Una de las respuestas a los veranos del futuro, que se anuncian cada vez más tórridos, podría estar escondida bajo siglos de historia. Roma ha comenzado a mirar hacia la extensa red de espacios subterráneos que se esconde bajo sus calles para estudiar si algunos de ellos podrían servir algún día como refugios frente a las temperaturas extremas. Cuando aprieta la canícula en la superficie, el frescor que se conserva de forma natural bajo tierra adquiere un valor inesperado. La idea tiene potencial, pero antes habrá que determinar qué lugares son seguros y cómo acondicionarlos para recibir público.. Seguir leyendo
Las autoridades de la capital italiana estudian sus tesoros del pasado para ofrecer espacios frescos en el futuro
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Una de las respuestas a los veranos del futuro, que se anuncian cada vez más tórridos, podría estar escondida bajo siglos de historia. Roma ha comenzado a mirar hacia la extensa red de espacios subterráneos que se esconde bajo sus calles para estudiar si algunos de ellos podrían servir algún día como refugios frente a las temperaturas extremas. Cuando aprieta la canícula en la superficie, el frescor que se conserva de forma natural bajo tierra adquiere un valor inesperado. La idea tiene potencial, pero antes habrá que determinar qué lugares son seguros y cómo acondicionarlos para recibir público.. A pocos metros bajo las calles de la capital italiana, existe otra ciudad. Una extensa red de antiguas canteras, galerías, catacumbas, espacios arqueológicos y otras cavidades surca el subsuelo romano, excavada a lo largo de siglos para, entre otras cosas, extraer la piedra con la que se levantaron muchos de los edificios de la superficie. Incluso hay estructuras arqueológicas que hace dos mil años estaban en superficie y que hoy se encuentran a cinco o seis metros bajo tierra.. La abundancia de cavidades se explica también por la geología de Roma: sus materiales volcánicos, como la toba y la puzolana, eran fáciles de excavar y fueron utilizados durante siglos para la construcción.. Roma lleva siglos dando distintos usos a su subsuelo. Desde los mitreos donde los antiguos romanos rendían culto al dios Mitra y las catacumbas donde se enterraban los primeros cristianos hasta túneles ferroviarios y refugios antiaéreos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.. Ahora, el cambio climático podría dar a ese ‘mundo subterráneo’ una nueva función: refugiar a sus habitantes de un calor cada vez más extremo.. La idea se encuentra todavía en una fase muy preliminar. Por el momento, el Ayuntamiento de Roma y el Instituto Superior de Protección e Investigación del Medio Ambiente (ISPRA) están analizando las cavidades existentes y las posibilidades que podrían ofrecer. De hecho, el ISPRA lleva años elaborando una cartografía de las entrañas de Roma para crear un banco de datos que permita conocerlas mejor.. El interés no es casual. Mientras en la superficie las temperaturas pueden superar ampliamente los 35 grados, unos pocos metros bajo tierra el escenario cambia radicalmente. Francesco La Vigna, geólogo de ISPRA y presidente del Urban Geology Expert Group de EuroGeoSurveys, explica que a partir de unos 3,5 metros de profundidad el terreno deja de sufrir buena parte de las oscilaciones térmicas del exterior y mantiene temperaturas relativamente constantes durante todo el año, generalmente entre 10 y 17 grados. “En Roma, durante algunas mediciones realizadas en verano, con temperaturas exteriores superiores a 37 grados, dentro de las cavidades se registraban apenas 16 grados”, apunta.. No es un descubrimiento nuevo. “En la Antigüedad, las bodegas, es decir, los espacios más profundos de los edificios, se utilizaban para conservar el vino y algunos alimentos”, apunta La Vigna. Lo que cambia ahora es la posibilidad de aprovecharla deliberadamente como una herramienta de adaptación al cambio climático.. La magnitud de la Roma subterránea todavía no se conoce por completo. La última cartografía elaborada por ISPRA junto al CNR y la Universidad de Tuscia ha constatado la presencia de miles de cavidades bajo más de 100 kilómetros cuadrados de la capital. Esto permitiría, según La Vigna, encontrar potenciales espacios en casi todos los barrios de la ciudad, especialmente en las zonas de origen volcánico.. Pero no basta con encontrar una cueva fresca. Muchas de las antiguas cavidades llevan décadas o