El Industrial Accelerator Act (IAA) presentado por la Comisión Europea podría ser la última oportunidad industrial para Europa… si hay acuerdo, claro. Leer
El Industrial Accelerator Act (IAA) presentado por la Comisión Europea podría ser la última oportunidad industrial para Europa… si hay acuerdo, claro. Leer
Mientras China y los EEUU aceleran sus estrategias industriales, tecnológicas y de captura de minerales estratégicos y tierras raras, dinamitan el sistema multilateral de comercio antes de ponerse a hacer lo mismo con el financiero y de pagos -los EEUU-, o manipulan el opaco capitalismo de Estado hasta la extenuación -China-, los europeos seguimos discutiendo qué hacer y publicando papers a sabiendas de que si no nos ponemos de acuerdo estaremos todos muertos.Las cosas en Europa van lentas y en las capitales de los Estados no digamos. La pinza burocracia nacional-europea combinada con los atávicos intentos de preservar algo de soberanía nacional en materia económica, industrial, tecnológica o energética hacen que el proceso sea desesperante.Sin embargo, como casi siempre, los acontecimientos superan lo previsto y las instituciones europeas acabarán reaccionando. El programa FCAS (Futuro Avión de Combate Europeo) se ha caído, pero confiemos en que pronto habrá otro que lo sustituya sin los franceses. Otro ejemplo es el tortuoso proceso de renovación y ampliación de la red eléctrica europea que exige aunar esfuerzos para multiplicar las interconexiones y gestionar conjuntamente la congestión de la red, con el fin de eliminar los cuellos de botella que asfixian el crecimiento y crear las condiciones para la imprescindible Unión Energética.Al mismo tiempo, los consumidores se van decantando hacia opciones que ni toda la industria ni muchos gobiernos han respaldado como la movilidad eléctrica, y más aun la asequible, generando verdadero pánico en las regiones tradicionalmente productoras de vehículos porque, a pesar de que en 2026 las nuevas matriculaciones de coches en la Unión Europea (UE) ya han aumentado un 4%, las marcas europeas, japonesas y coreanas han caído porque todo el crecimiento se lo llevan las chinas. Los coches eléctricos puros suponen ya el 20% de total de las ventas de automóviles, y los electrificados (puros, híbridos enchufables y no enchufables) el 67,5%. Los coches chinos son ya el 9,5 % de las ventas de vehículos nuevos en Europa, un 10% en el tramo eléctrico y un 9% en el resto.Esta aceleración está generando un terremoto económico que va a afectar profundamente a la negociación del IAA y del automotive package, el conjunto de medidas presentado para transformar, y salvar, al sector del automóvil.¿Qué está pasando? Hay varias tendencias que se entrecruzan e incluso colisionan. Por un lado, los grandes fabricantes europeos llevan años adelantado inversiones y abriendo líneas de producción de modelos eléctricos en el sur de Europa buscando energía más asequible, cierta flexibilidad institucional y sindical, y también «preservando» en el norte, en sus lugares tradicionales, la producción de las líneas de mayor valor añadido de alta gama y otro tipo de propulsión. Pues bien, están empezando a arrepentirse, al tiempo que se dan cuenta de que no van a llegar a tiempo y de que carecen
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