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Audio generado con IASigo con la primera vuelta que le estoy dando a la encíclica. Estoy recordando mis tardes y mis noches de estudio con un café, intentando meterle el diente a algo que se me resistía. Recuerdo que en aquellos tiempos me ayudaba mucho moralmente el saber que en otras habitaciones del Colegio Mayor había gente ocupada -y preocupada- como yo. Lo de ahora no es más que la primera encíclica del Papa actual que me está exigiendo un estudio profundo del que me había olvidado. Y ahora me siento menos acompañado que antes. Indudablemente, hay mucha gente que la está estudiando, pero no la siento tan cerca como en mis tiempos de estudiante. El enfoque es sencillo: en 1891 había unas rerum novarum, unas ‘cosas nuevas’ que influían de una manera importante en el hombre. Las rerum novarum de ahora influyen más. El Papa se mete a fondo (250 páginas en la edición que tengo yo) en la «custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial», ‘jugando’ de parte de la persona, a la que califica de «magnífica humanidad». Aunque no me tenía que haber sorprendido, me ha sorprendido el empalme de León XIV con el papa Francisco. Puestos a sorprenderme, también me ha llamado la atención el empalme del Papa Francisco con el resto de la doctrina social de la Iglesia, nombre que utilizó por primera vez Pío XII en los años 50 del siglo pasado. Magnifica humanitas. León XIV cita a Viktor Frankl: «el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios». Me han llamado la atención las citas de la novena sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; del Guernica. Cómo denuncia de la deshumanización. Y de «La lista de Schindler» como una invitación a no entregar el pasado al olvido. La encíclica es una obra seria. El Papa dice que «la tecnología es un hecho profundamente humano. Puede curar, conectar, educar, cuidar la casa común; pero también puede dividir, descartar, generar injusticias». A esto me refería cuando decía que empalmaba con Francisco en el tema de la cultura del descarte. Por tanto, es un documento que nos pone delante de nosotros mismos, sabiendo que nuestra tarea es «poner la tecnología en servicio de la dignidad de la persona, del bien común, de la justicia y de la solidaridad y trabajar con responsabilidad para un futuro más humano». Remata: «Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene». La revolución civil sigue adelante. Continúo estudiando.
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