Barrio rico, barrio pobre. Una sola calle, la Travessera de les Corts, separa un vecindario de alto poder adquisitivo, como es el de Les Corts de Barcelona y su imponente Camp Nou, con otro de perfil obrero y mucho más humilde, como Collblanc, en L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana más poblada, con 282.000 habitantes. El parque de la Marquesa ofrece al visitante un momento de respiro antes de entrar en un entramado de calles estrechas, pobladas de altos y envejecidos edificios que ofrecen una postal de uno de esos típicos barrios de las grandes urbes catalanas levantados en los años cincuenta y sesenta para acoger a la inmigración del sur de España. “Son pisos antiguos, sin ascensor, así que la gente se marcha cuando puede, no vienen parejas jóvenes. Todo se va deteriorando porque no se ha hecho el trabajo que se tenía que hacer”, explica el hombre que regenta un quiosco.. Seguir leyendo
Los alumnos afectados denuncian episodios de racismo y piden que no se les estigmatice y condiciones dignas en las aulas: “No tenemos rotuladores ni calefacción”
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Barrio rico, barrio pobre. Una sola calle, la Travessera de les Corts, separa un vecindario de alto poder adquisitivo, como es el de Les Corts de Barcelona y su imponente Camp Nou, con otro de perfil obrero y mucho más humilde, como Collblanc, en L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana más poblada, con 282.000 habitantes. El parque de la Marquesa ofrece al visitante un momento de respiro antes de entrar en un entramado de calles estrechas, pobladas de altos y envejecidos edificios que ofrecen una postal de uno de esos típicos barrios de las grandes urbes catalanas levantados en los años cincuenta y sesenta para acoger a la inmigración del sur de España. “Son pisos antiguos, sin ascensor, así que la gente se marcha cuando puede, no vienen parejas jóvenes. Todo se va deteriorando porque no se ha hecho el trabajo que se tenía que hacer”, explica el hombre que regenta un quiosco.. Collblanc, junto a La Florida y la Torrassa, forma el triángulo de barrios con más densidad de población de Europa, con una horquilla por zona que va de los 54.000 a más de 83.000 habitantes por kilómetro cuadrado, según la estadística municipal de 2024. Unas cifras estratosféricas, cuando la media de la ciudad de Madrid es de 5.800 habitantes y la de Barcelona, de 17.000. Además, el 87% de la población habita en viviendas de más de un siglo de antigüedad. “No hay espacio, tendrían que hacer como en otros sitios, tirar edificios, esponjar el barrio y hacer plazas”, añade el quiosquero, ubicado precisamente en una de las escasas plazas del barrio, donde también se asienta el instituto Eugeni d’Ors. Su fachada todavía lucía el miércoles una pancarta medio descolgada donde se leía: “Más recursos sociales, menos policiales”.. Más información. Este instituto —junto al Margarida Xirgu, otro centro ubicado a escasos 200 metros— es uno de los 14 institutos que participan en la polémica prueba piloto puesta en marcha esta semana en Cataluña para introducir agentes de los Mossos d’Esquadra en estos espacios educativos, según avanzó EL PAÍS. Los agentes, que irán de paisano y sin arma, estarán de forma estable en los institutos —excepto cuando a un policía le toque cubrir varios centros— y colaborarán con los equipos directivos para promover políticas de prevención y mediación de conflictos, y mejorar así la convivencia. En la prueba piloto —que se evaluará a final de curso y a final de año para ver si se extiende— participan dos centros de L’Hospitalet, uno del Prat, otro de Sabadell y varios de las zonas de Vic, Tàrrega y el Pirineo leridano. Las protestas de sindicatos docentes y de muchas familias están haciendo replantear la participación de algunos de estos institutos, y al menos dos ya se han descolgado de la iniciativa.. Pero, ¿cómo han sido elegidos estos centros? ¿Por qué estos y no otros? El Departamento de Educación no ofrece una explicación clara y, sobre todo, intenta desvincular la prueba de la conflictividad de los institutos. “No se han elegido por ser conflictivos o de máxima complejidad, sino por criterios de proximidad con el territorio y en coordinación con los centros”, aseguraba la consejera de Educación, Esther Niubó, durante la presentación del plan el pasado martes. Y añadió: “No