Vuelve a mí, editada por Grijalbo, es una novela de terror cotidiano, de monstruos y arrabales, de Madrid hasta África, Rubén Sánchez Trigos se mueve entre el sur de la capital, las tragaperras, el trabajo precario, los cursos de formación, autovías oscuras, tebeos, arcanos… todo aderezado por una extraña perspectiva, aparentemente política, que tiñe las páginas, desluciendo el total del volumen. Porque el libro comienza con mucha fuerza, el comienzo engancha, sugiere, te sitúa en el punto cero de la narración.Pero tras ese sobresaliente comienzo se acumulan algunos tópicos que tratan de sumergir la narración en lo cotidiano: accidentes laborales, alcoholismo y ludopatía, empleos precarios, inmigración. Protestas contra la derecha madrileña, privatizadora y malvada. La explosión narrativa tiene un punto de Cementerio de mascotas de Stephen King, intentando jugar en la liga de David Jasso. La mezcla de géneros coloca la narración al alcance de todos.El uso de los cuerpos, más vudú que George A. Romero.Animismo africano, un extraño deus ex machina en forma de libro que cualquiera puede encontrar una librería, una tienda especializada de tebeos (para explicarlo todo…, el “lore” de la historia). También lesbianismo, transición de género, empresas malvadas, uso de inmigrantes, altas sociedades… Eso resta ritmo en el proceso. La sugerencia, con cierto potencial, de una sociedad de reanimadores (uno andaluz, con su hermana), acaba haciendo que pierda ritmo al encontrarnos conque las condiciones que ofrece (ayuda silenciosa a su familia, que pasa del abismo a la esperanza) y la lucha, la moralidad, la ética… el combate acaba siendo irreal. Menos que los cadáveres con ganas de sexo.Una empresa con una política corporativa y atención social que esconde una tragedia psíquica. Malo desde el comienzo, pederastia de nacional. No sé, quizá usar los poderes para animar los familiares fallecidos de los clientes ricos para que sirvieran de consuelo, una especie de After Life que ayude con el duelo. No sé hacer cuentas, entre pagar a los revividos y contratar ilegales… proyecciones psíquicas. Pensé que el primer accidente, el primer instante, fue el padre: por eso cuando aparece el padre de la amiga imagino un golpe de efecto, pero no. ¿Es posible que recuperar a tu familia de un pozo de degeneración social se imponga a la moralidad adolescente? No lo sé, es el autor el que lo sabe.Una condición pragmática, una violencia en el centro comercial (un centro comercial que es malo por definición, a pesar de que ofrece opciones de trabajo en zona deprimida), que acaba deshaciendo toda la casuística. El cemento trae puestos de trabajo, pero es arrasado, en un guiño a Zombie (Dawn of the dead), y de ahí no me bajo. Capital privado, fuerza social, crítica que no es extraño en una novela de terror. Lo cotidiano se hunde, hasta desaparecer: ¿Qué empleo quieres si no has acabado ni la ESO? Hoy, de verdad, no harí
Reanimados en el sur de Madrid, Rubén Sánchez Trigos muestra su versión del zombi social.
Vuelve a mí, editada por Grijalbo, es una novela de terror cotidiano, de monstruos y arrabales, de Madrid hasta África, Rubén Sánchez Trigos se mueve entre el sur de la capital, las tragaperras, el trabajo precario, los cursos de formación, autovías oscuras, tebeos, arcanos… todo aderezado por una extraña perspectiva, aparentemente política, que tiñe las páginas, desluciendo el total del volumen. Porque el libro comienza con mucha fuerza, el comienzo engancha, sugiere, te sitúa en el punto cero de la narración.PORTADAGrijalboPero tras ese sobresaliente comienzo se acumulan algunos tópicos que tratan de sumergir la narración en lo cotidiano: accidentes laborales, alcoholismo y ludopatía, empleos precarios, inmigración. Protestas contra la derecha madrileña, privatizadora y malvada. La explosión narrativa tiene un punto de Cementerio de mascotas de Stephen King, intentando jugar en la liga de David Jasso. La mezcla de géneros coloca la narración al alcance de todos.El uso de los cuerpos, más vudú que George A. Romero.Animismo africano, un extraño deus ex machina en forma de libro que cualquiera puede encontrar una librería, una tienda especializada de tebeos (para explicarlo todo…, el “lore” de la historia). También lesbianismo, transición de género, empresas malvadas, uso de inmigrantes, altas sociedades… Eso resta ritmo en el proceso. La sugerencia, con cierto potencial, de una sociedad de reanimadores (uno andaluz, con su hermana), acaba haciendo que pierda ritmo al encontrarnos conque las condiciones que ofrece (ayuda silenciosa a su familia, que pasa del abismo a la esperanza) y la lucha, la moralidad, la ética… el combate acaba siendo irreal. Menos que los cadáveres con ganas de sexo.Una empresa con una política corporativa y atención social que esconde una tragedia psíquica. Malo desde el comienzo, pederastia de nacional. No sé, quizá usar los poderes para animar los familiares fallecidos de los clientes ricos para que sirvieran de consuelo, una especie de After Life que ayude con el duelo. No sé hacer cuentas, entre pagar a los revividos y contratar ilegales… proyecciones psíquicas. Pensé que el primer accidente, el primer instante, fue el padre: por eso cuando aparece el padre de la amiga imagino un golpe de efecto, pero no. ¿Es posible que recuperar a tu familia de un pozo de degeneración social se imponga a la moralidad adolescente? No lo sé, es el autor el que lo sabe.Una condición pragmática, una violencia en el centro comercial (un centro comercial que es malo por definición, a pesar de que ofrece opciones de trabajo en zona deprimida), que acaba deshaciendo toda la casuística. El cemento trae puestos de trabajo, pero es arrasado, en un guiño a Zombie (Dawn of the dead), y de ahí no me bajo. Capital privado, fuerza social, crítica que no es extraño en una novela de terror. Lo cotidiano se hunde, hasta desaparecer: ¿Qué empleo quieres si no has acabado ni la ESO? Hoy, de v
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