Ana A. llegó al Hospital de La Paz para dar a luz el 23 de diciembre de 2021 feliz y confiada. “El nacimiento de mi primera hija había ido muy bien y el embarazo de Oliver había sido estupendo, así que estaba tranquila y con toda la ilusión del mundo”, recuerda. Solo 24 horas más tarde, sin embargo, el bebé permanecía en la UCI con gravísimas lesiones en las cervicales que han provocado que sufra tetraplejia y necesite un respirador para sobrevivir. Una cadena de errores del ginecólogo que atendió el parto, cuyo último eslabón fue un uso desmedido del fórceps, causó las secuelas. “Fue el fórceps más agresivo que he visto en mi vida”, resume Marta, una enfermera que presenció lo ocurrido (el nombre ha sido cambiado para proteger su privacidad).. Seguir leyendo
El testimonio de una enfermera ha sido clave para desvelar negligencias y el uso desmedido del instrumental en el Hospital de la Paz: “Fue el fórceps más agresivo que he visto en mi vida”
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Ana A. llegó al Hospital de La Paz para dar a luz el 23 de diciembre de 2021 feliz y confiada. “El nacimiento de mi primera hija había ido muy bien y el embarazo de Oliver había sido estupendo, así que estaba tranquila y con toda la ilusión del mundo”, recuerda. Solo 24 horas más tarde, sin embargo, el bebé permanecía en la UCI con gravísimas lesiones en las cervicales que han provocado que sufra tetraplejia y necesite un respirador para sobrevivir. Una cadena de errores del ginecólogo que atendió el parto, cuyo último eslabón fue un uso desmedido del fórceps, causó las secuelas. “Fue el fórceps más agresivo que he visto en mi vida”, resume Marta, una enfermera que presenció lo ocurrido (el nombre ha sido cambiado para proteger su privacidad).. El Juzgado de Primera Instancia 81 de Madrid ha condenado ahora al Servicio Madrileño de la Salud (SERMAS) a indemnizar a los padres de Oliver con 5,7 millones de euros (intereses de demora incluidos) por los errores cometidos en la asistencia médica. La familia no duda en calificar de “ángel” a Marta: “Llegó cuando más oscuro lo veíamos todo. El hospital rechazaba su responsabilidad y los médicos se protegían entre ellos. Ella nos contó lo ocurrido, nos dio esperanza y ha ayudado a que aflorara la verdad en el juicio”. El abogado Rafael Martín Bueno, especializado en negligencias en el parto, ha llevado el caso.. Oliver vive hoy en Toledo, adonde la familia se ha trasladado para estar cerca del Hospital Nacional de Parapléjicos. “Aquí va a terapias ambulatorias y luego vuelve a casa. Ya no tenemos que trasladarnos desde Madrid, con ingresos de varias semanas que hacían imposible mantener las rutinas familiares y estar con nuestra hija mayor el tiempo que necesita”, cuenta el padre, que prefiere no dar su nombre por cuestiones profesionales. Los contantes cuidados que requiere el niño han hecho que la madre haya renunciado a trabajar.. La sentencia, de 61 páginas, describe lo ocurrido en la Maternidad de La Paz y apunta a tres errores clave. El primero fue una falta grave de “previsión” al no contemplar los médicos el riesgo de complicaciones y la posible necesidad de trasladar a la madre desde la sala de dilatación a un paritorio. El segundo consistió en no realizar las pruebas que confirmaran las señales de sufrimiento fetal a pesar de que “hubo tiempo de sobra” para hacerlo, censura el fallo. El último, causante de las lesiones, fue la decisión de acometer un arriesgado “procedimiento de fórceps” en la misma sala de dilatación.. Oliver descansando en su cuna.Pablo Monge. Según el testimonio de la enfermera en el juicio, el médico “se puso nervioso y empezó a tirar de la cabeza del niño sin la necesaria coordinación con las contracciones”. “La fuerza que se hacía con el instrumental fue mucho más intensa” de lo recomendado y “parecía que el ginecólogo […] no supiese hacia dónde tenía que rotar; giraba en una dirección, giraba en otra, realizando una amplitud de rotación que no permite una cabeza”.. “Yo nunca había visto un fórceps con esa agresividad”, explica a EL PAÍS Marta, que tiene la especialidad de matrona. “Entonces le pedí al residente que nos acompañaba: ‘Por favor, avisa a [cuidados] intensivos para que vengan, que el niño va a necesitar una reanimación avanzada’. Cuando al final nació, el ginecólogo me lo dio a mí en lugar de ponerlo encima de la madre. No tenía tono, no tenía esfuerzo, tenía muy mal color”.. Mientras todo esto ocurría, la angustia de la familia crecía por momentos. “Yo estaba muy colaborativa y