La palabra diva viene de diosa. Diosa a la que rezar. Y, sin duda, Shakira ha reunido todos los requisitos para formar parte del club de superdivas de la música. Su sacralización le permite saber que se le hará la ola aunque llegue tarde a las entrevistas. Así que la tardanza se termina convirtiendo en marca de la casa, pues nunca pasa nada por su impuntualidad. Es Shakira. Es una diva.. La Revuelta lo ha sufrido este jueves. Shakira se hizo esperar. Y eso que ni siquiera iba al teatro del programa, que ya podía con toda la promoción que ha realizado TVE sobre su residencia en Madrid. Por suerte, el equipo de Broncano lleva casi una década metamorfoseando sus debilidades en virtud. Así que jugaron la demora correteando por el parque temático que se ha montado la colombiana en el barrio de Villaverde.. En las redes sociales, donde la crítica arrebatada nos arrasa, no tardaron las críticas ante la cutrez de la emisión improvisada de La Revuelta. Sin embargo, el galimatías se emitió y destacó en audiencias con 14.1 por ciento de share y 1.744.000 espectadores. ¿Cómo es posible? Hay tres claves, además del reclamo de contar con Shakira (claro). Primero, porque la guasa de Broncano, Ponce y su equipo favorece en el caos un tono de reunión de amigos que implica al público. Les hace partícipes de sus confidencias. Segundo, el programa duró menos por falta de contenido. La Revuelta coge vuelo en la concreción de duración que deja con ganas de más. Y, tercero, y lo más importante, el desorden de este particular programa atesoró el truco maestro para enganchar con una buena historia: la fuerza del suspense. ¿Llegará Shakira? ¿Cómo aparecerá? ¿Vendrá haciendo el robot?. Había que quedarse para ver qué sucedía. Y sí, hizo acto de presencia. Y, paradójicamente, la naturalidad del programa se esfumó. Porque Shakira en las entrevistas transmite distancia. Hay sonrisas de complicidad, hay sonrisas de rubor, hay sonrisas de seducción… La sonrisa de Shakira se parece más a un escudo protector repleto de desconfianza. Sonrisa de diva que permite la venta de la promoción pero impide las libertades de la espontaneidad. Resultado: cero química. Se lo pone difícil al entrevistado.. 15 minutos duró La tienda en casa del concierto la charla. Broncano se tuvo que marchar. Corriendo. Tenía planes ineludibles que ni Shakira consiguió retrasar. La fórmula de La Revuelta terrenalizó por una vez a la cantante: la espera en un secarral de andamios y césped artificial dijo más de la diva que la entrevista de la persona.
La entrevista de ‘La Revuelta’ quedó reducida a 15 minutos porque la artista llegó tarde. No es la primera vez.
La palabra diva viene de diosa. Diosa a la que rezar. Y, sin duda, Shakira ha reunido todos los requisitos para formar parte del club de superdivas de la música. Su sacralización le permite saber que se le hará la ola aunque llegue tarde a las entrevistas. Así que la tardanza se termina convirtiendo en marca de la casa, pues nunca pasa nada por su impuntualidad. Es Shakira. Es una diva.. La Revuelta lo ha sufrido este jueves. Shakira se hizo esperar. Y eso que ni siquiera iba al teatro del programa, que ya podía con toda la promoción que ha realizado TVE sobre su residencia en Madrid. Por suerte, el equipo de Broncano lleva casi una década metamorfoseando sus debilidades en virtud. Así que jugaron la demora correteando por el parque temático que se ha montado la colombiana en el barrio de Villaverde.. En las redes sociales, donde la crítica arrebatada nos arrasa, no tardaron las críticas ante la cutrez de la emisión improvisada de La Revuelta. Sin embargo, el galimatías se emitió y destacó en audiencias con 14.1 por ciento de share y 1.744.000 espectadores. ¿Cómo es posible? Hay tres claves, además del reclamo de contar con Shakira (claro). Primero, porque la guasa de Broncano, Ponce y su equipo favorece en el caos un tono de reunión de amigos que implica al público. Les hace partícipes de sus confidencias. Segundo, el programa duró menos por falta de contenido. La Revuelta coge vuelo en la concreción de duración que deja con ganas de más. Y, tercero, y lo más importante, el desorden de este particular programa atesoró el truco maestro para enganchar con una buena historia: la fuerza del suspense. ¿Llegará Shakira? ¿Cómo aparecerá? ¿Vendrá haciendo el robot?. Había que quedarse para ver qué sucedía. Y sí, hizo acto de presencia. Y, paradójicamente, la naturalidad del programa se esfumó. Porque Shakira en las entrevistas transmite distancia. Hay sonrisas de complicidad, hay sonrisas de rubor, hay sonrisas de seducción… La sonrisa de Shakira se parece más a un escudo protector repleto de desconfianza. Sonrisa de diva que permitela venta de la promoción pero impide las libertades de la espontaneidad. Resultado: cero química. Se lo pone difícil al entrevistado.. 15 minutos duró La tienda en casa del concierto la charla. Broncano se tuvo que marchar. Corriendo. Tenía planes ineludibles que ni Shakira consiguió retrasar. La fórmula de La Revuelta terrenalizó por una vez a la cantante: la espera en un secarral de andamios y césped artificial dijo más de la diva que la entrevista de la persona.
20MINUTOS.ES – Televisión