hay un problema de seguridad ni convivencia en los centros educativos catalanes. Tenemos una realidad compleja, donde hay conflictos y a veces se trasladan a los centros educativos”. Con todo, fuentes de Educación sí que admiten la existencia de cierta problemática: “El plan no responde a una emergencia, sino a una necesidad estructural”.. Y esa necesidad estructural rezuma las paredes de los institutos. “De día es un barrio y de noche, otro. De día es el típico barrio de gente trabajadora, pero de noche vives con más inseguridad”, asegura una comerciante próxima a la plaza Sénia, donde se ubica el instituto Eugeni d’Ors. Cuando a los vecinos o vendedores se les pregunta sobre el ambiente del barrio, a todos les cambia la cara, y el gesto se les torna abrumado. “Es un barrio deteriorado, no se ven policías caminando. Hay mucha inseguridad y muchos hurtos, especialmente con los patinetes, que te vienen por detrás y te roban el móvil”, explica un vecino que regenta un pequeño negocio.. Varios comerciantes de la zona también coinciden en apuntar que son habituales las peleas en la puerta del centro. “Parece que esté organizado y que hayan quedado en ese punto. Vienen chicos de otros institutos, hacen un círculo y empieza la pelea. Además de otras cosas, porque también hay mucho trapicheo”, comenta un vendedor. “La salida del instituto es un follón”, dice otra comerciante. “Se ponen a dar patadas a las puertas de comercios y casas”, apunta la mujer. En el negocio que ella regenta, mantiene la puerta cerrada con llave e incluso ha instalado cámara de seguridad.. Un vecino, que lleva viviendo 60 años en la zona, insiste en el tema de la inseguridad. “El ambiente no es malo, es malísimo, especialmente los viernes por la noche”, cuando se suelen producir peleas entre bandas latinas. El hombre asegura haber visto cómo cambiaba la fisonomía del barrio, con oleadas de inmigrantes de diferente procedencia que se han ido relevando con los años. “Ha venido mucha gente, muchos de ellos son buenas personas y trabajadores, pero también ha venido mucha chusma. El barrio no vale un duro. Yo no me he ido porque no he podido”, dice el hombre que prefiere no dar su nombre. En L’Hospitalet, el 28% de la población es extranjera, la mitad de la cual proviene de Latinoamérica, seguido de Asia central y el Magreb. Según el último barómetro municipal, la mitad de los vecinos considera que el principal problema de la ciudad es la inseguridad ciudadana.. Alumnos entrando al instituto Margarida Xirgu de L’Hospitalet de Llobregat, este lunes. GIANLUCA BATTISTA. La mayoría de centros elegidos para la prueba piloto coinciden en su ubicación en barrios socioeconómicamente deprimidos o con mucha segregación social. “Es habitual el estrés psicológico, la ansiedad y los problemas de salud mental en ciertos sectores en situación extrema, así que hay un riesgo más alto de problemas conductuales de las familias”, asevera Xavier Bonal, profesor de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Los problemas de convivencia, como los que padecen algunos de estos centros, también se pueden deber a otros factores, como en el choque cultural entre diferentes etnias, como admiten desde alguno de los institutos del plan.. Con todo, Bonal alerta del riesgo de vincular inmigración y delincuencia, lo que resulta un caramelo para la extrema derecha. “Sí que hay cierta correlación entre conflictividad y pobreza, y pobreza e inmigración, pero eso no quiere decir que todos los inmigrantes sean delincuentes. El problema es que la situación de marginalidad afecta más a los inmigrantes”, asevera. El pasado miércoles, aparecieron carteles de movimientos ultra y pintadas de “remigración”, un concepto usado por estos sectores para pedir el retorno forzoso de los inmigrantes.. De hecho, el racismo es una de las lacras con las que tienen que luchar también los alumnos de estos institutos. “A veces los vecinos de aquí de toda la vida nos hacen comentarios de desprecio y nos dicen que nos vayamos a nuestro país”, explica Álex, un estudiante del centro. Junto a otros compañeros, todos de procedencia diversa, aseguran sentirse estigmatizados por ser inmigrantes y revelan las mochilas con las que cargan muchos de los alumnos. “Muchos se sienten violentados por el sistema y lo que hacen es intentar sacar esa violencia con más violencia”, comenta una compañera, que