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Pese a que inconscientemente tratemos el envejecimiento poblacional como un reto de futuro de las economías avanzadas, lo cierto es que se trata de un proceso que lleva sucediendo, si bien de forma menos abrupta, durante las últimas décadas. Sin embargo, durante las últimas décadas el envejecimiento no frenó el crecimiento del PIB per cápita en las economías avanzadas, y no fue casualidad. En uno de sus trabajos más relevantes, Acemoglu & Restrepo (2022) mostraron como escasez creciente de trabajadores en edades intermedias, derivado del envejecimiento, encareció la mano de obra y volvió progresivamente más rentable sustituirla por maquinaria, de modo que la propia demografía terminó empujando a las economías avanzadas hacia la automatización, compensando así una buena parte del impacto económico negativo asociado a una población más envejecida. De hecho, en su trabajo, ambos autores mostraron que ese vínculo explica una parte considerable de las diferencias de robotización entre economías avanzadas.Lo llamativo de este proceso es que fue «automático», sin que ningún gobierno tuviera que diseñar o aplicar incentivos para ello, el empuje de la demografía fue suficiente. Las empresas miraban hacia delante, anticipaban la falta de trabajadores e invertían en maquinaria movidas por un cálculo puramente económico, resultando en unas décadas donde la demografía adversa convivió con avances sostenidos de productividad. Esa relación histórica resulta bastante nítida en la comparativa entre países, con Corea del Sur y Alemania en el extremo de mayor envejecimiento y mayor adopción de robots, y con Reino Unido o Polonia en el opuesto, dibujando una pendiente positiva clara.Sin embargo, un reciente informe de la OCDE se hace una pregunta incómoda, si la inteligencia artificial podrá desempeñar ahora ese mismo papel de fuerza compensatoria, justo cuando el lastre demográfico se intensifica en Europa y, de forma especialmente aguda, en España, donde la población en edad de trabajar solo se mantiene gracias a los extraordinarios flujos migratorios. La promesa para muchos es que la IA compense con productividad la caída relativa población activa, igual que antes lo hicieron los robots, y sostenga así el nivel de vida pese al envejecimiento. Sin embargo, el análisis recogido por la OCDE muestra que esta compensación ya no se produce de manera automática y es profundamente desigual entre países.El primer indicio de ello aparece al cruzar, país a país, lo que cada economía puede ganar en términos de crecimiento del PIB per cápita con la IA y lo que es esperable que pierda por el envejecimiento durante la próxima década. La OCDE sitúa a cada país según el impacto anual esperado del envejecimiento sobre el PIB por habitante hasta 2035 y según su potencial de aprovechamiento de la IA, y el resultado es una nube muy dispersa. Israel, Luxemburgo, Estados Unidos y los países nórdicos combinan un envejec
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