Ya lo cantaba Bustamante: «No soy un supermán». Y qué razón tenía…. Ayer lo comprobé con Rosalía en Milán. Sí, fui hasta allí. Más de 1.200 kilómetros. Hotel, vuelos y emoción. Y sí… el concierto duró menos de una hora. Y mereció la pena.. La noche empezó con la energía muy arriba, público entregado y Rosalía en modo diosa. Pero algo pasaba. El concierto había tardado en empezar. No lo sabíamos, pero ella llevaba ya un rato lidiando con náuseas en el escenario y vómitos en backstage. Siguió. Cantó. Bailó. Y tiró para adelante como una jabata. Hasta que llegó De Madrugá. Parón. Silencio. Miradas. Y cinco largos minutos vacíos.. Entonces, salió Rosalía: sin artificio ni dramas. Estaba mal, pero quería seguir. El público, impecable, la arropó entre aplausos. Aquello parecía una iglesia. Minutos después, regresó. No podía continuar. Y ahí está la clave.. Nos encanta decir que «el espectáculo debe continuar»… hasta que el cuerpo dice que no. Nos hemos acostumbrado a exigir a los artistas como si fueran máquinas, como si no pudieran enfermar, como si no pudieran fallar.. Adele cancela para no quedarse sin voz. Justin Bieber frena giras por salud. Sam Smith para en seco por agotamiento. ¡Y menos mal! Porque lo verdaderamente preocupante sería que siguieran. Eso siempre acaba mal.. Anoche no vi un concierto fallido. Vi a una artista diciendo «hasta aquí». Y eso, en estos tiempos, es más valiente que acabar el show.. Disfruté de una hora escasa de concierto, que bien mereció el viaje. Porque a veces no hace falta que dure más para que sea inolvidable. Hace falta que sea real. Y lo de anoche, lo fue.. Mio Cristo Piange Diamanti coreado en italiano por el público de Italia fue un regalo. Casi una conversión. Fui de turismo musical, y salí bautizado.. Deseando que Rosalía se recupere, ahora solo espero que se obre el milagro y me lluevan del cielo unas entraditas para ver el show completo en Madrid.
Anoche, en Milán, no vi un concierto fallido de Rosalía. Vi a una artista diciendo «hasta aquí». Y eso, en estos tiempos, es más valiente que acabar el ‘show’.
Ya lo cantaba Bustamante: «No soy un supermán». Y qué razón tenía…. Ayer lo comprobé con Rosalía en Milán. Sí, fui hasta allí. Más de 1.200 kilómetros. Hotel, vuelos y emoción. Y sí… el concierto duró menos de una hora. Y mereció la pena.. La noche empezó con la energía muy arriba, público entregado y Rosalía en modo diosa. Pero algo pasaba. El concierto había tardado en empezar. No lo sabíamos, pero ella llevaba ya un rato lidiando con náuseas en el escenario y vómitos en backstage. Siguió. Cantó. Bailó. Y tiró para adelante como una jabata. Hasta que llegó De Madrugá. Parón. Silencio. Miradas. Y cinco largos minutos vacíos.. Entonces, salió Rosalía: sin artificio ni dramas. Estaba mal, pero quería seguir. El público, impecable, la arropó entre aplausos. Aquello parecía una iglesia. Minutos después, regresó. No podía continuar. Y ahí está la clave.. Nos encanta decir que «el espectáculo debe continuar»… hasta que el cuerpo dice que no. Nos hemos acostumbrado a exigir a los artistas como si fueran máquinas, como si no pudieran enfermar, como si no pudieran fallar.. Adele cancela para no quedarse sin voz. Justin Bieber frena giras por salud. Sam Smith para en seco por agotamiento. ¡Y menos mal! Porque lo verdaderamente preocupante sería que siguieran. Eso siempre acaba mal.. Anoche no vi un concierto fallido. Vi a una artista diciendo «hasta aquí». Y eso, en estos tiempos, es más valiente que acabar el show.. Disfruté de una hora escasa de concierto, que bien mereció el viaje. Porque a veces no hace falta que dure más para que sea inolvidable. Hace falta que sea real. Y lo de anoche, lo fue.. Mio Cristo Piange Diamanti coreado en italiano por el público de Italia fue un regalo. Casi una conversión. Fui de turismo musical, y salí bautizado.. Deseando que Rosalía se recupere, ahora solo espero que se obre el milagro y me lluevan del cielo unas entraditas para ver el show completo en Madrid.
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