venezuela. Ni lo que pretende hacer con Groenlandia.. Trump lleva días avisando y, mucho me temo que, aquí también, cumplirá sus amenazas. Intentará hacerse con el control de la isla de una forma u otra, son sus propias palabras, «de una forma u otra», o lo que es lo mismo, a las buenas o a las malas, sin medir las consecuencias. Es tanto lo que puede ofrecer Groenlandia, con sus tierras raras, sus diamantes, su oro; tanto lo que promete que puede dar cuando el deshielo se complete que la avaricia ciega: Trump lo quiere para él, a toda costa, sea como sea.. Aquí, la ultraderecha todavía no ha sido capaz de censurar a un Trump crecido y desbocado. Ni con una pregunta muy directa han querido desmarcarse del servilismo al señor que ocupa la Casa Blanca. Y aunque pueda no extrañar, sí que sorprende que ni siquiera se alineen con sus otros hermanos políticos de Europa.. La historia se encargará de juzgar qué se hizo y qué se dijo en estos tiempos tan extraños. Quién fue capaz de plantarse, de decirle no a Trump y a sus políticas de matón. Cuando se nos pregunte ¿cómo lo permitisteis? habrá que responder con sinceridad: algunos callaron, algunos consintieron.
A Trump, hasta hace muy poco, muchos le reían las gracias, le aceptaban sus formas, sus salidas de tono, sus ideas descabelladas… Pero lo de Venezuela lo ha cambiado todo.
20MINUTOS.ES – Internacional
Creo que si algo aprendimos o se aprendió del auge del nazismo en la Alemania de los años 30 fue el silencio, cómplice, de tantos y tantos que, por miedo o por oportunismo, porque con ese régimen veían que podían mejorar su posición, decidieron mirar hacia otro lado y no denunciar lo que estaba pasando. La historia nos dirá si, en este momento en el que un nuevo fascismo está imponiéndose en nuestro mundo, con un Trump decidiendo de forma caprichosa qué países coloniza y cuáles no, con qué territorios o recursos se queda de otros porque sí, el silencio de tantos y tantos será también la vergüenza de quienes vengan después. «¿Por qué no hicisteis nada?» Seguramente será la pregunta más repetida dentro de unos años.. A Trump, hasta hace muy poco, muchos le reían las gracias, le aceptaban sus formas un tanto rudas, sus salidas de tono, sus ideas descabelladas, sus empujones para colocarse en primera fila durante la foto… Venía a Europa como un zar al que muchos le rendían pleitesía. Pero lo de Venezuela lo ha cambiado todo. Algunos o realmente muchos, por fin, se han caído del guindo y han comprobado que lo que busca el estadounidense no es una nueva democracia ni un orden más justo para todos ni conseguir mejores oportunidades para su país. Lo que busca es su propio interés, el suyo nada más. Y algunos, como Meloni o la propia Le Pen, que hasta hace poco sonreían con sus ocurrencias, han sido capaces de decir en público que no les ha gustado lo que ha pasado en Venezuela. Ni lo que pretende hacer con Groenlandia.. Trump lleva días avisando y, mucho me temo que, aquí también, cumplirá sus amenazas. Intentará hacerse con el control de la isla de una forma u otra, son sus propias palabras, «de una forma u otra», o lo que es lo mismo, a las buenas o a las malas, sin medir las consecuencias. Es tanto lo que puede ofrecer Groenlandia, con sus tierras raras, sus diamantes, su oro; tanto lo que promete que puede dar cuando el deshielo se complete que la avaricia ciega: Trump lo quiere para él, a toda costa, sea como sea.. Aquí, la ultraderecha todavía no ha sido capaz de censurar a un Trump crecido y desbocado. Ni con una pregunta muy directa han querido desmarcarse del servilismo al señor que ocupa la Casa Blanca. Y aunque pueda no extrañar, sí que sorprende que ni siquiera se alineen con sus otros hermanos políticos de Europa.. La historia se encargará de juzgar qué se hizo y qué se dijo en estos tiempos tan extraños. Quién fue capaz de plantarse, de decirle no a Trump y a sus políticas de matón. Cuando se nos pregunte ¿cómo lo permitisteis? habrá que responder con sinceridad: algunos callaron, algunos consintieron.