incluso siglos abandonadas. Antes de permitir la entrada de ciudadanos, habría que comprobar la estabilidad de techos y paredes y, cuando fuera necesario, realizar obras de consolidación. También existe otro problema: la humedad suele ser muy elevada y las rocas volcánicas pueden emitir gases como el radón, perjudiciales en exposiciones prolongadas.. La Vigna considera, sin embargo, que ninguno de estos obstáculos es insalvable. “Se trata de problemas perfectamente superables. Garantizar la seguridad estructural de un espacio subterráneo es técnicamente viable y, sin duda, menos costoso que construir uno desde cero, mientras que los problemas de humedad y la presencia de gases nocivos pueden solucionarse fácilmente mediante sistemas adecuados de ventilación”, explica el geólogo.. Por eso propone empezar por los espacios más amplios, mejor conservados o que ya reciben visitantes, como algunas estructuras arqueológicas. Sería también una forma, señala, de que los ciudadanos comprobaran la diferencia de temperatura y vencieran el miedo a adentrarse “bajo tierra”.. El Ayuntamiento pone dos condiciones: seguridad y gratuidad. “La seguridad, también en lo relativo a la renovación del aire, y la gratuidad, como ocurre con los demás refugios climáticos”, señala Edoardo Zanchini, director de la Oficina de Cambio Climático del Ayuntamiento.. Los espacios subterráneos se sumarían a una red de refugios climáticos integrada por 178 espacios interiores —entre bibliotecas, museos, centros cívicos y centros de mayores que ofrecen gratuitamente aire acondicionado y un lugar protegido durante las horas de mayor calor— y más de 400 espacios al aire libre, principalmente parques y jardines.. Adaptar Roma al calor es una necesidad cada vez más urgente, como señala Zanchini. Según los datos que maneja el Ayuntamiento, en los últimos cuatro años las temperaturas han subido casi dos grados respecto a la media del periodo 1990-2020 y, además, el número de ‘noches tropicales’, aquellas en las que el termómetro no baja de los 20 grados, se ha triplicado.. Este verano, Roma ha presentado su primer ‘Plan contra el Calor’, con una inversión de 50 millones de euros para los próximos cinco años. Incluye desde refugios climáticos, puntos gratuitos de agua potable y sesiones de cine gratuitas durante las horas más calurosas hasta intervenciones de mayor alcance para transformar el espacio urbano, con más sombra y vegetación y la eliminación de superficies asfaltadas para reducir la acumulación de calor.. Motivos para buscar refugio no faltan. Italia ha vivido un verano marcado por una sucesión casi ininterrumpida de olas de calor, con treguas cada vez más breves y termómetros que han rebasado los 40 grados en distintas zonas del país, sobre todo en el sur, como Sicilia, Calabria, Campania o Apulia. A comienzos de agosto, las 27 ciudades incluidas en el sistema nacional de vigilancia del calor del Ministerio de Sanidad llegaron a estar simultáneamente en alerta roja, el nivel máximo.. La idea de mirar al ‘mundo subterráneo’ de las ciudades surgió precisamente a nivel europeo, dentro del grupo de geología urbana de EuroGeoSurveys, que reúne a expertos de distintos países y que actualmente preside La Vigna. El objetivo es explorar cómo las características del subsuelo pueden contribuir a hacer frente al cambio climático y buscar soluciones comunes para urbes que afrontan desafíos similares.. Existen precedentes. Toronto y Montreal cuentan con redes de espacios subterráneos para protegerse de los gélidos inviernos canadienses, mientras Helsinki dispone incluso de un plan específico para ordenar los usos de su subsuelo. En el Mediterráneo, en cambio, el enemigo es cada vez más el calor. “La experiencia de Roma podría convertirse en un ejemplo de valorización, desde el punto de vista de la adaptación climática, de un patrimonio subterráneo que ya existe y que actualmente es en gran medida inaccesible”, afirma La Vigna.. Zanchini coincide en que el desafío trasciende las fronteras de Roma. La capital italiana mantiene intercambios sobre adaptación climática con Barcelona y Atenas y con otras grandes urbes a través de la red C40, que agrupa a un centenar de ciudades contra el cambio climático. “Nos enfrentamos a un desafío inédito, pero común a todas las ciudades del mundo”, señala. “Para nosotros es fundamental compartir ideas y proyectos, pero sobre todo aprender de las experiencias de los demás”.
