La cumbre de la OTAN de este martes y miércoles en Ankara es importante por muchos motivos; uno de ellos es el rol que tiene y que podría tener en el futuro el país anfitrión: Turquía. Con el anunciado repliegue de Estados Unidos, en la OTAN 3.0, como se ha empezado a llamar la nueva realidad, el país otomano aspira a ser no solo un actor clave, sino también el eje sobre el que pueden pivotar muchas de las decisiones que se tomen en la Alianza. Por capacidad y por posición geográfica, Turquía está llamada a dar un paso adelante. Es miembro de la OTAN desde 1952 y es el segundo ejército más numeroso de la Alianza, solo por detrás precisamente del estadounidense. Pero en el caso otomano no hay que hablar tanto de números como de enclaves. Turquía alberga puntos y bases clave para la Alianza. Es el caso de la base aérea de Incirlik, la de Konya y el mando terrestre en Izmir, que cumplen funciones esenciales en operaciones aéreas, vigilancia y coordinación militar. Aunque el número es reducido en comparación con el total de infraestructuras militares del país, su valor estratégico es muy alto debido a la ubicación de Turquía en el flanco suroriental de la OTAN, cerca de zonas de conflicto como Oriente Medio.Cuenta con aproximadamente 355.000 militares en servicio activo, alrededor de 379.000 reservistas y cerca de 150.000 miembros de fuerzas paramilitares, lo que suma un total aproximado de 884.000 efectivos. Sus fuerzas armadas disponen de más de 2.200 tanques, 61.000 vehículos blindados, más de 1.000 aeronaves militares y una marina con 182 buques de guerra. Además, mantiene vigente el servicio militar obligatorio.Ese giro hacia un rol más activo lo ha defendido precisamente estos días el ministro de Defensa turco, Yasar Guler, en declaraciones a los medios. «La OTAN sigue siendo una plataforma sin parangón y fundamental para la seguridad y la defensa euroatlánticas. No consideramos el período que estamos atravesando como una crisis, sino como un proceso de adaptación al cambiante entorno de seguridad», defendió. Asumen en Ankara que lo de Estados Unidos no será una retirada, pero al mismo tiempo sí ven el repliegue de Trump como una llamada de atención para que Europa dé un paso al frente. En esa asunción de responsabilidades también entra Turquía.Así lo ven desde la UE también y lo demostró la Alta Representante, Kaja Kallas, que hace días se vio con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, para reafirmar la coordinación con un país que además es candidato a la adhesión a la Unión -aunque las negociaciones están congeladas desde 2018-. «Turquía está haciendo una contribución significativa a la protección del Flanco Oriental de la OTAN», reconoció la jefa de la diplomacia europea, que ve al país otomano como «un socio clave en materia migratoria, energética y de seguridad», según expuso en el mismo mensaje.Han pasado 22 años desde que Turquía acogiera la última cumbre de la OTA
La cumbre de esta semana en Ankara es una buena oportunidad para el país y para el Gobierno de Erdogan: son el segundo ejército más grande por detrás de los estadounidenses.
20MINUTOS.ES – Internacional
La cumbre de la OTAN de este martes y miércoles en Ankara es importante por muchos motivos; uno de ellos es el rol que tiene y que podría tener en el futuro el país anfitrión: Turquía. Con el anunciado repliegue de Estados Unidos, en la OTAN 3.0, como se ha empezado a llamar la nueva realidad, el país otomano aspira a ser no solo un actor clave, sino también el eje sobre el que pueden pivotar muchas de las decisiones que se tomen en la Alianza. Por capacidad y por posición geográfica, Turquía está llamada a dar un paso adelante. Es miembro de la OTAN desde 1952 y es el segundo ejército más numeroso de la Alianza, solo por detrás precisamente del estadounidense. Pero en el caso otomano no hay que hablar tanto de números como de enclaves. Turquía alberga puntos y bases clave para la Alianza. Es el caso de la base aérea de Incirlik, la de Konya y el mando terrestre en Izmir, que cumplen funciones esenciales en operaciones aéreas, vigilancia y coordinación militar. Aunque el número es reducido en comparación con el total de infraestructuras militares del país, su valor estratégico es muy alto debido a la ubicación de Turquía en el flanco suroriental de la OTAN, cerca de zonas de conflicto como Oriente Medio.Cuenta con aproximadamente 355.000 militares en servicio activo, alrededor de 379.000 reservistas y cerca de 150.000 miembros de fuerzas paramilitares, lo que suma un total aproximado de 884.000 efectivos. Sus fuerzas armadas disponen de más de 2.200 tanques, 61.000 vehículos blindados, más de 1.000 aeronaves militares y una marina con 182 buques de guerra. Además, mantiene vigente el servicio militar obligatorio.Ese giro hacia un rol más activo lo ha defendido precisamente estos días el ministro de Defensa turco, Yasar Guler, en declaraciones a los medios. «La OTAN sigue siendo una plataforma sin parangón y fundamental para la seguridad y la defensa euroatlánticas. No consideramos el período que estamos atravesando como una crisis, sino como un proceso de adaptación al cambiante entorno de seguridad», defendió. Asumen en Ankara que lo de Estados Unidos no será una retirada, pero al mismo tiempo sí ven el repliegue de Trump como una llamada de atención para que Europa dé un paso al frente. En esa asunción de responsabilidades también entra Turquía.Así lo ven desde la UE también y lo demostró la Alta Representante, Kaja Kallas, que hace días se vio con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, para reafirmar la coordinación con un país que además es candidato a la adhesión a la Unión -aunque las negociaciones están congeladas desde 2018-. «Turquía está haciendo una contribución significativa a la protección del Flanco Oriental de la OTAN», reconoció la jefa de la diplomacia europea, que ve al país otomano como «un socio clave en materia migratoria, energética y de seguridad», según expuso en el mismo mensaje.Han pasado 22 años desde que Turquía acogiera la última cumbre de la
