Los meteorólogos no daban crédito a lo que veían sus ojos: lluvias torrenciales sin una perturbación atmosférica como fuente de inestabilidad que las causara. No había detonante. No había dana. No había vaguada. No había un culpable. Y, sin embargo, visto desde el satélite, en el torbellino de nubes se estaba formando un monstruo: un sistema que se asemejaba a una tormenta tropical en ciernes. Para más pruebas, el radar mostró un viento que podía corresponder a un giro ciclónico cerca de la costa. Si se le hubiera enseñado a un experto en huracanes de EE UU, habría jurado que era un ciclón tropical. El problema es que no estaba gestándose en el mar Caribe, sino en el Mediterráneo, frente a las costas de Cataluña, a 7.000 kilómetros del lugar donde suelen ocurrir.. Seguir leyendo
Un estudio preliminar de la Aemet sobre lo ocurrido los días 3 y 4 en la costa catalana concluye que la temperatura del mar es tan alta que intentó generar este fenómeno sin necesidad de una dana
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Los meteorólogos no daban crédito a lo que veían sus ojos: lluvias torrenciales sin una perturbación atmosférica como fuente de inestabilidad que las causara. No había detonante. No había dana. No había vaguada. No había un culpable. Y, sin embargo, visto desde el satélite, en el torbellino de nubes se estaba formando un monstruo: un sistema que se asemejaba a una tormenta tropical en ciernes. Para más pruebas, el radar mostró un viento que podía corresponder a un giro ciclónico cerca de la costa. Si se le hubiera enseñado a un experto en huracanes de EE UU, habría jurado que era un ciclón tropical. El problema es que no estaba gestándose en el mar Caribe, sino en el Mediterráneo, frente a las costas de Cataluña, a 7.000 kilómetros del lugar donde suelen ocurrir.. Uno de los mayores expertos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en ciclones tropicales —término que engloba a depresiones tropicales, tormentas tropicales y huracanes dependiendo de sus vientos—, Juan Jesús González Alemán, acaba de publicar junto con Carlos Calvo-Sancho, del CSIC, un estudio preliminar sobre lo ocurrido hace poco más de dos semanas, el 3 y 4 de octubre. Se habló de minihuracán, de medicán, de sistema convectivo de mesoescala, pero este análisis prueba que fue algo mucho peor.. El Mediterráneo “intentó formar un ciclón por la vía típica de las regiones tropicales, la ciclogénesis tropical, alimentada exclusivamente por un mar con temperaturas de récord, algo inédito en la historia de la meteorología”, indica a este diario el doctor en Física e investigador en dinámica y modelización atmosférica en la Aemet. No se sabe a ciencia cierta si lo logró, un extremo que González Alemán va a investigar ahora y para lo que ha pedido ayuda al Centro Nacional de Huracanes de EE UU. De hecho, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU siguió en su día la evolución.. Ya sea el primer ciclón tropical europeo o el primer intento de serlo, este temporal es la prueba más palpable de un fenómeno que puede tener devastadoras consecuencias y del que los científicos llevan años alertando: la tropicalización del Mediterráneo. Ya no es que tenga características de un mar caribeño en cuanto a temperatura, “sino que se está empezando a comportar como tal”, explica González Alemán. Hasta ahora, aquí se han formado de manera ocasional ciclones con rasgos tropicales, llamados medicanes, a partir de una baja fría o de una perturbación en altura. “Ese empujón inicial desestabiliza la masa de aire y activa las tormentas”. Solo después el sistema aprovecha el calor del mar para adquirir un núcleo cálido y una simetría similar a la de los huracanes. En cambio, los huracanes que nacen en los trópicos lo hacen de un simple grupo de tormentas individuales tipo cumulonimbus. Si el mar está muy cálido, pueden volverse fuertes, organizarse a modo de ejército, empezar a girar y acabar formando un ciclón.. El mar como motor autónomo del tiempo. Lo sucedido rompe este esquema. “Hasta ahora, ante la típica pregunta veraniega de qué pasará en otoño si el Mediterráneo está caliente, el ámbito científico respondía que la temperatura del agua por sí sola no hace nada”, explica González Alemán. El mar actuaba como depósito de combustible y hacía falta una estructura atmosférica que prendiera la