Espejo Público se ha inventado un podcast para dar una personalidad especial a la que podía parecer una entrevista más. Espodcast es el nombre elegido para una fórmula que llevan un tiempo practicando y, a priori, no necesita la tele. De hecho, la tele debe ser todo lo contrario al podcast: la elaboración creativa para mostrar el mundo más allá de la conversación atada a dos micros.. Sin embargo, los magacines matinales también padecen un problema: se han convertido en un trepidante carrusel sobre la actualidad. Lo que puede torcer su contenido en monótono: la velocidad de la información en tiempos hiperconectados deja atrapados a estos programas en una mesa entre el debate y la conexión con el reportero desplazado. Una dinámica sin tregua que termina engullendo a las entrevistas. Todo parece ser un ir y venir de gente hablando de prisa. Los programas ya apenas respiran con la diversidad de secciones con su carácter propio dentro de la identidad global de todo el programa. Equilibrio que en España modernizó María Teresa Campos para que la mañana informara y acompañara sin sonar a homogeneidad.. Ahí es donde el podcast de Espejo Público cobra su sentido. Con su mesa pequeñita en un plató tan grande. Con sus dos micros de streamer, que ni necesitan estar enchufados, pues en realidad Susanna Griso y sus invitados llevan el micrófono habitual de solapa. Pero así la que podría parecer otra entrevista más encuentra una diferenciación que la permite destacar dentro del frenético río de conexiones, tertulias y vídeos del magacín.. Con un aliciente añadido: el programa hace suya la atmósfera que se asocia a este género nativo en la era de las redes sociales. El ojo del espectador relaciona la liturgia del podcast a la sinceridad que propicia la tranquilidad de una charla íntima sin prisa ni interrupciones. Un género que además permitió que tuvieran voz aquellos que no solían tener cabida en medios tradicionales por no ser los más populares de la clase. Todo lo contrario que representa un matinal de la televisión de hoy: celeridad, intensidad, polos opuestos y parpadeantes carteles constantes de ‘¡Directo!’ y ‘¡Última hora!’. Con noticias que no son de última hora.. Entre tanto reclamo de venta, entre tanta estresante urgencia desesperada por retener nuestra atención desde el susto más que desde la compañía, Espejo Público da un vuelco escénico a la tradicional entrevista y la impregna de un ambiente que en el imaginario colectivo remite a serenidad. Así frena el ritmo del infotainment que ha igualado todos los magacines, tanto que el programa de Antena 3 coge aire a la vez que se distingue de sus rivales.
El magacín matinal ha incorporado la liturgia del pódcast y atesora más de un sentido. Lo explicamos.
Espejo Público se ha inventado un podcast para dar una personalidad especial a la que podía parecer una entrevista más. Espodcast es el nombre elegido para una fórmula que llevan un tiempo practicando y, a priori, no necesita la tele. De hecho, la tele debe ser todo lo contrario al podcast: la elaboración creativa para mostrar el mundo más allá de la conversación atada a dos micros.. Sin embargo, los magacines matinales también padecen un problema: se han convertido en un trepidante carrusel sobre la actualidad. Lo que puede torcer su contenido en monótono: la velocidad de la información en tiempos hiperconectados deja atrapados a estos programas en una mesa entre el debate y la conexión con el reportero desplazado. Una dinámica sin tregua que termina engullendo a las entrevistas. Todo parece ser un ir y venir de gente hablando de prisa. Los programas ya apenas respiran con la diversidad de secciones con su carácter propio dentro de la identidad global de todo el programa. Equilibrio que en España modernizó María Teresa Campos para que la mañana informara y acompañara sin sonar a homogeneidad.. Ahí es donde el podcast de Espejo Público cobra su sentido. Con su mesa pequeñita en un plató tan grande. Con sus dos micros de streamer, que ni necesitan estar enchufados, pues en realidad Susanna Griso y sus invitados llevan el micrófono habitual de solapa. Pero así la que podría parecer otra entrevista más encuentra una diferenciación que la permite destacar dentro del frenético río de conexiones, tertulias y vídeos del magacín.. Con un aliciente añadido: el programa hace suya la atmósfera que se asocia a este género nativo en la era de las redes sociales. El ojo del espectador relaciona la liturgia del podcast a la sinceridad que propicia la tranquilidad de una charla íntima sin prisa ni interrupciones. Un género que además permitió que tuvieran voz aquellos que no solían tener cabida en medios tradicionales por no ser los más populares de la clase. Todo lo contrario que representa un matinal de la televisión de hoy: celeridad, intensidad, polos opuestos y parpadeantes carteles constantes de ‘¡Directo!’ y ‘¡Última hora!’. Con noticias que no son de última hora.. Entre tanto reclamo de venta, entre tanta estresante urgencia desesperada por retener nuestra atención desde el susto más que desde la compañía, Espejo Público da un vuelco escénico a la tradicional entrevista y la impregna de un ambiente que en el imaginario colectivo remite a serenidad. Así frena el ritmo del infotainment que ha igualado todos los magacines, tanto que el programa de Antena 3 coge aire a la vez que se distingue de sus rivales.
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