prefiere no identificarse al ser menor, durante la hora del recreo.. “Tenemos mucha precariedad energética, habitacional o familias en situación irregular. Pero, para muchos de estos alumnos, el instituto es su lugar seguro”, explica un profesor de estos centros de L’Hospitalet. El docente admite que se producen conflictos, “pero como pasa en otros centros, es algo normal”. Este malestar, inevitablemente, acaba colándose en las aulas. “Para alumnos que viven en una habitación de 10 metros cuadrados, no les hables de procesos de aprendizaje, porque ello no figura entre sus prioridades”, añade este docente. “Tenemos niños tristes, con depresiones o ansiedad. Necesitamos más una enfermera que un mosso, porque tenemos más ataques de ansiedad que insultos”, incide Anna Masllorens, profesora del Comtat d’Osona de Vic, otro de los centros incluidos en el plan.. Abriendo el foco a lo que pasa en general en los institutos, lo cierto es que los docentes sí que denuncian un aumento de conflictividad en las aulas, e incluso agresiones hacia ellos. Según la Encuesta de convivencia escolar y seguridad, realizada por el Departamento de Interior catalán el curso 2021-2022, el 64% de alumnos decía haber sido víctima de una situación violenta. Y según otra encuesta del sindicato Ustec, seis de cada 10 docentesdenunciaban haber sufrido agresiones físicas o verbales por parte de alumnos o familiares. Ignasi Fernàndez es secretario general del sindicato Aspepc, con una presencia importante en secundaria, además de abogado, y le ha tocado gestionar las denuncias recibidas por profesores. “A diario recibimos quejas de agresiones verbales por parte de alumnos y familias; por suerte, las físicas son menos frecuentes, pero podemos recibir una denuncia cada dos semanas. Hay un clima de hostilidad e indisciplina en los institutos y el profesor ha perdido autoridad”, lamenta.. El ambiente en algunos centros puede ser tan asfixiante que algunas direcciones ven con buenos ojos la llegada de un agente. “Estamos superagradecidos de que venga alguien a echar una mano con la convivencia, que cada vez está más degradada”, aseveraba hace unos días el director de uno de los institutos del plan, que vive conflictos dentro y fuera del centro y ve en la figura policial una solución para que se deje de señalar al profesorado.. Estudiar en buenas condiciones. Los alumnos de L’Hospitalet también se quejan de no tener un centro en las mejores condiciones. “El instituto se cae a trozos. Se va la luz cada dos por tres, no hay rotuladores, los baños están rotos y nos hemos pasado el invierno sin calefacción”, se queja una estudiante, quien explica que el día anterior se quedaron a medias del examen de inglés porque no había luz y no pudieron hacer el ejercicio de listening (escucha). “Te sientes agobiado con el calor en verano o el frío en invierno y eso no ayuda a estar bien en clase”, añade otra alumna. Los estudiantes también reclaman una mejora en las condiciones de estudio. “Cuando te dicen que no hay rotuladores, primero te ríes, pero después piensas: ‘¡Qué pena!’. Es indignante que den prioridad a algo que no va a servir de nada, porque seguirán las peleas, y no a otras. Lo que queremos son rotuladores, no mossos”, coinciden los jóvenes.. La figura de los agentes de policía no es bien vista por los alumnos, y muchos lo vinculan a un tema coercitivo, pero no mediador. “En 2023, desahuciaron a mi familia de nuestra casa. Fueron los mossos los que me echaron”, admite Álex, alumno de L’Hospitalet. Sus compañeras explican que en una clase sondearon sobre si el agente sería bien acogido y preguntaron a cuántos alumnos había parado la policía. “Muchos alzaron la mano, diciendo que los habían parado por su color de piel, así que si ven un agente, van a reaccionar mal”, comenta una alumna.. “Es necesario mejorar las condiciones del alumnado para que tengan una vida digna, aquí no hay oferta de ocio, no existen casales o ateneos con una oferta cultural y de ocio”, reclama el profesor de L’Hospitalet, quien también se muestra muy crítico por las políticas que se están aplicando, que se focalizan “en las consecuencias, no en las causas”. “En los barrios donde hay violencia hay que fijarse en las causas. ¿Por qué no se ponen medidas para acabar con la pobreza y la miseria? Lo que genera conflictividad no es el vecino, sino las políticas”, remata el docente.