me esforcé por no ponerme nerviosa, pero veía que todo se estaba complicando y me asusté cuando noté que empezaba a utilizar los fórceps de aquella manera”, recuerda Ana. El padre se preocupó mucho cuando vio que “todo el personal se ponía muy nervioso, con algunos gritos y carreras”.. El fallo judicial concluye que existe una relación de causalidad entre el uso de los fórceps y las lesiones: “Es absolutamente contrario a la lex artis médica realizar giros a un lado y a otro, con fuerza excesiva, sin acompasarse a los pujos maternos y contracciones uterinas. Se debió abandonar el uso del fórceps y acometer el parto con cesárea”, se lee. El resultado fue una “lesión medular alta a nivel de cervicales por hemorragia, [que] conlleva la tetraparesia y la intubación permanente”, además de obligarle a ser “alimentado por sonda y [sufrir] graves afectaciones orgánicas y motoras”.. El abogado Rafael Martín Bueno.INMA FLORES. La estancia de Oliver en la unidad de cuidados intensivos marcó para los padres el inicio de una etapa de incertidumbre. “Vivíamos en el hospital asimilando lo que había pasado y sin saber qué pasaría. Fue muy complicado y nos preocupaba cómo esto afectaría a nuestra hija mayor”, recuerdan.. En esas primeras semanas, el ginecólogo visitó varias veces a Oliver y se disculpó con la familia. “Al principio lo agradecimos. Pero llegó un momento que empezó a no gustarnos. Llegaba y decía: ‘Mira el niño qué bien y qué guapo está’. Al final tuve que decirle: ‘¿Pero que me estás diciendo? ¿Cómo que el niño está muy bien? Pero si no puede respirar solo y no sabemos si saldrá adelante ni cómo vivirá’. A partir de ese día dejó de venir a la UCI», explica Ana.. A este episodio se sumó pronto una creciente frustración con los responsables del hospital: “No asumían ninguna responsabilidad. Decían que era algo que podía pasar, que era mala suerte. Que no había sido culpa del fórceps, sino de problemas de coagulación del niño. Tuvimos la inmensa suerte de que entonces apareció Marta”.. Fue una compañera la que conminó a la enfermera a acercarse a la familia. “Yo había seguido el caso desde el primer momento y lo había pensado muchas veces. Pero fue la charla con ella la que me llevó a dar el paso. Me parecía muy injusto por lo que estaba pasando la familia. Siempre piensas en que esto te puede traer complicaciones, pero al final es una cuestión moral. Sentí que tenía que hablar con ellos y ponerme a su disposición”, reflexiona.. Sobre lo ocurrido en la sala de dilatación, esta enfermera no considera que los nervios que observó en el médico se debieran a una falta de pericia o preparación: “Yo pienso que todo vino porque tomó una mala decisión inicial, quizá algo temeraria. Llegó un momento en el que se vio abocado a una situación en la que sintió que ya no tenía marcha atrás y decidió tirar adelante como fuera. De ahí su reacción”.. El abogado de la familia censura la respuesta del hospital. “El jefe de servicio ha defendido en el juicio que las lesiones tenían otras causas. Las hemos tenido que desmontar una a una, como recoge con claridad el juez en la sentencia. Ni siquiera íbamos contra el ginecólogo, solo pedíamos una responsabilidad civil a la aseguradora del SERMAS para que la familia pueda hacer frente a las complicaciones y gastos que Oliver necesita. Al final, con esta posición, los médicos y el hospital solo ayudan a las aseguradoras”, critica Martín Bueno. Un portavoz de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid respondió a este diario que “acata la sentencia”, pero declinó hacer más comentarios sobre el caso.. Oliver empezó en septiembre su segundo año de escolarización. “Va al colegio con un respirador portátil y siempre acompañado por una enfermera y un kit de emergencia. Al principio fue complicado, como lo han sido todos estos años para nosotros por muchísimas cosas. Pero le ha ido muy bien, hemos notado en él un gran cambio a mejor”, celebra la familia.. Como sucede con otros niños en su situación, siguen los padres, la entrada en nuevos espacios sociales no es sencilla: “Han pasado su vida entre hospitales y casa, solo conocen eso. Pero también son conscientes de todo lo que les rodea y los primeros días en la escuela no son fáciles. Tienen que aprender a descubrir el mundo y a relacionarse con los demás. No sabemos todavía si aprenderá a hablar, confiamos en que sí. Por ahora va con una tablet con un sistema de comunicación básico. Es complicado, pero también muy bonito de ver. Solo podemos decir que lo está haciendo muy muy bien”.
