Susanita tiene un ratón / Un ratón chiquitín / que come chocolate y turrón / y bolitas de anís… Viajeros llegados de Washington dan cuenta de los últimos caprichos del chiquitín que encarnado en un grandullón se ha enseñoreado de la Casa Blanca y pretende que sus antojos sean la ley.. El grado de infantilismo exhibido por Donald para reclamar el cumplimiento de sus deseos era inimaginable, como hubiera dicho nuestro amigo Adam Michnik en su Elogio de la desobediencia. Un Trump enrabietado porque se le hubiera escapado el premio Nobel de la Paz, concedido en su edición de 2025 a María Corina Machado, castigó a la líder venezolana con su exclusión de la etapa del postmadurismo ahora iniciada sin que la humillación de acudir a entregarle la medalla consiguiera ganar la indulgencia del sheriff; y de paso le ha valido para descargar sobre Noruega la responsabilidad de que se anuncie la extracción de Groenlandia, por las buenas o por las malas, de la actual soberanía de Dinamarca.. En estas estábamos cuando, por primera vez, el martes en Davos, tenía que ser en Davos, hemos escuchado de boca del primer ministro de Canadá, Mark Carney, las primeras palabras que hablan de la realidad que tenemos delante: del fin de una agradable ficción y del comienzo de una dura realidad en la que la geopolítica de las grandes potencias ya no se somete a límites ni a restricciones. Mark Carney vino a decirnos que las potencias intermedias no son impotentes y que su poder empieza por la honestidad y se acogió a un aforismo de Tucídides para recordarnos que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Luego invocó el ensayo El poder de los sin poder, de Václav Havel, para explicar que el sistema comunista persistía no solo mediante la violencia, sino por la participación de personas corrientes en rituales que en privado reconocían que eran falsos.. Havel llamaba a esto «vivir dentro de una mentira». De modo que el poder del sistema comunista no provenía de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdad, y que su fragilidad provenía de la misma fuente. Reconozcamos que la hegemonía estadounidense ayudó a proporcionar bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y marcos para la resolución de disputas. Pero este pacto, sentencia Mark Carney, ya no funciona y estamos en medio de una ruptura y las grandes potencias han empezado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. De modo que se ha hecho imposible vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración que se ha convertido en la fuente de nuestra subordinación.. Sucede que cuando las reglas ya no nos protegen, deberemos protegernos nosotros mismos. Aprenderemos que la soberanía antes basada en reglas cada vez más se anclará en la capacidad de resistir presiones. Hemos descubierto que nuestra geografía y nuestras alianzas han dejado de garantizarnos automáticamente prosperidad y seguridad y que ahora se impone el «realismo basado en valores» acuñado por Alexander Stubb, presidente de Finlandia, y que ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza. Por eso, la senda es nuestra capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza y de actuar juntos. Empecemos por darle este año el premio Carlomagno a Mark Carney y el Princesa de Asturias a Alexander Stubb. Atentos.
Viajeros llegados de Washington dan cuenta de los últimos caprichos del chiquitín que encarnado en un grandullón se ha enseñoreado de la Casa Blanca y pretende que sus antojos sean la ley.
20MINUTOS.ES – Internacional
Susanita tiene un ratón / Un ratón chiquitín / que come chocolate y turrón / y bolitas de anís… Viajeros llegados de Washington dan cuenta de los últimos caprichos del chiquitín que encarnado en un grandullón se ha enseñoreado de la Casa Blanca y pretende que sus antojos sean la ley.. El grado de infantilismo exhibido por Donald para reclamar el cumplimiento de sus deseos era inimaginable, como hubiera dicho nuestro amigo Adam Michnik en su Elogio de la desobediencia. Un Trump enrabietado porque se le hubiera escapado el premio Nobel de la Paz, concedido en su edición de 2025 a María Corina Machado, castigó a la líder venezolana con su exclusión de la etapa del postmadurismo ahora iniciada sin que la humillación de acudir a entregarle la medalla consiguiera ganar la indulgencia del sheriff; y de paso le ha valido para descargar sobre Noruega la responsabilidad de que se anuncie la extracción de Groenlandia, por las buenas o por las malas, de la actual soberanía de Dinamarca.. En estas estábamos cuando, por primera vez, el martes en Davos, tenía que ser en Davos, hemos escuchado de boca del primer ministro de Canadá, Mark Carney, las primeras palabras que hablan de la realidad que tenemos delante: del fin de una agradable ficción y del comienzo de una dura realidad en la que la geopolítica de las grandes potencias ya no se somete a límites ni a restricciones. Mark Carney vino a decirnos que las potencias intermedias no son impotentes y que su poder empieza por la honestidad y se acogió a un aforismo de Tucídides para recordarnos que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Luego invocó el ensayo El poder de los sin poder, de Václav Havel, para explicar que el sistema comunista persistía no solo mediante la violencia, sino por la participación de personas corrientes en rituales que en privado reconocían que eran falsos.. Havel llamaba a esto «vivir dentro de una mentira». De modo que el poder del sistema comunista no provenía de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdad, y que su fragilidad provenía de la misma fuente. Reconozcamos que la hegemonía estadounidense ayudó a proporcionar bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y marcos para la resolución de disputas. Pero este pacto, sentencia Mark Carney, ya no funciona y estamos en medio de una ruptura y las grandes potencias han empezado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. De modo que se ha hecho imposible vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración que se ha convertido en la fuente de nuestra subordinación.. Sucede que cuando las reglas ya no nos protegen, deberemos protegernos nosotros mismos. Aprenderemos que la soberanía antes basada en reglas cada vez más se anclará en la capacidad de resistir presiones. Hemos descubierto que nuestra geografía y nuestras alianzas han dejado de garantizarnos automáticamente prosperidad y seguridad y que ahora se impone el «realismo basado en valores» acuñado por Alexander Stubb, presidente de Finlandia, y que ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza. Por eso, la senda es nuestra capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza y de actuar juntos. Empecemos por darle este año el premio Carlomagno a Mark Carney y el Princesa de Asturias a Alexander Stubb. Atentos.