mecha. “Este dogma ya no vale. El Mediterráneo por sí mismo ya la puede liar, ya es capaz de generar fenómenos tropicales sin perturbaciones”, alerta el investigador. Es decir, que puede crear su propio tiempo. Y uno muy chungo, por cierto.. González Alemán explica que “esto hace 20 años no habría pasado” y que el factor determinante fue la anomalía térmica sin precedentes en el Mediterráneo a causa del cambio climático: el agua estaba entre 2,5° y 3,5° por encima de lo que debería donde se originaron los núcleos tormentosos más virulentos.. Para verificar esta tesis, los investigadores realizaron simulaciones numéricas de alta resolución. El experimento consistió en replicar la atmósfera del 3 de octubre modificando la temperatura del mar.Con la real, el modelo generó el gran sistema convectivo y un vórtice rotatorio que se extendía desde niveles medios a casi la superficie marina.Al enfriar digitalmente el mar entre 2,4 y 2,9°, devolviéndolo a los valores normales hace 20 años, desapareció. Solo había células aisladas e inofensivas.. Este experto investigará ahora si el ciclón llegó a consolidarse. Certificar el nacimiento de una estructura de este tipo requiere análisis profundos, pero las evidencias de que “el proceso estuvo en marcha” son incuestionables: los radares mostraron una circulación ciclónica de 30 a 50 kilómetros de diámetro rozando la costa catalana. Lo más inquietante es que pudo formarse no ya un ciclón en sus primeros estadios, sino un auténtico señor huracán. “La atmósfera y el mar tenían la capacidad teórica de generar un huracán de categoría 2 o 3 en la escala Saffir-Simpson”, asegura.. Imágenes de reflectividad (izquierda) y velocidad radial Doppler (derecha) del radar de Aemet en Barcelona, en las que se ve el intento de formación del ciclón.AEMET. ¿Por qué ocurrió? La respuesta, apunta González Alemán, puede estar en la geografía. “Al fenómeno le faltó mar”, concluye el investigador, que explica que el sistema se organizó muy cerca del litoral. Al desplazarse hacia el oeste de forma rápida, se topó con la costa catalana, lo que cortó su fuente de energía. Si se hubiera gestado más hacia el este o el sur, disponiendo de más kilómetros de agua cálida para avanzar y alimentarse, habría desarrollado un ojo ciclónico y hubiera tenido un impacto mucho más catastrófico.. Fuera lo que fuera, dejó lluvias excepcionales en cuestión de horas en Barcelona y Girona: 190,8 litros por metro cuadrado en Barcelona-El Raval, 226,6 en Cabrils y 248 en Granollers. Tal tromba de agua causó la muerte de tres personas en Barcelona y obligó a los bomberos a realizar 226 salvamentos, llevó a los ríos al límite y cortó los trenes de Rodalies, además de destrozar infraestructuras como cinco colegios. Muros de contención caídos, puentes dañados, árboles derribados, bajos anegados, 16.000 personas sin luz…. Un ciclón tropical, incluso en su fase inicial sin llegar a huracán, desarrolla dinámicas de precipitación mucho más eficaces que las borrascas tradicionales y puede causar “daños muy notorios”. Si el vórtice se hubiera cerrado del todo mar adentro antes de impactar, las lluvias podrían haber escalado a los 400 o 500 litros, estima González Alemán, a lo que se suma el peligro marítimo. Estos fenómenos provocan un fortísimo oleaje, con una sobreelevación local del nivel del mar parecida a la de las marejadas ciclónicas. El experto apunta a que los daños habrían emulado los del temporal Gloria, pero con un origen termodinámico completamente diferente.. La aparición de una ciclogénesis tropical en el sur de Europa “abre un interesante debate científico” y plantea enormes desafíos para los predictores del tiempo. Durante los días previos al temporal, la incertidumbre en las predicciones fue extrema, lo que se debe a que “los modelos usados en las latitudes medias europeas están preparados para simular borrascas y danas, no para ciclones tropicales”. El episodio de Cataluña no es un aviso teórico del cambio climático, sino la constatación de que el tiempo en España “ha entrado en un territorio completamente nuevo”. Hace siete años, este mismo investigador alertó en EL PAÍS de la posible llegada de huracanes descarriados a Europa, ahora es Europa la que puede acabar generándolos. “Puede pasar de aquí a unos meses, a unos años, tenemos la pistola cargada”, concluye el experto.
